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Uribe tiene razón

viernes 09 de abril de 2010, 07:34h
El Foro Económico Mundial para América Latina que se celebra estos días en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias ha sido el lugar donde el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, ha aprovechado para decir lo que muchos piensan pero muy pocos se atreven a decir. Así, Uribe advertía a los inversores privados del enorme riesgo que implica la inversión en países a los que consideró representantes de un “nuevo comunismo plebiscitario”. La referencia iba directamente hacia Venezuela y Bolivia, aunque también podría valer para el caso de Ecuador o, llevándolo al último extremo, a la Argentina que quieren los Kirchner.

No es para menos. Desde que Chávez y Evo Morales llegaron al poder, laminaron la seguridad jurídica de sus respectivos países con expropiaciones y requisas forzosas que no es que lindasen con la legalidad vigente, es que la vulneraban de manera flagrante. Por lo que respecta a empresas españolas, los accionistas de Repsol o el Banco Santander han padecido en carne propia los desvaríos de dos personajes que bien parecen empeñados en espantar a los inversores a golpe de incautación pública. Así las cosas, es natural que una empresa privada sopese los riesgos de invertir en un país que no le ofrece las mínimas garantías de legitimidad empresarial. Hoy por hoy, invertir en Venezuela o Bolivia -qué decir de Cuba- equivale a estar dispuesto a aceptar, por leoninos que sean, los caprichos del tirano de turno. Y eso, desde el punto de vista de la democracia en versión occidental, es intolerable.

Y lo es desde tiempo inmemorial. Esquilo nos aclara en Prometeo que la característica del autócrata consiste en gobernar por su voluntad, sin leyes y sin tener que rendir cuentas a su pueblo. Un sistema político democrático y libre consiste precisamente en el imperio de la ley. Tito Livio, al principio del libro segundo, define el nuevo régimen de libertad, tras la caída de los reyes, por el hecho de que el imperium, el poder, descansa “en las leyes, que no en los hombres”. En el mismo sentido, pedía Madison en El Federalista “un gobierno de leyes, que no de hombres”, porque, explicaba Rousseau, “cuando la ley está sometida a los hombres, no quedan más que esclavos y amos: la libertad siempre sigue la misma suerte que las leyes, reina y perece con ellas”. Por eso Maquiavelo afirmaba que sólo “en países organizados como estados libres” puede esperar un ciudadano “vivir sin miedo a que su patrimonio pueda ser confiscado” y sus derechos y libertades conculcados. Y también por eso, Uribe, gran conocedor de sus vecinos tiene razón.
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