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Selección de candidatos y ley de igualdad

Lourdes López Nieto
viernes 07 de mayo de 2010, 20:43h
Dada la creciente desafección ciudadana hacia los políticos, los niveles de gasto público y la necesidad de salir cuanto antes del impasse del gobierno y de la táctica quietista de la oposición, habría que pensar en hacer coincidir las elecciones legislativas con las subnacionales. El argumento del posible contagio electoral sobre los resultados, dependerá de la decisión de los votantes como es lógico en democracia. El voto a su vez estará condicionado en parte por el quehacer de los partidos, especialmente por la credibilidad de las propuestas y por el atractivo de los cabezas de lista. Cuando coinciden varias elecciones, los que han practicado la escisión de voto son una minoría que utiliza las posibilidades de la lista abierta del Senado y que en 1987 y 1999 votó por partidos distintos para elegir el consistorio, los diputados autonómicos y los eurodiputados. Volveremos sobre este asunto más adelante, porque ha comenzado el largo proceso de reclutamiento, a pesar de que no sea muy visible, en contraste con las primarias norteamericanas.

En efecto, cuando falta un año para las elecciones municipales y para la renovación de la mayoría de los parlamentos autonómicos, las aguas de los partidos se agitan con fuerza. Se trata de un tradicional movimiento de cargos públicos (electos y designados) y de aspirantes a ocuparlos, que se caracteriza por presiones de todo tipo sobre quienes seleccionan a los candidatos. Aunque los partidos cuentan con reglas para realizar dicho reclutamiento, lo cierto es que junto a los procedimientos formales existen otras vías paralelas y complementarias. Como consecuencia de ello, salvo los electos que hayan optado voluntariamente por abandonar la actividad política, que cada vez son menos porque crece el número de quienes siempre han vivido de esta profesión, es posible que algunas tareas de los partidos de gobierno desde ahora se vean afectadas por el proceso de selección.

Durante buena parte del siglo XX la lista de candidatos, como la composición de los gobiernos, incluía una representación de los militantes y por ello había algunas mujeres, cuya presencia aumenta paralelamente al reconocimiento del sufragio, casi siempre primero pasivo y después activo de las mujeres. Tras el derrumbe del muro de Berlín, resurge una izquierda radical que vende a los políticos occidentales propuestas buenistas para recolocar objetivos y prácticas comunistas entonces denostadas. Se diseñan nuevos colectivos (mujeres, niños, jóvenes, inmigrantes) que serán tratados de forma paternalista atribuyéndoles derechos colectivos. Así, las mujeres pasan a ser objeto de tutela y discriminación positiva por parte de papá estado a través de numerosas políticas. Rodríguez Zapatero, entusiasta defensor de tales principios e iniciativas, lo transforma entre otras iniciativas en la Ley Orgánica para la Igualdad efectiva de hombres y mujeres. Esta norma ha reformado más de 30 leyes de facto y sin consenso como la Orgánica de Régimen electoral, nueva evidencia de que los acuerdos y principios del sistema político de 1978 comenzaron a debilitarse con la llegada de Zapatero a la dirección del PSOE y se acentuaron desde 2004.

Hasta la aplicación de la ley de igualdad en las listas electorales, eran excepción las electas poco preparadas en términos formativos, profesionales y de experiencia política. ¿Qué efectos ha generado esta ley? Por ejemplo, hoy la mitad de las diputadas del Congreso no son universitarias y además un porcentaje considerable se declara “empleada” del partido (17% entre las diputadas del Congreso de la pasada legislatura). Al comienzo del periodo democrático había menos parlamentarias, pero casi todas tenían un nivel de instrucción y profesional alto. Además, aunque la mayoría de los electos locales tenían un nivel de instrucción muy bajo, el perfil educativo de las pocas mujeres elegidas era superior, mientras que ahora hay más elegidas, pero con bajos niveles educativos y escasa experiencia profesional. Este perfil es similar al de los hombres e incluye a quienes no contestan, porque quienes carecen de titulación mayoritariamente optan por no responder. En suma, la aplicación de esta ley de discriminación positiva, ha contribuido a que las electas sean más iguales a los hombres elegidos. Como estos cada vez tienen menos formación y menos experiencia fuera de la política, empezando por Rodríguez Zapatero, el nivel de los electos, también llamados políticos profesionales, se aleja de los políticos vocacionales y de los mejores preparados. ¿Consecuencias? Creación de problemas e incapacidad para resolverlos.

Zapatero, al aprobar leyes para reorientar el modo de pensar de los ciudadanos sin el consenso del principal partido de la oposición, ha modificado una regla de oro de la democracia. La responsabilidad ante el elector es sacrosanta y los dirigentes no pueden imponerse pensando en su reelección, especialmente si se trata de decisiones aprobadas por mayorías aritméticas variables. El resultado lo percibe hoy todo el planeta y lo sufre la mayoría de españoles.
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