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La crónica salvaje

El paraíso de la Isla de los Monos

lunes 29 de marzo de 2010, 12:59h
El paraíso de los primates se encuentra a orillas del Amazonas. El paraíso de la Isla de los Monos se sitúa muy cerca de la ciudad peruana de Iquitos donde residen hasta siete especies distintas.
A orillas del Amazonas, en las cercanías de la ciudad peruana de Iquitos, emerge el paraíso de la Isla de los Monos, un lugar en el que siete especies distintas de estos primates han encontrado el refugio y los cuidados necesarios para perpetuarse en una frondosa selva.

Un pequeño claro de unas 250 hectáreas acoge desde hace doce años leoncitos, pichicos, tucunes, huapos negros, cotos aulladores, choros barrigudos y monos araña que, semidomesticados, se acercan al visitante apenas lo ven, trepan por su cuerpo y lo acompañan.

En el interior de la frondosa selva que rodea la Isla de los Monos, papayas, plataneros y plantas de cacao se elevan al cielo y ofrecen el alimento necesario a los primates, la mayoría todavía bebés, hasta que alcanzan la madurez y deciden "independizarse" de su familia adoptiva.

La mayoría de ellos ha llegado al refugio, ejemplo de turismo sostenible en la región peruana de Loreto, en el norte del país, por "donaciones" de ciudadanos que los han encontrado huérfanos.

"Muchos vienen con turistas que los traen tras encontrarlos solos y abandonados en ciudades o en mercados y, que al enterarse de la existencia de este centro de rescate deciden entregárnoslos", explicó su responsable, Gilberto Guerra, a medios españoles.

La Isla de los Monos está situada entre tres caseríos que se extienden a lo largo de las orillas del río Amazonas, y sus habitantes están tomando conciencia ya de la necesidad de cuidar a los primates para evitar su extinción.

Guerra subrayó la importancia de educar a los pobladores de la zona en la protección y la preservación de la flora y la fauna de la amazonía porque "ellos viven el ahora, y no piensan en el mañana", por eso, entre las tareas que realizan, se encuentra la de formar en ese sentido a los pequeños en los colegios.

Durante seis años, los responsables del centro de rescate repoblaron, además, la zona con plantas autóctonas que cuidan minuciosamente ahora, a golpe de machete, de las malas hierbas. "Hasta el momento están creciendo setenta variedades de frutas, tanto oriundas de acá como de la parte alta del río", dijo Guerra.

El contacto diario ha generado una relación muy especial ente cuidadores y monos, que no impide que éstos conserven su instinto y decidan, llegado el momento, optar por una vida independiente en su hábitat natural.

"No pierden sus identidades. Cuando regresan a la selva cada uno sabe a quién pertenece", afirmó el responsable del centro de recuperación.

Gracias a la dedicación de Guerra y de su equipo de colaboradores el número de integrantes de cada una de las especies recogidas "está aumentando considerablemente", en algunos casos pasando en un año "de ocho individuos a doce".

"Y así cumplimos el objetivo principal que es salvarles, que no desaparezcan, porque si no hacemos nada dentro de un par de años nos vamos a estar lamentando", matizó.

El responsable del centro de recuperación de la Isla de los Monos lamentó que hayan tenido que ser profesionales de otros países los que han visitado el lugar para hacer estudios porque "nuestro presidente sólo se está preguntando en qué parte de la selva se puede encontrar petróleo".

Por eso, en el edificio principal, una pizarra recoge escritos en inglés los nombres de las siete especies protegidas con su correspondiente traducción al español y, en algunos casos, al quechua, que todavía se habla en algunos grupos étnicos de la amazonía peruana.

"Somos muy pocos los que estamos dedicados a la protección y al cuidado de estos animales. Vivimos aquí con ellos, en nuestro pequeño paraíso", declaró Guerra.

El contacto físico con los sociables primates que habitan en el centro, "pero siempre en libertad, nunca enjaulados", matizó su cuidador, ha propiciado a lo largo de estos años que muchos turistas hayan regresado varias veces para saber de ellos.

Extremadamente juguetones, como el bebé 'Mayo', amables como 'José' o elegantes como 'Perla', la pelirroja del grupo, los monos consiguen que el visitante se sienta uno más de la Isla, aunque a veces tenga que pelear con ellos por un trozo de jugosa papaya, o un grano de cacao.