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Mutilación genital femenina (FGM)

Laila Escartín Hamarinen
jueves 11 de marzo de 2010, 22:00h
¿Cuántos de ustedes conocen este término? ¿Cuántos de ustedes han pensado en ello más de una vez en su vida? También lo llaman ‘circuncisión femenina’, ‘circuncisión faraónica’, ‘ablación’, ‘infibulación’ o ‘corte genital femenino’; pero el nombre más honesto es Mutilación Genital Femenina, o como lo llaman en inglés: FGM (en castellano MGF).

Esta aberrante práctica, en la que partes o la totalidad de los genitales femeninos externos (clítoris, labios mayores y menores) se amputan –siempre durante la infancia o la adolescencia – tiene como finalidades: impedir que la futura mujer sienta placer sexual y se evite así un comportamiento promiscuo; y que llegue virgen al matrimonio; en los países donde la mutilación genital femenina es común, las mujeres que no se han sometido a ella suelen ser rechazadas por los hombres. La convicción en estas culturas es que esa cosa que tiene la niña entre las piernas es sucia e impura, hay que acabar con ella; las mutilan por su bien.

La MGF se inició al parecer en el Egipto Faraónico, desde donde se extendió por los países adyacentes (hoy día Sudán, Djibouti, Eritrea, Somalia, Etiopía) y de ahí viajó hacia el oeste echando raíces también en los países centroafricanos. A día de hoy, se practica este terrible crimen además, en algunos países árabes, en Indonesia y a raíz de las migraciones de africanos, también en Europa, Australia, Nueva Zelanda, Canadá y los EE.UU. Puntualmente se practica la MGF en algunas tribus indias en Sudamérica.

Pero hubo un tiempo en que la MGF se practicaba en la Europa blanca; en la Edad Media era bastante común, y todavía en la Inglaterra victoriana se realizaba la mutilación de los genitales a mujeres declaradas desviadas sexuales o enfermas mentales: un castigo y un método de cura bastante drásticos, ¿no creen?

Esta horrible mutilación no pertenece a mi realidad cotidiana, ni a mi cultura, no conozco personalmente a ninguna mujer que la haya sufrido, y por ello nunca había pensado mucho en el tema. Pero vi ayer una preciosa, conmovedora y chocante película dirigida por la directora alemana Sherry Horman, ‘Flor del desierto’, que se basa en el libro homónimo escrito por Waris Dirie en colaboración con Cathleen Miller, en el que cuenta la historia de su vida. Waris Dirie nació en el desierto somalí, hija de nómadas. Fue mutilada a los cinco años sin anestesia con una hoja de afeitar, y no murió de milagro por infección. Tras muchas vicisitudes, Waris llegó a ser una de las top models más famosas del mundo.

Waris Dirie hizo pública su mutilación, y comenzó a luchar para que Occidente se hiciera consciente de la tortura a la que son sometidas muchas mujeres africanas (www.waris-dirie-foundation.com). No es una cuestión de religión realmente, porque la costumbre de la MGF es anterior a las religiones monoteístas.

Al parecer todos los días se mutilan entre 6000 y 8000 niñas en el mundo. Según datos de la OMS, 150 millones de mujeres están afectadas por la mutilación de sus genitales, y 500.000 niñas están en peligro en este preciso instante.

El mundo occidental se horroriza cuando oye hablar de la Mutilación Genital Femenina, pero por otra parte, los gobiernos no se esfuerzan en erradicarla, quizás porque no afecta a sus ciudadanas, sino a las africanas, y las africanas quedan muy lejos –a pesar de que hay más africanas viviendo en Occidente que nunca –. Sin embargo, si Occidente se jacta de defender los derechos humanos en el mundo, ¿cómo es que se mantiene pasivo ante esta violación aberrante de la integridad física y psíquica de la mujer?

Yo he tenido la inmensa fortuna de nacer en un lugar –y en un tiempo – en el que no corría el peligro de sufrir este horrible destino, pero aún así, los gritos de dolor de las 6000 niñas, que son destruidas tan atrozmente todos los días, llegan a mis oídos y me atraviesan el corazón como mil dagas afiladísimas.

Aunque a nosotras, las mujeres blancas, no nos amenace esta atrocidad, debemos reaccionar ante la tragedia que acaece a nuestras hermanas africanas. Este repugnante y patriarcal crimen contra las mujeres nos hace daño a todos por igual: blancos, negros, amarillos, hombres y mujeres. Y la buena noticia es que con nuestra actitud podemos hacer algo para acabar con ello.
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