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Cataluña en Madrid

Juan José Solozábal
jueves 25 de marzo de 2010, 20:03h
Acudo encantado, invitado por Isidre Molas, con Enric Juliana y la directora de la publicación, a la presentación de una revista federalista catalana. Reitero, una vez más, que la reflexión federal es la aportación catalana a entender la realidad verdadera de España. Por eso me parece oportuno saludar En construcción que testimoniará la importancia de España para Cataluña, dando cuerpo, entonces, a la idea española de Cataluña.

Me parece significativo que la presentación a la que asistimos se haga en Madrid. Recuerdo que Madrid ha sido la capital de la España federal. Yo he vivido algún tiempo en un barrio federal. Al lado de la Estación del Norte hay una calle que es la de Eduardo Benot, que fue un ingeniero y gramático gaditano que redactó la Constitución federal de 1873. La calle Benot está al lado de la calle Figueras, presidente de la Primera República y que dimitió, cuenta Pla, tras dar un golpetazo en la mesa al tiempo de proferir un expresivo “¡Estoy hasta los c… de todos nosotros!”.

Isidre Molas en su intervención señala que el federalismo remite antes que nada a una sensibilidad cultural, a lo que podríamos llamar un modo liberal de entender el pluralismo, y desde ese punto de vista trasciende los planteamiento políticos o ideológicos convencionales. Inmediatamente pienso en Azorín que tanto estimaba a Pi i Margall, a quien consideraba “uno de los intelectos más límpidos, coherentes y lógicos de la España contemporánea”. Azorín vivía muy cerca de donde nos encontramos, en la calle Zorrilla, justo pasado el Congreso.

Pienso, mientras hablo, que quizás no somos justos con Cataluña desde el resto de España. O quizás no sabemos expresar bien nuestros afectos. Somos adustos.

(Busco la palabra en el diccionario Casares que es el que suelo utilizar: serio, desabrido). Desde luego lo somos los castellanos y los vascos. No diría lo mismo de los andaluces, que son un pueblo muy ligado y entendido por los catalanes. Cuando llego a Barcelona, al Prat, cojo un coche. Siempre me recibe un taxista de Jaén, que me da una lección, práctica, del bilingüismo, para mí gozoso, de Cataluña.

Pero no me imagino este País sin ellos. Ayer de vuelta desde Madrid hacia la provincia, donde vivo, paré un momento muy cerca de la calle en que residí nada más llegar a la capital, antes de hacerlo en el barrio federal del que hablaba al principio: Martín de los Heros, un liberal vizcaíno de las Encartaciones de los años 30 del siglo XIX. Se trata de una librería en la esquina de Ferraz y la calle San Miguel. De la calle Ferraz no tengo nada mas que decir, ya se sabe lo que hay “en Ferraz” ; en la calle San Miguel, me parece recordar, vivieron los Baroja, y Carmen Baroja cuenta en un libro delicioso, las lecturas literarias que se celebraban en su casa, los domingos, con Valle, Azorín , creo que el propio Azaña, y otros, a las que asistía asombrado Julio Caro, el hijo de Carmen y sobrino de don Pío.

En el establecimiento en que milagrosamente se puede adquirir en Madrid el TLS (The Times Literary Supplement) compré dos libros de autores catalanes, de la Cataluña viva o real. Uno de Francisco Rico que no tenía, Figuras con paisaje, y una novedad de Jordi Gracia, A la intemperie , sobre la cultura del exilio.

Seguro que la revista que presentamos mostrará la mirada catalana hacia España que hemos sentido tantas veces. Hace poco en un recuadro recordaba la primera vez que conocí a Comín y Solé Tura en los años de facultad. Comín acababa de publicar un libro sobre el campo andaluz y Solé asociaba la reorganización territorial de España al restablecimiento de la democracia. Solé pensaba en la democracia como la decisión soberana de la nación española sobre su forma política, mirando ciertamente al futuro, pero imposible de tomar sin echar cuentas, sin asumir, la historia pasada, que siempre es memoria, esto es, selección de lo que hemos sido. Para Solé la democracia no podía entenderse sin pensar en una reorganización territorial que diera cuerpo o expresión política al pluralismo de España.

Hace unos días recibí un delicado envío de Isidre Molas en la Facultad. Se trataba de la reproducción en facsímil de dos textos manuscritos de Ernest Lluch y de Solé Tura, editados por la Fundación Rafael Campalans. El texto, en concreto, de Jordi, transmite su idea de la política. Hay, primero, una reflexión sobre el contexto internacional de toda acción política; en segundo lugar, una contraposición lúcida de la revolución y la reforma : las reformas, dice, son “ mucho más difíciles y complejas que las revoluciones”. Por último, figura una llamada a acoger el pluralismo y superar, dice Solé, “les velles concepcions nacionalistes”.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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