crítica
Jordi Canal (dir.): Histoire de l'Espagne contemporaine de 1808 à nos jours. Politique et société
viernes 16 de abril de 2010, 01:00h
Jordi Canal (dir.): Histoire de l'Espagne contemporaine de 1808 à nos jours. Politique et société. Autores: Sophie Baby, Jean-Philippe Luis, Stéphane Michonneau y Mercedes Yusta. Armand Colin. Paris, 2009. 334 páginas. 29,40 €
El hispanismo francés que se ocupa de la contemporaneidad está de enhorabuena. O, por decirlo de otra manera, la posibilidad de que los lectores franceses dispongan de una síntesis científica, de lectura agradable y de contenido riguroso, puesta al día en información y en cuanto a perspectiva analítica, está asegurada por unos años. Bajo la dirección de Jordi Canal, profesor en la EHESS, se han coordinado los esfuerzos de algunos de los más representativos historiadores de hoy en día, instalados a caballo entre los mundos académicos de Francia y España, para dar a la imprenta una historia que abarca desde 1808 a nuestros días.
Ciertamente no es el único síntoma reciente de un inequívoco rejuvenecimiento, de una renovada actividad de este ámbito de reflexión intelectual, otrora tan fértil. Mientras redacto estas líneas tengo a la vista, encima de la mesa de trabajo, otra obra colectiva, París, ciudad de acogida, que editada por el propio Canal, junto a Fernando Martínez y Encarna Lemus, trata de esa urbe privilegiada que a tantos exiliados españoles acogió en los siglos XIX y XX. Las novedades, pues, se acumulan. Seguramente los hilos que han dotado de continuidad a esas miradas –los distintos departamentos universitarios de cultura y civilización española, el Colegio de España, el Instituto Cervantes, la Casa de Velázquez– deberían tenerse presentes en estos momentos.
Pero volvamos a la Histoire de l'Espagne contemporaine, objeto preferente de nuestra nota. La obra no elude, de principio a fin, la complejidad del pasado reciente de España y los españoles. Porque la historia que analizan y dan a conocer Jordi Canal, Sophie Baby, Jean-Philippe Luis, Stéphane Michonneau y Mercedes Yusta, es una historia compleja, muy compleja. Pero lo que no es, en absoluto, es una historia marcada por la excepcionalidad de lo español. No es, en definitiva, una historia anormal; los anales de un fibroma en el cuerpo de Europa. Es, por el contrario, la historia de una nación vieja que se transforma –con numerosas limitaciones, no pocos acontecimientos críticos y sus específicas lógicas de exclusión– en nación de ciudadanos. Es un escenario en el que tiene lugar una delicada transición del absolutismo al orden liberal, la mutación de una sociedad organizada en base a criterios estamentales tradicionales a otra, bien distinta, en la que el dinamismo, mayor o menor, de los diversos grupos sociales deriva de sus éxitos y sus fracasos, sus empeños, sus logros y, seguro, sus errores. Es una sociedad en la que las tensiones entre el poder y las plurales manifestaciones de contestación política y cultural se resuelven mediante transacciones, en ocasiones, o proscripciones virulentas, en otras. Una nación, eso sí, marcada por la continuidad sincopada de las guerras civiles y por la lenta transformación de Imperio trasatlántico en nación mediterránea. Ahí radica, sin duda, la clave de lo lamentablemente original.
La lenta y progresiva estabilización del marco liberal sitúa a la España de los decenios interseculares –la de la Restauración, la Dictadura de Miguel Primo de Rivera y, también, la de la República que se alza tanto sobre la mistificación de un proceso electoral como sobre la eclosión de una revolución de expectativas crecientes– en ese momento histórico en que las incertidumbres generadas con la eclosión de la sociedad de masas y las exigencias de mayor participación en la toma de decisiones políticas obtienen diversas respuestas, las autoritarias y las democratizadoras, las estatistas y las que, por momentos, confían más en la solidez y operatividad de la sociedad civil como instrumento de progreso y modernización.
La guerra civil de 1936 pondrá, otra vez sobre el tapete, lo español. En un entorno global presidido por la "brutalización de la política" –según la afortunada expresión del gran historiador George L. Mosse–, por la exacerbación de una lógica amigo/enemigo, vieja conocida de nuestros ancestros. ¿Sólo de ellos? Los autores parecen dejarlo claro.
El franquismo y la transición –la mirada detallada, bien informada, ponderada sobre la política democrática se hacía particularmente necesaria dado el público lector al que se dirige la obra– constituyen, sin duda, perfiles específicamente españoles. Como lo es ese epílogo desprejuiciado que permite acercarnos a nuestros días e insertarlos en una narración que viene de atrás, de muy atrás. No hay duda, sin embargo, que con el trato recibido pueden ser leídos como parte, pieza de envergadura similar a otras, de la historia europea del Novecientos. Lo lógico. Lo normal en su singularidad.
Queda claro, en cualquier caso, que el hilo conductor del libro es la política. O, por mejor decir, la historia cultural de la política. He ahí el método que permite religar con esmero las aportaciones, perfectamente delimitadas a los campos en los que son especialistas, de los distintos autores. Ello no obsta para que los grandes procesos económicos o las profundas transformaciones sociales, demográficas..., de todo tipo, queden convenientemente registradas. Eso sí, Politique d'abord!
Por Ángel Duarte