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Negativas constantes al uso del vídeo

El fútbol huye de la tecnología

sábado 20 de marzo de 2010, 09:06h
Muchos se preguntan qué sería del fútbol si no existiera una polémica arbitral de la que hablar cada lunes después de cada partido del equipo local. Han sido varias las soluciones que se han planteado a lo largo de los años, como aumentar el número de árbitros o aplicar ciertas tecnologías al mundo del balompié. Pero los señores que rigen las instituciones piensan que esa tecnología “perjudica la esencia del fútbol”.
Hace unas semanas se reunió en Zúrich el Comité Internacional de Asociaciones de Fútbol (IFAB), organismo encargado de estudiar los cambios en el reglamento. En dicha reunión se tomó en consideración aplicar el uso de ciertas tecnologías como el chip, el ojo de halcón o el vídeo para evitar decisiones erróneas de los colegiados durante los partidos.

Al finalizar las reuniones, el secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, se mostró tajante respecto al tema: “Se ha tomado la decisión de no recurrir a la tecnología”. E insistió con rotundidad que “es el fin del uso potencial de la tecnología en el fútbol”.

El propio presidente de la UEFA, Michel Platini, ya mostró su posición a favor de esa postura en enero en una entrevista concedida a France Football –con la polémica sobre la mano de Henry en el Francia-Irlanda clasificatorio para el Mundial aún reciente-. “Tenemos que proteger el fútbol, y no creo que las nuevas tecnologías tengan nada que ver con este deporte”. Y añadió que “para ser popular debería decir que sí estoy a favor del vídeo, pero no creo en él, mataría el fútbol”.

Más allá de las declaraciones de los dirigentes del fútbol mundial, lo cierto es que el uso de las nuevas tecnologías en otros deportes está resultando todo un éxito. Con la aplicación del ojo de halcón en el tenis o la posibilidad de que el árbitro revise una jugada polémica mediante el vídeo en el fútbol americano, el debate en esos deportes se ha centrado en lo estrictamente deportivo y no en las decisiones de los árbitros, tristemente protagonistas en la mayoría de las discusiones balompédicas.

El ojo de halcón, por ejemplo, se viene usando de manera oficial desde 2006 (Abierto de Nasdaq -100). El US Open de ese año fue el primer torneo en el que los jugadores podían desafiar las decisiones arbitrales. Para ello cuentan con un número limitado de peticiones. Si se equivocan se les resta una y si aciertan se mantienen con las mismas. El sistema se basa en una serie de cámaras que triangulan la posición de la bola mediante su velocidad, con un nivel de acierto del 99 por ciento.

En el caso del fútbol americano, el entrenador también dispone de la posibilidad de pedir al árbitro que revise mediante vídeo una jugada que considere que se ha juzgado de manera errónea. En ese momento el árbitro principal para el partido y se retira a una pequeña cabina que hay en la banda, totalmente aislada de los miles de espectadores que abarrotan los estadios americanos, para ver las repeticiones en vídeo de la jugada. Luego sale, se acerca al campo, y gracias a que los micrófonos que usa para comunicarse con el resto de jueces están conectados a la megafonía del estadio y a la televisión, anuncia su decisión.

Estos casos son dos ejemplos simples que muestran como la tecnología no “mata” ningún deporte sino que revaloriza su propia esencia. Es decir, aleja a los árbitros y a las posibles injusticias del debate para que éste se centre en lo bien o mal que actuó cada jugador. Así pues, gracias al empecinamiento de los dirigentes actuales del fútbol, quedan muchos años en los que las manos, goles fantasmas o penaltis no pitados sigan alimentando portadas, “villaratos” y demás teorías conspiratorias.
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