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Ha muerto un español universal

miércoles 21 de abril de 2010, 18:45h
Pocos españoles alcanzaron el prestigio y el reconocimiento que Juan Antonio Samaranch tuvo en todo en el mundo.

Como Presidente del Comité Olímpico Internacional, durante 20 años, situó el Movimiento Olímpico en el nivel que tiene en la actualidad y convirtió los Juegos Olímpicos en el acontecimiento más universal y más difundido de la historia.

Desde siempre dedicó su vida al deporte, como protagonista y como directivo . Y, desde siempre aspiró a presidir el Comité Olímpico Internacional, convencido de que era la mejor de las plataformas para convertir el deporte en un elemento fundamental para la salud física y mental de las personas. Y así fue. Siempre con la compañía, el cariño y la colaboración de su esposa, Bibis Salisachs, una mujer excepcional, que falleció durante los Juegos Olímpicos de Sydney.

Yo tuve la suerte de asistir con él a todos los Juegos Olímpicos desde Munich 72. Y compartir con él la alegría de la elección de Barcelona 92. Los últimos fueron los de Pekín, donde los chinos le recibieron y le rindieron honores como una de las personalidades que ha tenido una influencia más positiva en la evolución del gran país asiático.

Su hijo Juan Antonio, como miembro del Comité Olímpico Internacional y su hija María Teresa , desde la Presidencia de la Federación Española del Hielo, darán continuidad a su tarea y todos sus familiares y amigos, entre los que me encuentro, garantizaremos que su presencia, sus ideas, sus valores continúen vivos entre nosotros, en España y en el mundo.

Siempre recordaré el día que tuvo la generosidad de concederme y, luego imponerme, el Gran Collar de la Orden del Mérito Olímpico. Pero, sobre todo, siempre le agradeceré las muchas horas que compartí con él a lo largo de los últimos 50 años.

Como Director de la Cátedra Olímpica Marqués de Samaranch, que creamos hace unos años en la Universidad Camilo José Cela, quiero también expresar nuestro dolor y nuestra tristeza por su definitiva ausencia.
Su pérdida deja un vacío irreparable. El Olimpismo, el deporte y sus amigos somos ahora un poco huérfanos. Difícilmente podremos aceptar que ya no podremos contar con su consejo, con su inteligencia, con su capacidad y con su amistad.

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