pioneras del arte
El reto de ser mujer y artista a principios del siglo XIX
sábado 08 de marzo de 2008, 15:02h
Su historia, estudiada a fondo por la joven Laura Triviño, que ha recibido recientemente el X Premio "Elisa Pérez Vera" de la UNED, por su trabajo "Pintoras sin paleta'", pretende rescatar del olvido, según ha confesado la investigadora, el papel “pionero y progresista” de estas mujeres que hace doscientos años destacaron por sí mismas y nunca han sido reconocidas.
En las primeras décadas del siglo XIX el espíritu profesional de la mujer iba siendo reconocido a marchas forzadas al tiempo que instituciones artísticas iban dejando paso a jóvenes promesas de la pintura. Es el caso de la Academia de Bellas Artes de Cádiz, que creó la primera clase para “señoritas” de la historia de España, una idea que, incluso, se exportó a Londres.
Estas cuatro mujeres gaditanas, referentes obligados de toda mujer que hoy en día pretende abrirse paso en un mundo dominado todavía por los hombres, lograron alcanzar el estatus de académicas de honor, en un momento en que las mujeres se limitaban a ser esposas y madres educadoras. Sin embargo, la admisión definitiva de cualquier mujer en este tipo de Academias no acabaría siendo reconocido como tal hasta que los estudios artísticos dejaron de ser patrimonio de este tipo de instituciones.
Tal es así, que en sus propios autorretratos aparecen despojadas de la paleta de pintor que denota su profesión -como es común en los varones-.
La gesta de sus colegas europeas
Si bien es cierto que alcanzaron una posición social predominante, estas cuatro mujeres continuaron a la cola del estatus alcanzado por sus colegas francesas e inglesas. En el caso de Gran Bretaña, ya en 1768 cuando la Royal Academy abre sus puertas, Angelica Kauffman y Mary Mosser formaban parte del equipo fundador - aunque ninguna otra volvería a entrar hasta 1922-. Las francesa lograron ser reconocidas por el monarca Luis XIV, quien permitió el ingreso a las mujeres a la Academia, una decisión que agitó a la opinión pública después de que admitiera que en la institución francesa debían estar todos los artistas dotados, sin distinción de sexo.
El reto de unas mujeres que, sin duda, convirtieron su valor en un hito. Sobre todo porque lograron ser reconocidas por sus contemporáneos, toda una pericia que ahora quiere ser recuperada del olvido.