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Rajoy o Esperanza Aguirre

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 14 de marzo de 2010, 17:12h
Mariano Rajoy se levanta cada mañana inquieto por conocer las últimas ocurrencias de Esperanza Aguirre. Porque cada vez que la presidenta de Madrid abre la boca, el líder del PP se pone a temblar. Más, incluso, que Zapatero que tampoco encaja bien los improperios que le suele dirigir la política madrileña.

Hay que reconocer, que en las últimas semanas, Esperanza Aguirre ha estado inspirada. Cuando el Parlamento Catalán debatía la prohibición de las corridas de toros, cuando el tripartito en pleno se volcaba en erradicar de Cataluña la fiesta nacional por el mero hecho de ser una tradición española, Aguirre, torera, torera, aprobaba un real decreto proclamando la fiesta como Bien de Interés Cultural. El golpe de efecto fue rotundo. Los defensores de la fiesta y la mayoría de los españoles, taurinos o no, aplaudieron el rejonazo político de Aguirre. Y, seguro, que con esta decisión, el PP de Madrid se embolsó un buen puñado de votos.

Esta semana, Esperanza Aguirre puso de nuevo en un brete a Rajoy y a Zapatero al declarar una rebelión contra la subida del IVA. Guasona ella, no quiso desvelar al principio el sentido de la rebelión y cuando el Gobierno se puso serio y cejijunto al hablar de “insumisión”, Aguirre se mofó a gusto al aclarar que se trataba de una simple campaña de información y de recogida de firmas ante el gravísimo error de esta medida económica.

Es verdad, que Rajoy ya había explicado que la tal subida del IVA era una chapuza que perjudicaría el consumo y que la receta de su partido para afrontar la crisis consiste en reducir el déficit, la reestructuración del sistema financiero, la reforma del mercado laboral y, desde luego, bajar los impuestos. Todos los expertos económicos, a derecha o izquierda, coinciden en que ésta del PP es la mejor fórmula para sacar a España del agujero negro en el que nos encontramos. Pero, entretanto, el Gobierno en pleno y la opinión pública en general discutían sobre si la “rebelión” de Aguirre era o no aceptable. El mensaje políticamente incorrecto de la presidenta de Madrid se convirtió en el debate nacional de estos días y centró el último enfrentamiento entre el Gobierno y el PP, que en este caso, y en otros muchos, es el enfrentamiento entre Zapatero y Aguirre, como si la presidenta de Madrid fuera la líder de la Oposición.

Mariano Rajoy debería aprender del inteligente reparto de papeles de Felipe González y Alfonso Guerra en sus tiempos al frente del PSOE. Uno, aparentaba ser un hombre de Estado, moderado, tranquilo, sonriente, simpático; el otro, jugaba a ser el martillo pilón de la derecha, faltón, insultón, lenguaraz, siempre con cara de estar cabreado. Cada uno se dirigía a una parte de la sociedad española, del electorado. Así, arrollaron en las urnas y el tándem funcionó a la perfección hasta que la corrupción lo rompió.

Mariano Rajoy ha demostrado ser un brillante parlamentario. Sus declaraciones, discursos y planteamientos políticos suelen estar llenos de sentido común y de sentido de Estado. Pero parece como si lo dijera con la boca pequeña, pidiendo perdón, con timidez, casi sin convicción. En fin, un poco melifluo. Esperanza Aguirre, torera, torera, no tiene pelos en la lengua. Alguna vez se pasa de largo, se le calienta la boca. Pero su imagen política, valiente y decidida, cada día gana más adeptos o, lo que es lo mismo, más votos.

Rajoy sabe que gobernar España requiere de buenas ideas y buenos equipos y, seguramente, en el PP encuentre esas ideas y cuente con esos equipos. Pero parece olvidar que para gobernar hay que ganar unas elecciones. Y con Soraya y Cospedal al frente de la manifestación le va a costar contrarrestar las maniobras, casi siempre sucias, de Pepiño Blanco, el Guerra de Zapatero. Que le deje a Esperanza Aguirre llevar la pancarta.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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