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Gracias, EITB

Regina Martínez Idarreta
domingo 09 de mayo de 2010, 15:27h
Aprovechando que recientemente se celebró el primer aniversario de la llegada de Patxi López a la Lehendakaritza, me gustaría resaltar uno de los mayores logros del “Gobierno del cambio”. Aún faltan muchas cosas por completar o mejorar, pero desde que Alberto Surio, actual director de la EITB, llegó a la televisión autonómica vasca, ésta ha reflejado ese cambio a la normalidad que tanto añorábamos todos aquellos que no vivimos inmersos en un relato bíblico sobre tierras prometidas.

El spot lanzado para promocionar la nueva programación de la cadena, por ejemplo, es un exquisito ejemplo de la realidad social vasca. De la tan manida y cacareada pluralidad, en la que, a pesar de algunos, cabemos todos, “los dicen mamá, y los que dicen ama”, tal y como se reconoce en este anuncio.

Pero si hay algo digno de elogio es la idea de comenzar una serie documental sobre la memoria de las víctimas de ETA. Ahora que no paramos de hablar sobre memorias históricas, se agradece que por primera vez en Euskadi se empiece a mirar a los ojos a todas esas personas que han sido aniquiladas, física y moralmente, por la paranoia de unos pocos, alimentada por la indulgencia a de otros tantos y la indiferencia de otros muchos.

Habrá quien opine y lo hay, como se ha visto en los comentarios surgidos a raíz de una campaña de concienciación similar en los colegios, que este tipo de iniciativas sólo sirven para avivar el rencor y la división social. Quiero pensar que quien dice este tipo de cosas no ha reflexionado en toda su dimensión en el monstruoso fondo de sus palabras. Porque dar por hecho que reconocer el status de víctimas inocentes a los casi mil asesinados de ETA y sus familiares es tomar partido en una cuestión política supone legitimar su muerte. Es algo así como reconocer que murieron justificadamente dentro de esa guerra imaginaria que reconforta a los asesinos, por culpa de su condición de policías, políticos contrarios a la liberación del pueblo, chivatos, periodistas al servicio del Estado opresor o, simplemente, víctimas colaterales que estaban en el peor momento en el lugar más equivocado.

Los casi mil muertos de ETA han muerto en vano. No hay nada que justifique sus muertes. No vivimos en un conflicto intermitente entre un pueblo oprimido y un Estado opresor. Las personas que han sufrido el hachazo de ETA no han respondido al día siguiente colocando una bomba en la casa de sus atacantes. José Luis López de la Calle, cuya figura –junto con la de Juan Mari Jauregi y Jesús María Pedrosa- ocupa el primer capítulo de la serie de documentales, sólo tenía como armas su ordenador y el papel de un periódico. Escudos de palabras que no le sirvieron de mucho para evitar los dos tiros que le descerrajaron por la espalda mientras paseaba por Andoain. ¿Cómo se justifica esta muerte en una democracia? ¿Denunciarla es posicionarse en el arco ideológico del periodista asesinado?

No, no lo es, porque lo único claro en una democracia es que, por encima de cuestiones morales subjetivas, la vida humana es sagrada y que las diferencias políticas se resuelven en los órganos preparados para ello. Reconocer la memoria de quienes han sido mártires involuntarios de unos davides tramposos no es una cuestión ideológica. Es un ejercicio democrático básico, imprescindible para que el sistema no caiga víctima de unos cimientos vacíos.

Resulta duro mirar de frente a la tenebrosa realidad que se esconde tras los pintxos, la playa de la Concha y “lo bien que se vive aquí”, en este País Vasco del que tanto nos enorgullecemos. Porque es algo muy difícil de enfrentar que en uno de los rincones más avanzados de Europa aún haya quien sea capaz de asumir como una cuestión ideológica que maten al vecino de enfrente porque piense diferente. No puede ser que el estigma de esa supuesta culpa que justificó el ataque de ETA persiga a las víctimas por el miedo de toda una sociedad a reconocer su implicación en la continuidad de una máquina de matar que invalida cualquiera de las maravillas de este país. Y la única forma de luchar contra esto son iniciativas como las de la EITB. Gracias.

Regina Martínez Idarreta

Periodista

Regina Martínez Idarreta es investigadora del Instituto Universitario Ortega y Gasset

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