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reseña

Beatriz Martínez de Murguía: La vida a oscuras. El gueto de Varsovia, 1940-1943

sábado 20 de marzo de 2010, 01:29h
Beatriz Martínez de Murguía: La vida a oscuras. El gueto de Varsovia, 1940-1943. Sefarad Editores. Madrid, 2009. 360 páginas. 22 €
El exterminio de los judíos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial es un tema extensamente tratado por historiadores y ensayistas varios. En esta ocasión, Beatriz Martínez de Murguía aborda la situación que vivieron quienes tuvieron la desdicha de vivir –y morir– en el gueto de Varsovia con una realismo tan crudo que a nadie dejará indiferente. La autora se ha documentado extensamente, contando además con impagables testimonios de supervivientes que relatan de manera vívida y descarnada situaciones que reflejan hasta qué punto puede llegar la desesperación humana.

La obra comienza con el desconcierto inicial de una comunidad, la judía, que veía en la invasión alemana de Polonia cómo algo mucho más terrible de lo que podían siquiera imaginar empezaba a cernirse sobre ellos. Palizas, vejaciones de todo tipo e incluso asesinatos en plena vía pública se narran con todo detalle, extraídos de los testimonios de quienes vivieron aquel horror en primera persona. A medida que el lector va avanzando en el libro, le parece mentira que pueda descubrir algo peor de lo que acaba de leer, pero siempre la página siguiente revela que, en ocasiones, la atrocidad no tiene límites.

Con una estructura cronológica, que abarca hasta el desmantelamiento del gueto en 1944 y la deportación de los supervivientes a campos de exterminio, la obra nos permite ver el modo en que se fue hacinando a más de 300.000 personas en un espacio sumamente reducido y sin apenas nada para hacer frente a las necesidades más básicas. Se hacía mermelada con serrín, miel sintética; y a medida que los alemanes fueron endureciendo –si cabe– las condiciones de aquella tortura, quienes aún seguían con vida tenían que ver a diario cómo los cadáveres de los que morían de hambre, frío o desesperación se amontonaban en las calles sin nadie que los recogiese. Una narración, en suma, tremendamente dura, pero necesaria para calibrar hasta dónde puede llegar la miseria humana y evitar que algo así vuelva a repetirse.

Por Antonio Hualde
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