Último anexo novelado Beigbederiano
Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 12 de marzo de 2010, 21:59h
1. 9. Churchill, agradecido por la lealtad de Beigbéder, volvió a meter en la cama del ex-Ministro cabreado nuevas amantes del servicio de espionaje inglés. Necesitaba que Beigbéder reuniese a los generales anglófilos que pudiesen hacer frente a una temida invasión nazi de la Península. Y Beigbéder, tras salir del ministerio, no paraba de conspirar contra Franco, a cuyo favor tan fervorosamente se había expresado en los primeros meses de la paz. Beigbéder había diseñado en octubre de 1940 un plan contra la posible agresión germana: alzamiento de Marruecos, Andalucía y los archipiélagos, y proclamación de la monarquía desde la isla de Madeira.
1. 10. Durante esta ya larga etapa franquista el general Beigbéder, a pesar de haber sido un año Ministro de Asuntos Exteriores – el segundo Ministro de Franco en ese cargo – y un buen franquista como la carta, citada el otro sábado, contra Queipo sugiere, cayó en desgracia por haber defendido valientemente y demasiado pronto la causa de Don Juan contra Franco, y fue relegado a Washington como asesor militar. En agosto de 1943 Beigbeder conspiraba en USA en pro de la restauración. A su entender, si Don Juan rompiera pública y activamente con “Franco, el usurpador, en quince días arrastra a los Estados Unidos, y con ellos a todo el continente americano”. En cambio, si no obraba con rapidez – le habrían comentado sus contactos norteamericanos – “pueden ustedes despedirse de la monarquía; porque después de la caída de Franco vendría fatalmente la república”. Así lo expuso a lo generales, a su vuelta a España. Había evolucionado mucho desde 1939, cuando aconsejaba al Caudillo emplearse a fondo contra sus enemigos, empezando por Queipo de Llano. Pretendió sin éxito incorporar España a la Liga Árabe en su lucha a muerte contra el naciente Estado judío, cosa que acercó a España las simpatías árabes, y malquistó al franquismo con las autoridades judías. Pero gracias a Beigbéder España pudo romper un poco el bloqueo asfixiante al que quedó sometida después de la Segunda Guerra Mundial al empezar a tener relaciones diplomáticas con los estados árabes. Ahora bien, perfecto conocedor de todas las conspiraciones republicanas y monárquicas que contra el nuevo Régimen estaba metido Beigbeder, que comenzaba con tanta mujer a estar un poco desequilibrado, Franco optó en 1946 por llamarle al Pardo. No podía degradarle, ni mucho menos meterle en la cárcel. Al fin y al cabo, y tal como hemos demostrado aquí estos tres últimos sábados, fue uno de los pilares fundamentales del éxito del Alzamiento militar gracias a sus buenas relaciones con los musulmanes marroquíes y la Alemania nazi, así como por su comportamiento heroico en los primeros días del Alzamiento. Así que el Caudillo optó por retirarle de los resortes más directos del poder de un modo principesco, agasajador y casi dulce:
- Mira, Juan Luis, te he mandado llamar no para decirte que te voy a exiliar por todas las insidias antiespañolas en que estás metido, amén de la traición contra mí, a pesar de que sabes que siempre te he estimado mucho, sino para notificarte – a la postre no cabe duda de que te encuentras entre los héroes de nuestro glorioso Alzamiento Nacional – que te he ascendido a General de División en el Estado Mayor, en donde no podrás hacerme más daño, camarada. Tu sueldo vitalicio de general y tres medallas pensionadas espero que sean suficientes para que puedas continuar tu vida de perdido. No tengo más que decirte, Juan Luis. Puedes retirarte. Muy buenos días.
1. 11. En 1948 Beigbeder volvió a ser llamado como asesor de Franco en una empresa internacional que el Caudillo deseaba anhelosamente ver cumplida. En sus esfuerzos por acabar con el aislamiento que sufría, Franco contaba con el apoyo de la Liga Árabe. Y la cada vez más complicada cuestión del Oriente Próximo se convierte por ello en asunto prioritario, a través del cual la España franquista tenía fundadas esperanzas en derribar los últimos reparos de la sociedad internacional respecto a su régimen. Desde Madrid se llega a proponer un plan de paz que pasa por internacionalizar Jerusalén a partir de los derechos honorarios de la monarquía española sobre Tierra Santa. La iniciativa, presentada a través del Vaticano ( octubre de 1948 ) y de los países árabes, también perseguía la mejora de las relaciones con Israel para poder contar con un nuevo valedor internacional, encarnado en la persona de David Ben Gurión. Pero los nuevos amos del mundo no permitieron que España brillara a través de ese plan de paz, aún a costa del envenenamiento de la situación.
1. 12. Hasta el final de su vida Beigbeder fue discretamente, pero también estrechamente, vigilado por las fuerzas de seguridad del Estado. Su amistad con los estados árabes fue vitalicia.
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Doctor en Filología Clásica
MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín
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