¿Es lícito que los futbolistas fuercen tarjetas amarillas para elegir qué partido perderse?
jueves 01 de abril de 2010, 00:09h
Hace ya bastantes temporadas que se vienen observando a jugadores que realizan actos poco deportivos, de manera exagerada, para ser sancionados con amarilla y perderse el siguiente encuentro con vistas a un enfrentamiento posterior más relevante. La norma en la Liga española establece que la quinta cartulina acarrea la suspensión de un partido, por acumulación. En la pasada jornada Dani Alves, Xabi Alonso y Sergio Ramos buscaron la sanción sin ningún pudor para poder disputar el decisivo Real Madrid-Barcelona, reabriendo la polémica sobre la validez de esta práctica que otorga al futbolista la potestad de decidir cuándo ser sancionado, lo que algunos consideran una alteración manifiesta de la competición.
El fútbol es un deporte en el que la inteligencia suele ser la pieza básica para obtener un buen resultado, por encima de otros factores como la fuerza y resistencia físicas. En el balompié la inteligencia se aplica, por ejemplo, para encontrar antes que nadie un hueco por el que anotar un gol, para anticiparse al contrario y cortar pases o para amordazar al rival desde el planteamiento táctico del entrenador. Pero, en este juego también resulta decisiva la picardía, la agudeza para engañar al rival o al colegiado. Algunos de los momentos más memorables corresponden a acciones llenas de engaño, como el regate de Pelé sin tocar el balón al meta uruguayo, que no acabó en gol de milagro, o la “Mano de Dios” de Maradona ante Inglaterra. Incluso penaltys inexistentes han decidido campeonatos del mundo como el de Italia ´90, en el que Alemania se aprovechó de una pena máxima inventada por el colegiado para derrotar a Argentina.
Con el paso del tiempo, el desarrollo del control de los entrenadores se ha extendido hasta abarcar todas las parcelas de un equipo, aplicando la inteligencia a conceptos que no tiene que ver con cómo parar al mejor jugador rival o la preparación de jugadas a balón parado. En las últimas décadas, con la multiplicación de partidos que rebosan los calendarios del fútbol, los preparadores han otorgado una gran relevancia al manejo del cansancio de sus pupilos y han incluido en sus planificaciones el prescindir de jugadores en algunos encuentros para que puedan disputar los partidos importantes del año. Esta práctica, extendida a toda clase de clubes, contempla el alinear a gran cantidad de suplentes ante un rival no directo por los objetivos de la temporada o forzar una sanción para que el jugador pueda disputar un encuentro decisivo.
Esta última práctica ha provocado que nuevamente surja el debate sobre la ética de aprovecharse de una norma para el bien propio. La regla en cuestión establece que cada cinco tarjetas amarillas, se sanciona con un encuentro de suspensión al futbolista. Esta directriz ha provocado que los entrenadores miren al calendario computando las tarjetas de cada jugador y decidan cuándo va a ser sancionado, para evitar que se pierdan partidos decisivos por acumulación de tarjetas. En los últimos días Xabi Alonso, Sergio Ramos y Dani Álves –bajo indicación de sus entrenadores- salieron a sus respectivos partidos con el objetivo de recibir una tarjeta amarilla para forzar la suspensión y poder disputar el decisivo Real Madrid-Barcelona. Alonso hizo un penalty esperpéntico por mano en el área frente al Atlético de Madrid, con el partido ya decidido. Pero al no ver tarjeta, minutos más tarde realizó una dura entrada innecesaria para cumplir su objetivo. Sergio Ramos demoró escandalosamente su saque de falta –al igual que Álves- hasta ser amonestado. Los madridistas se perderían la cita con el Racing en El Sardinero, y el brasileño no jugará el Barcelona-Athletic de Bilbao.
Sin embargo, antes del fin de semana, las declaraciones negaban la mayor al respecto. Manuel Pellegrini comentó sobre la posibilidad de forzar las tarjetas que "no hay ninguna consigna, lo que me preocupa es el Atlético de Madrid y el Racing, no estamos planificando aún el partido del Barcelona". Xabi Alonso, uno de los protagonistas declaró: “mi intención es aguantar todo lo que pueda sin ver amarilla, no forzaré que me la saquen”.
Tras la pasada jornada y con bastantes críticas azotando a ambos clubes, los protagonistas tuvieron que salir al paso y dar su visión al respecto. Álvaro Arbeloa explicó en rueda de prensa lo siguiente: “no quiere decir que haya un menosprecio hacia el Racing ni que vayamos confiados. Tenemos plantilla suficiente para conseguir allí un buen resultado. Muchas veces hay que luchar contra las normas. Hecha la ley, hecha la trampa". Y es que algunas voces señalan que ambos clubes menosprecian al oponente al prescindir voluntariamente de estos futbolistas en encuentros con rivales de menor entidad.
Pero los clubes humildes también usan esta práctica para sus intereses. El Rácing de Santander recibió grandes críticas en la jornada 23 de Liga, cuando se presentó en el Camp Nou sin Colsa, Munitis y Tchité. Todos ellos fueron sancionados con tarjeta amarilla en el encuentro anterior y cumplían un partido de sanción ante el Barcelona. El club cántabro, en este caso, prescindió de sus estrellas ante un partido que no entra dentro de “su liga”, prefiriendo reservarlos para jugar frente al Almería en la jornada posterior. Incluso en la selección española se dio un caso similar en la preparatoria para la Eurocopa de 2008. En aquella ocasión fue el blaugrana Xavi el que forzó una amarilla contra Letonia para perderse el encuentro y la convocatoria frente a Liechtenstein, y poder disputar los trascendentales últimos encuentros de Liga con el Barcelona. El mediocampista se excusó alegando que “No entiendo la polémica, todo el mundo juega con las tarjetas y yo lo he hecho por el bien de todos".
Ante esta novedosa situación, ya adherida al balompié actual, muchos son los que cuestionan la impunidad con la que los futbolistas deciden cuando serán sancionados, alegando que se altera la competición. Incluso se critica la práctica desde el punto de vista del rival, interpretándolo como un menosprecio. Sin embargo, todavía no se ha puesto en tela de juicio el reservar -sanciones aparte- a los mejores jugadores en partidos de baja intensidad, alineado una mayoría de suplentes y alterando en cierto modo la competición. Esta práctica, muy habitual en la Copa del Rey, ya ha sido atajada en Inglaterra. El órgano rector de la Premier League impuso una multa de 25.000 libras al Wolverhampton por haber excluido a los jugadores titulares del equipo y no haber confeccionado una plantilla “en plena forma” para su enfrentamiento del pasado mes de diciembre ante el Manchester United, un equipo que no corresponde a “su liga”
Quizá esta sanción sirva de ejemplo para adaptar las normas de nuestro campeonato a las situaciones actuales. La Premier League, que ya realizara una renovación profunda en cuanto a seguridad para eliminar la lacra de los “hooligans”, muestra el camino nuevamente al desarrollo del fútbol. Desde la FIFA se debate la viabilidad de medidas que sirvan para mejorar la calidad de los arbitrajes o para aclarar los goles fantasma. Quizá se debería debatir también hasta dónde se permite la picardía aplicada a las prácticas antes señaladas.
Esto es lo mejor de los polémicos Dani Álves y Sergio Ramos