Esto lo arreglamos entre todos
domingo 02 de mayo de 2010, 15:04h
Que vivimos en un mundo absurdo no es ningún secreto. Adoramos a chonis desesperadas como la Esteban, que reivindican con orgullo que no siempre el mejor es quien gana, y dicho con el morro torcido y los ojos perdidos de la de San Blas, casi hasta parece que la frase tiene cierto aura filosófica. Al fin y al cabo, como nada cuenta y todo depende del cristal con que se mire, la peor noticia se puede convertir en una buena si la aderezamos con gracia. Sólo hay que ver al Gobierno que parece suspirar de felicidad mientras el paro aumenta, consolándose con el hecho de que peor no podemos estar, ¿no? Si no se crea empleo en 2010, ya se creará en 2011, ha dicho el tercer vicepresidente, Manuel Chávez, al que supuestamente pagamos por mantener la paz autonómica pero que parece haber tirado la toalla hace mucho tiempo, si es que alguna vez se tomó en serio su cargo.
Y yo, que soy muy optimista, procuro ver las cosas como me las pintan Salgado y Zapatero, pero estos del PP y sus medios afines se empeñan en estropearme el sueño. No estamos tan mal, no somos Grecia, me repito a mí misma en plan mantra cuando veo a mis hermanas, con sus megacarrerones a las espaldas, sus másters y sus mandangas de instituto bursatil, suplicando por un contrato en prácticas que no llega. Procuro pensar en temas candentes y de mucha mayor importancia, como saber dónde estarán enterrados los huesos del tío abuelo Pepe, al que debieron matar en la Guerra, o regocijarme porque por fin en el Senado van a habilitar traductores y todas las herramientas necesarias para que sus señorías puedan hacer gala del pluringüísmo de esta España nuestra.
Juro que lo intento, pero las pesadas de mis hermanas no dejan de pasearse por casa como almas en pena, suspirando por un horario, un jefe cabrón y un sueldo de mierda que, al menos, las haga sentirse útiles. Yo sospecho que deben de ser del PP porque si no no me explico su empeño en quejarse sin parar sobre cómo está la cosa, entorpeciendo con su karma negativo la posibilidad de crear un estado de ánimo colectivo con el que salir adelante. Porque ya lo dice Buenafuente, esto lo arreglamos entre todos, así que yo les animo: ante la adversidad, mirada valiente y cabeza alta, hermanas. Las sonrisas y las palabras bonitas lo arreglan todo, si no mirad a nuestro presi, añado. Pero ni por esas. Se nota que Rajoy les ha inoculado el veneno del agorerismo y no hay quien las saque de ahí.
Reconozco que a mí también me corre un escalofrío por la espalda cuando escucho que no se va a volver a crear empleo hasta el 2016. O cuando me imagino cómo lo deben de estar pasando los casi cuatro millones y medio de parados que sufren su particular lunes al sol. O cuando pienso en qué les rondará por la cabeza a todos aquellos a quienes les han bajado el sueldo y ya no llegan a fin de mes, a quienes ven peligrar su puesto de trabajo... A los que ya se les ha acabado el subsidio por desempleo y deben enfrentarse a la terrorífica perspectiva de seis años, como mínimo, de sequía laboral.
Pero como todo eso depende del cristal donde se mire y todo es relativo y subjetivo, yo como la Esteban, me furo un puro con los datos, las caras largas y el miedo colectivo. Me aferro a eso de que no siempre gana el mejor, le doy la vuelta y me digo, no siempre pierde el peor. No se olviden de que esto lo arreglamos entre todos.
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Periodista
Regina Martínez Idarreta es investigadora del Instituto Universitario Ortega y Gasset
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