El anonimato y la gloria
Enrique Aguilar
x
enrique_aguilarucaeduar/15/15/19/23
jueves 06 de marzo de 2008, 22:23h
Decía Balzac que la gloria es un triste comestible que se paga caro y no se conserva. Lo decía en una época víctima (como lo son casi todas) del excesivo afán de gloria y poder que había llevado con antelación a algunos pensadores a saludar la llegada de una "pasión compensadora" (en la expresión de Albert Hirschman) que algunos identificaron con el comercio y sus consecuencias civilizadoras.
Pero a veces la gloria también inmortaliza, sobre todo cuando se la encuentra sin perseguirla. Quiero decir, cuando se la alcanza como John Stuart Mill decía que debía alcanzarse la felicidad, esto es, no haciendo de ella una meta directa sino un efecto secundario y fortuito de la búsqueda de un ideal que nos trascienda, principalmente, para Mill, "the good of others", "the improvement of mankind".
En el ámbito político, es infrecuente ver hoy figuras lanzadas a tamaña proeza. La mejora de la humanidad no parece estar en la agenda de nadie. Tampoco se ven grandes estadistas ni mucho menos padres fundadores, mujeres u hombres capaces de dar vuelta la página y señalar un nuevo rumbo. Quizá sea mejor así. Después de todo, la búsqueda de salvadores con minúscula también ha traído sus desgracias. Sobre todo en pueblos faltos de cultura institucional, donde el peso de los personalismos y de la decisión unilateral puede más que el gobierno de la ley y el derecho al disenso.
Y, por otro lado, están los otros, los millones de héroes anónimos que, a diario, cumplen responsablemente con su labor, se entregan a una causa justa y hasta velan por su prójimo. Son la sal de tierra y, por lo mismo, su mayor esperanza. Aunque no los mueva la gloria.
|
Politólogo
ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina
|
enrique_aguilarucaeduar/15/15/19/23
|