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Pablo Emilio Moncayo: el fin de un largo cautiverio

jueves 01 de abril de 2010, 00:57h
Esta semana todos los ojos estaban puestos en Colombia ante la inminente y esperada liberación de Pablo Emilio Moncayo, el rehén con más años en poder de la narcoguerrilla de las FARC. Doce años tardó este sargento del Ejército colombiano en recuperar su libertad y en abandonar el aislamiento de una selva que terminó convirtiéndose en su cárcel para de nuevo “volver a la civilización”,como bien expresó este hombre a pocos minutos de su liberación.

Su padre, Gustavo Moncayo, mejor conocido como “El caminante de la paz” pudo desprenderse de unas cadenas que le acompañaron todo este tiempo como señal de solidaridad con su hijo y sus compañeros de cautiverio. La imagen capturada por los medios de comunicación y la prensa tanto colombiana como internacional, no pudo haber sido más conmovedora. Sin embargo, tras esta entrega de las FARC, como parte del Acuerdo Humanitario impulsado por la senadora Piedad Córdoba y el Ejecutivo de Álvaro Uribe, se cierra la posibilidad de nuevas liberaciones de rehenes, ya que le toca al gobierno colombiano cumplir con la segunda parte del trato: la excarcelación de guerrilleros.

El dato no puede ser más desalentador para los familiares de las personas que aún siguen en manos del grupo narcoguerrillero. Terroristas por inocentes, esa es la conclusión que se desprende por parte de algunos sectores de la comunidad internacional que observan como este “canje” termina siendo una campaña propagandística indirecta que beneficia algunos gobiernos y líderes de la región, que contradictoriamente no han ocultado su simpatía por las FARC como es el caso de Venezuela y Ecuador, haciendo que atentados como el de la pasada semana en la localidad de Buenaventura, los asesinatos a sangre fría, las extorsiones, el reclutamiento de menores de edad y un centenar de personas privadas de su libertad, queden como parte de las “crónicas de guerra” de un conflicto armado que no da señales de tregua.

Mientras, Moncayo vuelve a casa para las celebraciones de la Semana Santa tras haber superado su “Vía crucis” personal durante doce años en los cuales, su adolescente juventud terminó diluida en cada en la invisibilidad de la selva.

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