Las multimillonarias inversiones en armamento ruso, las denuncias sobre la presencia de funcionarios cubanos en el aparato de seguridad e inteligencia venezolanos y los vuelos vacíos de Caracas-Teherán, sobre los cuales se ciernan la sospecha de transportar cargamento con uranio, no sólo sitúan a Venezuela como un potencial foco de conflicto e inestabilidad dentro de la comunidad interamericana, también deja entrever el debilitamiento de una revolución que recurre a la renta petrolera y al favor de países aliados para sostenerse.
Mientras Venezuela atraviesa una de las peores crisis de suministro eléctrico y acuífero de su historia,
el presidente Hugo Chávez destina 5.000 millones de dólares en la compra de armas rusas. Una cifra que se suma a los casi 800 millones de dólares que invirtió en 2009 en intercambios comerciales con Irán y a los millonarios barriles de crudo que esta nación suramericana envía a Cuba como parte del acuerdo Caracas-La Habana.
Entre cortes de agua y luz, el mandatario venezolano y el
primer ministro ruso, Vladimir Putin, cierran en Caracas un jugoso acuerdo comercial en donde el gigante euroasiático, además de exportar submarinos, carros de combate, aviones de caza y fábricas de fusiles
kalashnikovs y municiones de calibre 7.62 x39 mm- curiosamente el mismo utilizado por los AK empleados por la guerrilla de las FARC-, también se aseguró la participación de
Gazprom, Lukoil, TNK-BP, Rosneft y
Surgutneftegas para explotar en los próximos 40 años, los yacimientos de crudo del bloque Junín 6 de la faja del
Orinoco, cuyo subsuelo tiene una capacidad de generar 557.000 millones de barriles de petróleo.
La Faja Petrolífera del Orinoco es una de las piedras angulares de la pujante política energética venezolana. Con unos yacimientos que abarcan los 1,36 billones de barriles, este territorio que se extiende a 55.314 kilómetros cuadrados, situado en el margen izquierdo del río Orinoco es considerado como uno de los más ricos en crudo del mundo, superando incluso a potencias petrolíferas como
Arabia Saudita e
Irán.

Por lo que los multimillonarios acuerdos comerciales impulsados por el Ejecutivo de Chávez, no resultan imposibles para un gobierno que tiene como comodín una riqueza geológica inestimable, la cual ha empleado tanto para arremeter contra su principal comprador de petróleo, Estados Unidos, como para financiar su proyecto revolucionario.
Para ello ha recurrido a un grupo de países que, además de ofrecer una plataforma económica, muestran clara empatía hacia un modelo político que muestra claros síntomas de desgaste en el seno de la población venezolana (Las encuestas confirman el descenso de popularidad de Chávez); razón por la cual Cuba, Irán y Rusia se han convertido en los tres principales sustento del chavismo.
Para los analistas políticos Cuba es la pieza clave del engranaje diplomático y político del Ejecutivo chavista. Estos advierten de la constante presencia de funcionarios de la inteligencia cubana en los acuerdos firmados entre el gobierno de Chávez y sus principales aliados comerciales.
Según expertos como el ex embajador venezolano Thor Halvorssen, el castrismo ha preparado el terreno para la entrada de Irán en algunos gobierno de América Latina, concretamente el de Venezuela.

En el foro “Historia del espionaje cubano y su presencia en Venezuela”, realizado en la ciudad de Miami en enero de este año, Halvorssen expuso que el gobierno de La Habana ha sido el principal contribuyente en la implantación del aparato iraní en territorio venezolano, facilitando el acercamiento entre Hugo Chávez y Mahmud Ahmadineyad. Un acercamiento que va más allá de los trabajos conjuntos entre Petróleos de Venezuela (PDVSA) y las petroleras iraníes en la faja del Orinoco. También implica la supuesta venta de uranio.
De acuerdo con el periodista venezolano Roberto Schmidt, en una noticia publicada por el portal digital Noticias 24, ya se han comenzado a levantar campamentos ilegales para la extracción de este metal en el Macizo Guayanés,- la zona geológica más antigua del planeta-, en la cierra de Perijá, en los Llanos centrales del país, en la región del Caño El Tigre (Estado Amazonas) y en el río Cinaruco. De confirmarse esta situación, alimentaría las sospechas de Israel y Estados Unidos sobre la venta de uranio por parte del Gobierno de Chávez a la industria nuclear iraní.
Al respecto, el Ejecutivo venezolano no ha ocultado sus intenciones de poner en marcha un proyecto nuclear con fines pacíficos en ese país, que correría a cargo del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT) para lo que necesitaría la colaboración de Irán y por su puesto, de un experto en la materia como los es Rusia para dicho fin.
La conexión Caracas-La Habana-Teherán-Moscú, no deja de despertar serias dudas entre la comunidad internacional y grandes preocupaciones en la población venezolana, que observa como los valiosos recursos de la faja del Orinoco han servido más para sostener las bases del chavismo que satisfacer las necesidades del país.