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Pifias que los devuelven a la tierra

Los políticos son humanos

viernes 02 de abril de 2010, 11:01h
Los políticos son humanos. A veces pueden parecer autómatas del discurso y la réplica, faltos de espontaneidad y tan asesorados que nada se les escapa. Fruto de la mala pasada de un micrófono, del éxito de un fotógrafo o de una traición del subconsciente, muchos de nuestros dirigentes han sucumbido a la pifia para deleite del espectador. Porque la política también puede ser divertida.
Manuel Engo, fotógrafo de EL IMPARCIAL, captó a Carme Chacón echando una cabezadita en la sesión de control al Gobierno del 20 de noviembre de 2008. Noticiosa por sí sola, la instantánea rodó por el resto de medios y vino a demostrar que los políticos, por el hecho de serlo, no están dotados para resistirse a Morfeo cuando llega con fuerza.

Se trata del éxito de un fotógrafo. Esta última es la expresión que empleó Miguel Ángel Rodríguez en una reciente entrevista concedida a EL IMPARCIAL para referirse a la peineta que José María Aznar dedicó a quienes le insultaron y abuchearon antes de ofrecer una conferencia. Ese disparo consiguió eliminar la deidad que muchos suponen a estas personalidades públicas. Lo mismo ocurrió cuando, en junio de 2007, un compañero de la revista Interviú inmortalizó un plano nada afortunado de Mariano Rajoy, a quien el ajetreo había roto los calcetines. Son humanos.

Los hemos visto llorar. José Blanco lo hizo hace pocas fechas en un acto en memoria de los fallecidos en un accidente de helicóptero. Nadie lo esperaba y rompió a llorar sin consuelo. Continuó el discurso con los ojos mojados. María Dolores de Cospedal tampoco pudo contener las lágrimas en el homenaje a las víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid.

Pero, sin duda, los documentos sonoros más valiosos para periodistas y ciudadanos han sido los que a lo largo de los últimos años han favorecido micrófonos abiertos que deberían estar cerrados. Muy pocos se salvan. El ejemplo más reciente es el de Esperanza Aguirre, quien dijo alegrarse al haber podido dar un puesto en Caja Madrid a Izquierda Unida “quitándoselo al hijo puta”. José Bono, un año antes, empleó también la palabra de cuatro letras para referirse a sus compañeros del Partido Socialista. El presidente del Congreso bromeaba con diputados del PP y aseguró que “hay mucha santa y algún malo”. Tras unos segundos en los que se hace imposible saber qué dijo, concluyó: “Y los del partido propio, que son unos hijos de puta”. No era la primera vez que Bono caía en la trampa tecnológica. En 2004, el entonces presidente de Castilla-La Mancha opinó que Tony Blair, primer ministro británico, era un “gilipollas”.

De Zapatero hay varias. La primera de ellas en 2003. En el debate de presupuestos de 2003, el en aquel año responsable de Economía del PSOE, Jordi Sevilla, evaluó a su líder: "Se te nota todavía inseguro. Has cometido un par de errores (...) pero son chorradas", le dijo Sevilla a Zapatero, aunque tranquilizó posteriormente al leonés diciéndole que con "dos tardes" tendría suficiente para aprender "lo que necesitaba". La segunda en el tiempo ya la protagoniza el propio presidente del Gobierno y no uno de sus asesores. Durante la Cumbre Euromediterránea de 2005, apuntó a un colaborador que el acuerdo sobre terrorismo que estaba en discusión había que cerrarlo “como fuera”. En 2008, en el previo a las elecciones generales, Zapatero confesó al periodista Iñaki Gabilondo a micrófono supuestamente cerrado que le convenía que “hubiera tensión”, palabras no muy bien acogidas por la opinión pública después de una dura y bronca primera legislatura. La penúltima es relativamente reciente, aunque se trata más bien de un lapsus. Fue en rueda de prensa, al lado de su homólogo ruso, Dimitri Medvedev. Hablando de turismo, ya conocerán aquello de "...hemos hecho un acuerdo para estimular, para favorecer, para follar...". Este pasado mes de febrero, proclamó en el Congreso que comparecería en la "cama" para dar cuenta del despliegue en Afganistán. Quería decir 'Cámara', se supone.

El Partido Popular ha dejado alguno de los más brillantes momentos del despiste, gazapo o como quieran llamarlo. Dos muy célebres llevan la firma de Federico Trillo. El primero, allá por 1997. Presidía el Congreso de los Diputados. Después de leer el nada sencillo texto de una enmienda que debía ser votada en Pleno, no pudo evitar exclamar un “¡Manda huevos!" que recogió pertinentemente el circuito de sonido del Hemiciclo. Como ministro de Defensa, años después, no entendió el escaso entusiasmo de unos soldados al grito de “¡Viva Honduras!”, hasta que le chivaron de que se hallaba en El Salvador. Supo salir del aprieto con soltura y afirmó sin temor a equivocarse que los medios tomarían “cuenta” de ese momento.

Gracias a un micrófono encendido cuando no debía se supo que a Mariano Rajoy no le hacía especial ilusión acudir a los actos de la Fiesta Nacional de 2008: "Mañana tengo el coñazo del desfile; en fin, un plan apasionante", ironizó en la víspera. Su antecesor, José María Aznar, dio una muestra de espontaneidad parecida al “¡Manda huevos!" cuando, en 2002, en calidad de presidente de turno de la Unión Europa y al término de un discurso, sentenció: "Vaya coñazo que he soltado".

Cuando se apagan las cámaras y los micrófonos, los políticos abandonan la seriedad, el orgullo e incluso las formas. Ni mejores ni peores que el resto de los mortales. Cumplen con su papel cuando están de servicio, y si creen que ya nadie les observa ni escucha pero no es así, el resultado no tiene precio. Porque la política puede ser divertida. Porque los políticos son humanos. Afortunadamente.



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