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La historia se rinde ante ellos

Oiarzabal y Pasabán retan de nuevo a los techos del mundo y a su suerte

sábado 03 de abril de 2010, 12:13h
Los alpinistas españoles emprenden el camino que puede grabar sus nombres de manera imborrable en la historia, a pesar de los accidentes que estuvieron a punto de truncar sus brillantes trayectorias. Edurne Pasabán se encuentra inmersa en la ascensión al Annapurna, en la que ha perdido a uno de sus compañeros habituales, Ferrán Latorre, que ha regresado tras lesionarse. La guipuzcoana lucha por finalizar la ascensión actual y superar el Shisha Pangma, convirtiéndose en la primera mujer que supere los catorce montes más altos del planeta. Juan Oiarzabal, por su parte, intentará completar su segunda ascensión a los “ochomiles” con el tesón, sabiduría y valentía que le caracterizan y el recuerdo del terrible descenso del K2 en 2004, que le ocasionó la amputación de los dedos de los pies. Pasabán y Oiarzabal tratarán de colocar los límites de la superación humana en lo más alto…otra vez.

El alpinismo es un deporte extremo en el que prima el sacrificio por lograr una meta, por superarse a sí mismo cada vez que se alcanza la cima de una montaña, máxime si hay que superar 8.000 metros de altura para conseguirlo. La valentía necesaria se mezcla con la sabiduría característica de un oficio, adquirida tras acumular una amalgama de experiencias en paredes verticales distribuidas por todo el mundo. Estas condiciones forman seres humanos que llevan al extremo el esfuerzo en el deporte, arriesgando la vida en más de una ocasión para avivar la llama que les mantiene activos: superar las montañas más altas del mundo.

Con este objetivo en la mente partió Edurne Pasabán, la mejor alpinista española de todos los tiempos. La tolosarra se encuentra en plena ascensión al Annapurna -8.091 metros-, uno de los colosos más complicados del Himalaya, que constituye el primer objetivo de los dos que le restan para convertirse en la primera mujer de la historia que logra coronar los catorce “ochomiles”. Pasabán, que ha sufrido ya varios reveses en la ascensión que está desarrollando actualmente, deberá luchar por su hueco en la historia con la alpinista coreana Eun-Sun Oh, a la que tan solo le falta una cumbre para haber superado las cimas más altas del mundo.

Desde que la escaladora guipuzcoana comenzara su nuevo reto en el Himalaya ha tenido que luchar contra los obstáculos que le iban surgiendo, algunos de los más inesperados. El primero se lo encontró, sorprendentemente, en China. El país asiático tomó la decisión de denegarle el permiso necesario para ascender al Shisha Pangma >"sin previo aviso y contradiciendo acuerdos anteriores", como declaró la propia alpinista vasca. Debido a este contratiempo de última hora, Pasabán comenzó el asalto al Annapurna, invirtiendo el orden previsto de ascensiones y provocado un encuentro inesperado en el campo base de la montaña con su rival coreana.

Una vez iniciada la ascensión, Edurne ha sufrido dos contratiempos que complican el objetivo inicial. El primero sucedió el pasado día 29 de marzo: el cámara Ferran Latorre, compañero habitual de expedición de la guipuzcoana, tuvo que emprender el viaje de vuelta a casa tras lesionarse en una pierna cuando trataba de volver junto al resto del equipo al campo base, después de haber realizado labores de apertura en la montaña. El segundo percance ha afectado a un depósito de material y a 500 metros de cuerda –lo que les quedaba-. El accidente se produjo por una avalancha que ha provocado el retraso en el avance de la expedición, ya que deben esperar a que el pedido de 600 metros de cuerda y nuevas provisiones llegue de Katmandú.

Sin embargo, el tesón de la tolosarra no ha sufrido ninguna fisura a pesar de estos contratiempos. Pasabán ha analizado la situación con la templanza de la experiencia adquirida, e incluso se ha atrevido a aventurar que si reciben pronto el pedido, podrían alcanzar la cumbre del Annapurna “el dia 10 de abril”. Y parece que esa predicción ha contagiado de energía positiva a la expedición, que ha visto como el tiempo mejora ostensiblemente desde la jornada de ayer y que desde el pasado 31 de marzo cuenta con unos “vecinos” de ascensión de lujo: Juan Oiarzabal y el resto del equipo de “Al filo de los imposible”, uno de los patrocinadores de los alpinistas españoles.


El escalador vitoriano llegó en helicóptero proveniente de Tatopani para arrancar su inabarcable proyecto: ser el primer hombre en la historia que consigue coronar las catorce montañas más altas del mundo en dos ocasiones. El proyecto, denominado 2+14+8000, implica que Oiarzabal debe superar todavía siete “ochomiles”. El alpinista de 53 años –que cuenta con el hándicap de haber sufrido la amputación de los diez dedos de sus pies- definió la actitud para afrontar este reto del siguiente modo: “no hay marcha atrás y cuando tenga que terminarlo será, y si no los termino es porque no he podido porque me he quedado por allí en algún intento. O los termino, o no los termino”. Si el escalador español logra su objetivo, se convertirá en el escalador más prolífico de todos los tiempos.

Juan Oiarzabal es un alpinista especial, que a pesar de haber logrado todo lo imaginable en este deporte, necesita volver a la montaña para cumplir nuevas metas, cada vez más complicadas e impresionantes. A lo largo de su dilatada experiencia –que comenzó en 1983 tras coronar su primer “ochomil”, el Cho Oyu- Juan ya había logrado entrar en la historia como el sexto hombre que lograba superar los catorce colosos del planeta, en abril de 1999. En la continuidad necesaria como montañero que le ha impulsado a acudir una y otra vez a los gigantes más temibles del mundo, Oiarzabal se ha erigido como un ejemplo de superación en todos los ámbitos, sobre todo tras superar el terrible accidente en el descenso del K2 en 2004, que le ocasionó congelaciones en ambos pies y que provocaron la amputación de todos los dedos. Tras ese mismo descenso, Edurne Pasabán sufrió la amputación de dos de los dedos de los pies.

Así pues, la historia de estos ilustres alpinistas vuelve a repetirse. Dos trayectorias gloriosas de dedicación vocacional a un deporte extremo. Dos carreras inmejorables que cada cierto tiempo ponen un nuevo broche de oro en el mundo de la escalada. Dos iconos universales de superación deportiva, de dedicación total y absoluta a una actividad. Edurne Pasabán y Juan Oiarzabal volverán a dar un vuelco al corazón de los aficionados al alpinismo si vuelven de sus aventuras con los objetivos cumplidos.
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