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Garzón, una marioneta

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 15 de abril de 2010, 21:39h
¿Qué opina el juez Baltasar Garzón de todo lo que está ocurriendo en su nombre? Por un lado, a cualquier persona le gusta sentirse respaldado, casi elevado a los altares, y comprobar que su trabajo es evaluado y, dependiendo del caso, aprobado. Pero, sinceramente, no sé si este es el caso de Garzón porque si piensa cuál es el fondo de todo el circo que se ha montado por su causa, verá con disgusto que él es sólo una marioneta.

El juez Baltasar Garzón puede ser para algunos pocos un símbolo, pero también un juguete, un pelele, una figurilla que moldear al gusto de los que únicamente buscan reivindicar un daño que murió hace casi 35 años y del que la gran mayoría –éstos mismos incluidos– ya habían decidido olvidar y pasar página.

Como un muñeco que no es dueño de sus movimientos manipulado por un títere que con arte maneja los hilos de su devenir tiene que sentirse el juez de tantas y tantas portadas de periódicos que, atónito o presumido, estará observando como su caso ha traspasado, una vez más, fronteras por el afán revanchista de una izquierda radical y caduca.

Repito, me gustaría saber qué opina como hombre de leyes y si está de acuerdo con todo lo que se dijo en la Universidad Complutense de Madrid para vergüenza de la propia Facultad de Derecho o cómo entiende que ahora le apoyen incondicionalmente los que en otra época le quisieron mandar a galeras si no es por puro interés.

Y digo yo: ¿Comparte el juez Garzón los valores democráticos esgrimidos por los organizadores del acto en la Complutense? ¿Calla porque le ha dicho su abogado que se calle, porque quien calla otorga o porque no tiene nada que decir? ¿Cuánta gente ha ido con pancartas a apoyarle en su declaración por los cobros recibidos durante su estancia en la Universidad de Nueva York en 2005 y 2006?

Que sepa el juez que su persona es lo que menos importa a esos líderes sindicales "estómagos agradecidos" metidos a políticos que hacen de todo menos defender aquello para lo que se les eligió, a ese ex fiscal Anticorrupción de pasado ligado al franquismo, a esos actores del "sindicato de la ceja" con pegatinas a lo "Energía Nuclear, No Gracias", a ese sector argentino pendiente de resolver los problemas ajenos antes que los propios y a esa parte del Poder Ejecutivo metida a criticar el Poder Judicial.

A todos estos, lo único que importa es el desagravio, el desquite, el resarcimiento, la satisfacción, el castigo e incluso la represalia por algo olvidado y superado que fue desenterrado en el discurso de investidura del presidente Zapatero cuando mentó a su abuelo y aprobó después una inútil –a la vista está que no hay nadie contento– Ley de Memoria Histórica.

El jefe del Ejecutivo decía recientemente en una entrevista que podrá haber acertado o podrá haberse equivocado, pero que quiere que se le recuerde por ser fiel a sus convicciones. Si su convicción era volver a dividir España entre los de un bando y los de otro, felicidades, lo ha conseguido, pero al final va a tener razón ese que decía que la vieja y rancia izquierda española no puede vivir sin Franco.

Javier Cámara

Redactor Jefe de El Imparcial

JAVIER CÁMARA es periodista

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