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Los tontos útiles de la izquierda encumbran a Zapatero

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
domingo 09 de marzo de 2008, 23:14h
Nunca se habían acumulado tantos tontos útiles como en esta Legislatura para apoyar a un partido competidor en las urnas a cambio de su propio suicidio. Los manuales políticos recogerán en el futuro el papel de Gaspar Llamazares, de Izquierda Unida, y de los inefables dirigentes de Esquerra Republicana de Cataluña, Carod Rovira, Ridao, Puigcercós y demás, prestos, con su sumisa alianza con el PSOE, a dar un paso al frente hacia el abismo a cuenta del odio visceral al fantasma de la derecha española. Sirvieron para criminalizar al PP, pero ahora han quedado como kleenex de desecho para adorno de los basureros.


Es cierto que Rajoy no ha logrado su objetivo. Y es razonable pensar que el abandono sería una opción digna. Pero también es cierto que su voto se ha mantenido fiel, incluso al alza, mientras que el candidato socialista ha abducido a todos aquellos que se consideraron reinas por un día por casarse con Zapatero y no se dieron cuenta de que sólo servían para poner la sangre que mantuviera con vida al vampiro.


El voto de la izquierda genérica o, por mejor decir, de la imagen que muchos tienen del concepto de izquierda, es mayor que el de la derecha en España. Se ha demostrado elección tras elección desde 1977; y sólo cuando la izquierda se desmoviliza o se fragmenta se abre paso la opción liberal conservadora. No ha sido éste el caso, porque los mejores agentes para el triunfo de Zapatero han sido los que le han servido de alfombras durante esta malhadada Legislatura.


Es una buena noticia para España, porque mantener a algunos dirigentes políticos de la izquierda arqueológica en la nómina que pagamos todos los españoles es un desperdicio que no había que permitirse. La mala noticia es que cada uno de sus votos ha alimentado el culto a la personalidad de un dirigente que flota sobre el marketing con soltura, y cuyo peligro reside en creerse tocado por el dedo de Dios.


Compadezco solidariamente a quienes tengan que aguantar los próximos días o meses la exaltación del triunfo por parte de José Blanco y otros aliviados socialistas. Ahora pueden hacer lo que les dé la gana con España, porque tienen la razón de los votos. Pero, por lo mismo, y porque son gente de poder, igual dicen Diego donde dijeron digo, y se olvidan de la memoria histórica, de la alianza de las civilizaciones, de los estatutos soberanistas y de otras sandeces con las que han adornado este pasado cuatrienio.


E igual se acuerdan de que hay diez millones de españoles que no les votan, pero existen.


Seguramente, es mucho pedir. Para curar la fractura de España hace falta mucha grandeza y muy poco sectarismo, lo que hasta ahora no ha sido el caso. Contamos aquí con un bipartidismo tan imperfecto como irreconciliable. Con una distancia que cada vez se amplía más entre el PP y el PSOE, encastillados en sus opciones como en feudos medievales. Con un nacionalismo establemente molesto, que nunca termina de despegar, aunque a veces lo parezca por la debilidad de los gobiernos, y que ahora ve decrecida su capacidad de influir, aunque desesperadamente lo intente.


En este punto, algo de visión de Estado sería tan interesante como milagroso.


Mantengamos, pues, la esperanza, que es lo último que se pierde. Igual Zapatero se cae del caballo, como Pablo, y se acuerda de que, por encima de sus ensoñaciones, está España.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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