Desde su fulgurante entrada en la industria de los sueños con su inolvidable papel de la novelista Catherine Tramell en "Basic Instinct" (1992), Michael Douglas, Sylvester Stallone o Leonardo DiCaprio han sucumbido, en la ficción, a los irresistibles encantos de la rubia por antonomasia del cine en las últimas dos décadas.
Dicen que a los ganadores se les reconoce desde la línea de salida, pero pocos hubieran apostado por esta ex conejita de Playboy, cuya primera y fugaz aparición en la gran pantalla se la debe al genio de Woody Allen ("Stardust Memories", 1980). Charito Piedra, como la llamaban en el rodaje de la española "Sangre y arena" (1989), siempre tuvo claro que quería un hueco en el "star-system", aunque fuera a golpe de punzón de hielo.

Sobrevivió a terroríficos subproductos como "Deadly Blessing" (1981), del maestro del horror en esa época, Wes Craven; a las casposas "King Solomon's Mines" y su segunda parte, junto al héroe de la serie B Richard Chamberlain, o a la cuarta entrega de "Police Academy". Entre medias, logró pequeñas apariciones en series de relumbrón como "Remington Steele", junto a Pierce Brosnan, o "Bay City Blues", de Steve Bochco, creador de "NYPD Blue" ("Canción triste de Hill Street").
Pero Stone, con un altísimo cociente intelectual -154- que la convierte en superdotada, supo esperar su oportunidad, que le llegó recién iniciada la década de los 90, gracias al papel que el director holandés Paul Verhoeven le reservó en "Total Recall", junto a Arnold Schwarzenegger. Dos años más tarde saboreó las mieles del éxito con "Basic Instinct", donde dio vida a Chaterine Tramell, un personaje bisexual, violento y maquiavélico que le reportó un hueco destacado en los altares de las divas más ardientes y deseadas.

Todo debido a las escenas de sexo y a su vertiginoso cruce de piernas, en el que mostró mucho más de lo que el director (de nuevo Verhoeven) le prometió que aparecería en escena, ante la mirada lasciva de un atónito Michael Douglas. Fue el papel que le cambió la vida, pero no fue, ni mucho menos, su mejor interpretación. Ese lugar queda reservado para su Ginger McKenna de "Casino" (1995), la esposa de Robert De Niro en el filme de Martin Scorsese, que le reportó su única candidatura al Oscar hasta ahora.
La etiqueta de "femme fatale"Pretendió alejarse de la imagen de mujer fatal que se había creado y entrelazó proyectos muy distintos ("Sphere", 1998; "Cold Creek Manor", 2003; "Catwoman", 2004) con potencial para ser éxitos, pero terminaron rindiendo por debajo de las expectativas.
Nunca fue sinónimo de taquillazo, pero en los últimos tiempos Stone, en 2006 y con 48 años, tuvo que echar la mirada atrás y retomar el personaje que le dio fama para intentar volver a la primera plana de Hollywood. "Basic Instinct 2" resultó decepcionante pero su presencia en la pantalla exudaba tanto erotismo o más que en la cinta original.

Hoy día, a falta de grandes papeles, vuelca sus energías en otras misiones, como la activa lucha que mantiene en favor de las mujeres maltratadas o de los enfermos de sida, después de afrontar etapas complicadas en su vida personal. En 2001 sufrió un aneurisma cerebral y dos años más tarde se divorció del periodista Phil Bronstein, director del "San Francisco Chronicle", con quien adoptó a su hijo Roan dos años después de casarse.
En 2005 nació el segundo hijo de la actriz, gestado en el vientre de una madre de alquiler. Cosas de una rubia con cabeza, resplandeciente en su madurez, que prefirió pactar con el diablo su eterna juventud antes que tirar de bisturí.