La izquierda ante en 1 de Mayo
domingo 02 de mayo de 2010, 09:40h
Pocas veces durante los últimos años los actos con objeto del Día del Trabajo deberían de haber tenido tanta trascendencia como el corriente, habida cuenta de la grave crisis económica que vive Europa. Pero no ha sido así. Destacan especialmente los incidentes habidos en Alemania y Grecia, aunque por motivos bien distintos, así como la “paz social y sindical” que ha sido la nota predominante de las manifestaciones españolas. Por lo que respecta a Alemania, verdadero motor económico de la Unión, viene siendo tónica habitual que cada vez que hay ocasión para ello, grupos de extrema izquierda tomen las calles de manera violenta para reivindicar no se sabe muy bien qué. Dichas reivindicaciones sí podrían tener algo de sentido en Grecia, a la vista del negro panorama que se cierne sobre el país, aunque hay que significar que quienes se dedicaban a quemar autobuses y clamar contra las medidas auspiciadas por la Unión Europea son precisamente quienes más se oponen a las soluciones que su gobierno no tiene más remedio que poner en práctica.
Tampoco en España tienen muy claro los sindicatos quién es el enemigo a batir. Debería serlo el desempleo, que supera el 20 por ciento y constituye a día de hoy uno de los problemas más importantes de España. También podría serlo un Gobierno que durante los últimos tiempos se ha mostrado claramente incapaz de revertir una situación que empeora por momentos. Pero no. Entre fervores de banderas preconstitucionales y eslóganes contra banca y patronal, las centrales sindicales encontraron ayer un hueco en su agenda -repleta de actos de acoso y derribo a la justicia, por otra parte- para escenificar un Primero de Mayo de sostenella y no enmendalla. O lo que es lo mismo, Toxo y Méndez dejaron bien claro ayer que no están dispuestos a renunciar a uno solo de sus privilegios con tal de que desde Moncloa se les siga domesticando. La enorme brecha que para la economía supone tener la tasa de paro más lata de la Unión Europea no debió de ser un argumento de peso lo bastante sólido como para que los sindicatos pidiesen explicaciones al Gobierno. Y si no lo hacen con la que está cayendo, habrá quien no entienda muy bien cuál es entonces su cometido. No hay guerra más absurda que la que se libra contra un enemigo equivocado.