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crónica desde israel

Los israelíes duermen bien por la noche

jueves 06 de marzo de 2008, 17:21h
Tampoco es tan extraño si se tiene en cuenta que aquí si no es Gaza, es Ajmadineyad o Hezbollá que amenaza por quinquagésima vez con acabar con Israel. Muchos afirman no ver las noticias porque “les deprimen”. En Jerusalén, donde la tensión se hace más patente que en otras lugares del país por su cercanía con Cisjordania y porque la ciudad está separada en dos partes, la zona árabe (el este) y la zona judía (al oeste), que nunca se mezclan, los israelíes también hacen todo lo posible por dar una sensación de normalidad a su vida. Aunque eso sí, sin cruzar al lado este de la ciudad.

“No podemos estar todo el día pensando en lo que pasa aquí” dice Adam, un estudiante de la Universidad Hebrea, “durante la segunda intifada, cuando Jerusalén explotaba un día sí y otro también la gente al final decidió seguir saliendo y haciendo su vida normal después de varios atentados terroristas. Es que si no no vives, no puedes pasarte el día hablando de esto, te vuelves loco”. Sobre todo en Tel Aviv, la sensación de “normalidad” es todavía mayor que en Jerusalén, que se hace mucho más pesada también por el ambiente religioso de tres credos diferentes en constante roce.

En Tel Aviv, con su playa y su cultura de bares y cafés que no cierran hasta la madrugada, uno tiene la sensación de que ya no está en Oriente Próximo y ha pasado, salvando las diferencias, a alguna ciudad costera del Levante español. Aquí la burbuja es enorme. Ni rastro de ningún conflicto. También se puede achacar a la lejanía con cualquier punto caliente en el país. Hay que tener en cuenta que en Israel, que mide más o menos lo mismo que la comunidad valenciana, las distancias son mentales más que físicas, porque Tel Aviv está a tan sólo cuarenta y cinco minutos de Jerusalén. En Madrid, estos son los suburbios, pero aquí cuarenta y cinco minutos son una realidad lejana.

Además si se es extranjero, sobre todo europeo, los israelíes se muestran más reticentes a la hora de hablar sobre el conflicto. Ser europeo, a los ojos de muchos, significa no tener ni idea de lo que realmente pasa en su país. “¿Por qué Europa tiene que meter sus narices donde no la llaman? En Europa no les gusta Israel porque está llena de antisemitas”, son dos cosas que se pueden escuchar a veces si uno trata de iniciar una conversación sobre el conflicto.

En ocasiones la burbuja revienta y lo hace de un modo doloroso, como en Sderot y Ashkelon, las ciudades más perjudicadas por los cohetes Qasam que lanza Hamás desde Gaza, por su cercanía con la Franja. O cuando estalló la segunda intifada en el año 2000 y los atentados terroristas se convirtieron en cotidianos. A veces la realidad del conflicto se salta los márgenes palestinos y salpica a los israelíes. Pero tampoco sería justo decir que todos los ciudadanos del país intentan vivir de espaldas a lo que les toca tan de cerca. También hay bastantes ciudadanos que se comprometen con la situación de un modo u otro, ya sea ayudando a los ciudadanos de Sderot o participando en actividades para fomentar el diálogo entre palestinos e israelíes.
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