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Fallas: pólvora mojada

domingo 21 de marzo de 2010, 21:01h
O al menos humedecida por un agua mestizada con la casta natural de los toros bravos a lo largo de los últimos, muchos años, en aras de hacer un animal más “embestidor” pero casi domesticado.

La agresividad es consustancial en un animal que se le tiene por fiero. A partir de ahí la destreza del hombre para reducirle mediante la lidia provocando la emoción de la fuerza, que de paso a la emoción sutil del arte de torear. Pero sin la primera la segunda es un remedo, puede ser un deleite más o menos melifluo según la capacidad de cada espectador para asimilar un ballet bellamente sincronizado.

Toros bravos, esta feria han salido muy pocos. Corridas casi completas en clase y casta, ninguna. Y por si fuera poco la presentación de los encierros, en general no ha correspondido a la categoría de la plaza de Valencia y menos a una feria de su importancia como Fallas.

Las pólvora de la casta y la bravura mojadas por lo que llaman los taurinos calidad, que es un eufemismo para maquillar el oscuro objeto de deseo de “disneylandizar” La Fiesta, ahora que tanto se reivindica su hecho artístico y cultural, le quita pasión y le desnuda de cualquier mérito además de propiciar el aburrimiento del público Se olvidan de la emoción, de la sensación de riesgo Aunque esté está siempre presente, tiene que aflorar. Lo de la mujer de César…parecerlo.

Sí, en el país de los ciegos…, han destacado los encierros de Valdefresno y Fuente Ymbro, ambos de teloneros de la “fiesta” de Ponce alrededor de la cual se programó todo el serial con objetivos no cumplidos.

Pero este espectáculo es así de complicado y a veces bien definido por los dichos “cuando hay toros no hay toreros y cuando hay toreros no hay toros”. Juan Bautista se dejó ir dos de la vacada salmantina a pesar de la oreja que cortó. Uno importante cuajó el novel Tendero que Acabó En la enfermería y con los malos se presentó en España el mexicano Arturo Macías que se dejó la piel, cornada incluida, para poder empezar su campaña hispana con una oreja.

Antes se había lidiado un encierro de Adolfo Martín con más genio que casta pero que de ser leído por la terna hubiera servido a partir de la emoción, pero Califa no justificó un puesto por mucho que sea paisano del Presidente de la Diputación, Moreno se entregó, con no mucha cabeza, y Calvo toreó pero no mató. Así no se sale del hoyo.

La de Capea del domingo, embarcada de forma precipitada para sustituir a La Palmosilla tuvo en su debilidad de fuerzas y en el maltrato de Jesulín y, en parte, El Cordobés su hadicap, solo salvado por un Fandi –espectáculo puro- que abrió la Puerta Grande.

El mejor toro salió el lunes dentro de un lote bien presentado y de juego equilibrado de Fuente Ymbro. Fue el primero. También el cuarto tuvo motor. El lote de César Jiménez, que al tran tran cortó una oreja a cada uno que le valió un triunfo para la publicidad, pero insuficiente para el despegue que le vuelva a los sitios de privilegio de antaño. Tejela en su línea, ni bien ni mal con el lote más áspero. Bolívar, quiere estar, pero se le espera poco, ni él acude siempre.

Y, se bajó el telón. A partir del martes las Fallas del “año Ponce”, que a la postre han sido las de El Juli.

La conmemoración del XX aniversario de la alternativa del maestro valenciano vino lastrada por la elección de un encierro que en general nunca debió pasar el fielato veterinario en Valencia. Y en el pecado, la penitencia. Tan solo una oreja en su segundo para el homenajeado y un trago amargo con el quinto, donde al fin y a la postre, no hay mal que…., sirvió para demostrar que con toros muy malos sólo él, y muy pocos tiran de argumentos y vergüenza torera parra jugársela como novillero al cabo de tanto tiempo y sin tener, ya, nada que demostrar.

