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SISTEMA ELECTORAL ESPAÑOL

La ley d'Hondt y la ley francesa

viernes 07 de marzo de 2008, 20:32h
En el sistema electoral español no existe una circunscripción única que abarque la totalidad del territorio nacional sino que se encuentra dividido en circunscripciones provinciales en las que cada una aporta un número de diputados al Congreso. En cada provincia, los escaños se distribuyen según el voto popular de acuerdo a un principio conocido como la ley d'Hondt.

El número de votos emitido en cada circunscripción se divide, de acuerdo a esta normativa, entre 1, 2, 3... hasta alcanzar un número igual al de escaños que se reparten en cada demarcación provincial. Los escaños se atribuyen, sucesivamente, a los cocientes mayores hasta llegar al total de asientos que están en juego en la circunscripción. Se trata de un sistema que corrige ligeramente la proporcionalidad primando a los partidos mayoritarios para favorecer la gobernabilidad.

Cuenta, además, con una barrera electoral para impedir la fragmentación excesiva del Parlamento; este mecanismo implica que aquellas candidaturas que no obtengan al menos un mínimo del 3 por ciento de los votos válidos emitidos por partido no obtienen representación y no cuentan a la hora de asignar los escaños.

Una polémica Ley
Entre sus defensores se encuentran quienes lo consideran un método que, al primar a las formaciones con un mayor número de votos, asegura instituciones estables, al tender claramente hacia el bipartidismo y excluir a las formaciones minoritarias que son las que, precisamente, chantajean a los partidos más votados para ofrecerles su apoyo.

Con todo, en el caso español, no es la manida ley d'Hondt la que más favorece a los partidos mayoritarios sino el tamaño de las circunscripciones electorales y el número mínimo de escaños que se reparten en cada una de ellas. Ambas son condiciones especificadas en la Constitución. Las demarcaciones provinciales resultan territorios excesivamente pequeños en los que es imposible aplicar cualquier principio provincial consiguiendo un efecto mayoritario. De hecho, el número de escaños es asignado en función de la población y en provincias de gran tamaño -como Madrid y Barcelona- el resultado es proporcional. Efecto totalmente contrario al que se consigue en las provincias de menor población y las que sólo eligen a un mínimo de dos diputados

Los partidos pequeños de ámbito nacional son los más desfavorecidos por este sistema electoral. Los resultados electorales serían completamente diferentes si, por ejemplo, tuviésemos un sistema de circunscripción única. Los más beneficiados, en cambio, son los pequeños partidos fuertes en territorios muy localizados. Aquí estriba la sobre representación que consiguen los partidos nacionalistas en el Congreso de los Diputados y la infrar representación que obtiene, por ejemplo, Izquierda Unida.

La historia de la ley d'Hondt
El profesor belga de Derecho Civil Victor d'Hondt (1841-1901) ha pasado a la historia por ser el inventor de un sistema de cálculo que tiene defensores y detractores, estos últimos especialmente entre los grupos minoritarios.

Los resultados de la votación que hoy se realizan en nuestro sistema electoral está sometida en sus resultados a los designios de este profesor y político oriundo de Bélgica, cerebro gris de una forma de reparto de escaños entre las diferentes candidaturas que se presentan a las elecciones.

Además de aplicarse en España, esta normativa es utilizada, entre otros países, en Argentina, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chile, Colombia, Croacia, Ecuador, Eslovenia, Finlandia, Guatemala, Irlanda, Israel, Japón, Países Bajos, Paraguay, Polonia, Portugal, República Checa, Suiza, Turquía o República Dominicana.

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