¿Un Tranvía llamado Quimera costaría 17 mil millones de pesos?
domingo 18 de abril de 2010, 15:35h
La ilusión viaja en tranvía, película dirigida por el insigne Luis Buñuel en la que, Lilia Prado despertaba la libido de todos los espectadores que vieron el filme.
El trenecito de Chapultepec que en el zoológico nos llevó de paseo cerca de la jaula de los monos del estanque de los osos y a unos metros de los leones y tigres a muchas generaciones de defeños que ahora, decepcionados por el descuido en que se encuentra ese parque, que tenemos que llevar a los nietos hasta el Estado de México, al de Zacango donde encuentra uno enorme variedad de animales (No Políticos), arboledas que cobijan el terrible sol y carreteras que nos llevan de paseo a los viejos que ya no podemos hacer largas caminatas.
A Marcelo Ebrard Casaubon de repente a lo mejor le entró la nostalgia por los tranvías. A lo mejor de niño acompañaba a su madre a la Casa Armand en la calle de Palma, a comprar botones, encajes o muselinas, o a los grandes almacenes de las calles Venustiano Carranza ó 20 de Noviembre cuyos propietarios eran franceses.
Probablemente tomaba “En sus estertores” el tranvía que partía desde la bella plazuela de la calle Goya en pleno Mixcoac que circulaba por la avenida de los Insurgentes, viraba a la derecha por Álvaro Obregón seguía por la avenida Cuauhtémoc, Bucareli calle emblemática donde se asientan el viejo edificio Gaona, las privadas de Buen Tono aquella fabrica de cigarros, el Reloj Chino y el Palacio de Cobian ahora, Secretaría de Gobernación.
Hoy en día habitualmente sitiada por la izquierda radical, trátese de maestros de la C.N.T.E, electricistas, mineros o lo que esté de moda para incordiar y fastidiar a los transeúntes y a los automovilistas.
Marcelo por ser chico preparado académico del Colegio de México, hijo de franceses de buena cuna y buena educación viajó muchísimas veces a capitales europeas, donde los trenes, los buses y el metro son los ideales y eficientes medios de transporte, al igual que las bicicletas que ahora el mismo Ebrard promueve.
Además del tren “que mencioné anteriormente” había otro que salía del centro que pasaba por el viejo barrio Universitario antes de la C.U., que pasaba por la librería Robredo de Pepe y Rafael Porrúa, también por Porrúa Hermanos, por la maravillosa nevería La Princesa donde Juanito griego, mexicano por adopción les fiaba a los estudiantes de medicina, de leyes, a los preparatorianos y a los que estudiaban en la Academia de San Carlos pintura y escultura.
Pocos en esta ciudad han descrito, vivido, disfrutado y amado a esta antigua ciudad de los Palacios, como el gran abogado y periodista Jacobo Zabludovsky maestro del periodismo escrito, maestro en la televisión y ahora en el radio. El ha emprendido una cruzada que le honra contra el demencial, absurdo, grotesco proyecto de un tranvía en ese Centro Histórico, Patrimonio de la Humanidad que en gran parte ha sido rescatado por otro gran mexicano, muy valioso que también ama la ciudad a la que llegaron sus antepasados desde el Líbano. El Ingeniero Carlos Slim Helú. Por cierto, valga un recuerdo personal con todo el amor del mundo que desde niña tuve por don Antonio Helú editor de la revista Selecciones Policíacas y de Misterio, otro citadino que se reunía con sus colaboradores mexicanos Rafael Bernal y María Elvira Bermúdez en el restaurante El Puerto, situado en las calles de Bolívar.
No soy de las que crean chismecitos ni me dejo llevar por notas periodísticas de los enemigos de Marcelo Ebrard, solamente confío en que ese proyecto que costaría un titipuchal de lana no se lleve a cabo. Deseo que tenga cordura, sensatez, puesto que es inteligente y buen político. Que use ese dinero en transporte mejor, drenaje, seguridad y mil asuntos más que la gente pide a gritos se resuelvan.
Ojalá que Marcelo no se deje convencer por nada, ni por nadie y que no se deje llevar por ocurrencias.
|
Periodista y analista política
|
|