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¿Berlusconi ha ganado estas elecciones?

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
martes 30 de marzo de 2010, 19:10h
Como cabía esperar, Silvio Berlusconi se ha proclamado el gran vencedor de las últimas elecciones administrativas italianas. En unas votaciones caracterizadas por la alta tasa de abstencionismo, el Pueblo de la Libertad ha conseguido ganar en seis regiones, mientras el centro-izquierda ha triunfado en siete. El primer ministro italiano, que se parece cada vez más a una especie de Chávez europeo, con menos carisma y más exótico si cabe la posibilidad, anuncia nuevas reformas para aumentar sus poderes. Pero, de verdad ¿se trata de una victoria de Berlusconi?

En detalle, la derecha se ha apoderado de cuatro regiones, datos que invitan a reflexionar: la victoria en Campania y en Calabria, tierras plagadas por la mafia y que se sienten olvidadas por el Estado, preocupa. Caldoro representa un mediocre socialista de tercera fila, reciclado berlusconiano sobre cuya acción política pesará la sombra de o’mericano, alias Cosentino. Y para la Calabria, entre las regiones más pobre y feudo político de la 'Ndrangheta, el cuadro se presenta aún más negro por la penetración constante de la organización criminal en la res pública.

En Piemonte (y en Veneto), la Lega Norte, partido nacionalista –se define “movimiento político por la independencia de la Padania”- ha obtenido un rotundo triunfo, anunciando un cambio de fuerza dentro de la mayoría del Gobierno. La Lega representa una anomalía para cualquier democracia, tratándose de un partido xenófobo y localista, caracterizado por la defensa de los intereses del Norte Italia y de poco “carácter berlusconiano”. Su triunfo aumentará su poder de negociación y es probable que le pase factura a Berlusconi, exigiéndole más rigor económico y federalismo.

La sufrida victoria en el Lazio demuestra que la hipócrita y anacrónica retórica católica –como la alerta de la CEI sobre el aborto- aún funcionan en Italia donde pesa la sombra del Vaticano que nunca ha dejado de hacer campaña desde los púlpitos, atemorizando a los ciudadanos en contra de un candidato “semi-radical” como la Bonino, que amenazaba que la cosa pública funcionase.

Para la izquierda, el resultado no puede considerarse tan negativo, sobre todo si se tiene en cuenta de que todavía se trata de una formación política carente de idea, sin liderazgo e incapaz de postularse como alternativa creíble al berlusconismo. El PD representa una oposición blanda, sin discurso político, ni cuenta con un proyecto reformista alternativo a la megalomanía del sultán. De momento, la izquierda se ha quedado con las regiones del centro, donde casualmente se vive mejor y con la sorpresa Puglia donde un Vendola, último superviviente de la izquierda radical, ha sido confirmado en virtud de una buena administración del territorio.

El abstencionismo representa una señal de la desafección general del país hacia la política. Uno de cada tres italianos (8% en menos) ha preferido quedarse en casa, manifestando de esta manera su repudio por la actual situación política nacional. La campaña electoral no ha conseguido mejorar la relación entre la política y la sociedad civil. Sin debate político, se ha asistido a una campaña electoral inexistente, caracterizada por la falta de ideas y propuestas concretas frente a problemas reales, por una confusión generalizada y una inútil violencia verbal.

Berlusconi, que se ha encargado de vulnerar hasta las normas electorales siguiendo con su campaña electoral incluso mientras depositaba su voto, ha convertido la cita en un nuevo plebiscito personal. El peligro que este resultado puede constituir un nuevo empujón hacia el destrozo constitucional y un viraje hacia un régimen autoritario resulta real. Se ha tratado de un test político nacional, donde estaba en juego la “salud del Gobierno”, una evaluación personal de Berlusconi, el papel de Bossi y la primera prueba por el nuevo secretario del PD. Si parece manifiesto que la figura de Bossi sale reforzada y el Gobierno “goza de buena salud”, más difícil resulta una valoración sobre los dos líderes: la victoria de Berlusconi parece “mutilada”, ya que más que su figura, ha ganado sus “antagonistas internos”; la de Bersani “pírrica”, con el riesgo de nuevas divisiones de su partido.

Italia vive una etapa de profunda crisis y degradación. Frente a este panorama tan desolador, no me extraña que mi sobrino no quiera salir. Add a passà a nuttata...

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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