El Juli, cierto es que con toritos más asequibles, estuvo impresionante con el capote, la muleta y la espada. De las mejores tardes que se le recuerdan. Cortó cuatro orejas y se hizo con la feria además de reventar los fastos en honor del maestro. Fue la única tarde en que se acabó el papel.

Aguada la fiesta valenciana el encierro de Alcurrucén fue de lo más serio junto con el de Jandilla del sábado. Con los toros de los Hnos. Lozano se certificó que El Cid, con el lote más templado de un encierro pidiendo papeles pero agradecido a quien los mostraba, ha entrado en un ciclo recesivo. Luque se arrimó hasta la cogida y empezaba a emerger un nuevo valor, que aunque bastante contrastado necesitaba de un escaparate así para reivindicarse como alternativa de futuro y evidenciar progresos: Rubén Pinar. Cortó una oreja. Tras Juli y Castella conforma el podio de esta feria. La corrida de Borja Domecq, aunque desigualota tuvo seriedad y mala suerte. Al gran 4º y templado 3º, la casta del 2º le hizo complicado, la bravura del 1º se la hurtaron en el caballo y hasta los “malos” 5º y 6º pudieron, de no ser por el Presidente, propiciar la Puerta Grande a El Fandi, se le pidió la segunda con fuerza, y Pinar al que le robó la que le hacía redondear la tarde.

Ni los encierros de Juan Pedro, una ruina de toro artista para tres artistas con la inspiración de vacaciones (Aparicio, Cayetano) y un Morante de más a menos según toro bueno, toro malo, ni el de Nuñez de Cuvillo, sin volumen ni cuajo, salvo por delante, con pitones agresivos, tuvieron la entidad que exige una feria como Fallas. Ponce cortó su oreja. Castella, segundo en discordia en el escalafón de brillantez de esta edición, se fue de vacío por culpa del presidente y de su espada. Manzanares cumplió con facilidad, cosa que no llega a los tendidos.

Y ayer con la ciudad de paisano, sin fallas ni pólvora, la corrido hizo el ruido que puede hacer un evento popurrí con siete toros de distintas ganaderías y siete toreros en algo, para cerrar el “Año Ponce”, que se vendió como un homenaje de sus compañeros al maestro. Hubo, lógico, de todo como en botica.

Mal empezó la cosa con el primer toro de Juan Pedro devuelto. El torero es el único hombre que tropieza mil veces en la misma piedra, Otro de Juan Pedro como sobrero. Flojo pero viniéndose. Ponce:oreja de homenaje.

Morante se meció con el de Cuvillo, jabonero, que se quería rajar y Morante se gustó, cortó la oreja. Juli hizo un monumento del toreo al natural. Series ligadas de siete y ocho muletazos rematadas impecablemente. Seis, en la feria. ¡Hay quien dé más!. De Manolo González fue el toro de El Fandi, no sirvió y el granadino dio espectáculo en banderillas y se justificó con la muleta.

Y Castella. Ejemplar de Victoriano del Río para la ocasión. Bueno. Desplazándose por lo dos. Castella empezó pidiéndole mucho, llevándole muy por abajo y hasta el final. Luego se enroscó sucesivamente el toro a la cintura, aprovechando el viaje más cortito para exprimirle con limpieza y dotes de prestidigitación. Dos orejas. Pedían más. Su primera PG en Valencia en su carrera.

El Garcigrande de Manzanares fue manso y bronco de salida. Genio y mal estilo.Importante labor, sorda, de Manzanares de valor seco, decisión y técnica. Lo mató fácil y eficaz.

Toro de Capea para cerrar plaza. Turno par Cayetano, dispuesto pero luz de gas.

El mejor homenaje, y en Valencia saben de ello, es que la pólvora sea en estado puro. Si se moja, los aditivos y combustibles de aliño para que arda son, sencillamente, una manipulación que degrada la categoría de un homenaje a la anécdota de montaje chauvinista.
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