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mantiene la mayoría absoluta

Esperanza Aguirre, la lideresa que siempre sale triunfal de la adversidad

domingo 16 de mayo de 2010, 15:44h
Obtendría de nuevo la mayoría absoluta en la Comunidad de Madrid de celebrarse hoy elecciones. Ha salido airosa de 'Gürtel', de presuntas tramas de espionaje en el seno de su Ejecutivo y de sonadas disputas con integrantes de su partido. Estrella en las redes sociales e intocable en sus filas por su gancho con el electorado, Esperanza Aguirre mantiene más viva que nunca la imagen de una política controvertida que ha logrado sobrevivir a envites muy serios y hacerse respetar por su poder y por su eterna capacidad para el golpe de efecto.
Trazar un perfil de la presidenta de la Comunidad de Madrid es adentrarse en la personalidad de un ser carismático que despierta pasiones y odios a partes iguales. Es la vida de una mujer que manda y a la que, pese a los intentos, nadie ha sabido derribar. Esperanza Fuencisla Aguirre y Gil de Biedma es condesa consorte de Murillo, sobrina del poeta Jaime Gil de Biedma, nieta de catalanes y vascos y madre de dos hijos. Vive en Malasaña, barrio joven y alternativo en pleno corazón de Madrid, lejos de los palacetes atestados de guardaespaldas a lo que acostumbran dirigentes incluso de menor rango. Es vecina de Fernando Sánchez Dragó y de la farándula capitalina. Entre antiguos pero remodelados inmuebles, locales de copas, tiendas de ropa y calles estrechas con encanto y algún que otro joven famoso, la presidenta. Una presidenta camaleónica, todoterreno. Intocable.

Su poder es innegable, como también lo es su capacidad para dulcificar las polémicas, llamar la atención cuando así lo pretende o mostrarse una madrileña más cuando se enfunda un traje de chulapa, un pijama de médico, una chaqueta roja y estrellada –como la bandera de su región- o unos zapatos con calcetín cuando, a la vuelta de un sangriento viaje a Bombay, tuvo que relatar su escapada de la ciudad para no morir en una revuelta.

Porque Esperanza Aguirre también es una superviviente, y no sólo de la jungla política. Así relató en Onda Cero su odisea en la India, en 2008: "Yo llevaba unas alpargatas, que perdí en el momento que tuve que tirarme al suelo, debajo de la barra de la recepción del hotel. Estuve descalza todo el tiempo. Hasta al aeropuerto llegué descalza, pero recordé que tenía unos zapatos de vestir en una bolsa y entonces me los puse. Pero al llegar a la escala que hicimos en pista, donde hacía tres grados bajo cero, quitarme los calcetines del avión me parecía un atentado. Entonces, así llegué a Barajas. La verdad es que no pensé ello. A lo mejor se ponen de moda los calcetines sandalia", bromeó finalmente Aguirre.

Tres años antes, la misma protagonista fue víctima de un accidente de helicóptero en Móstoles del que, al igual que Mariano Rajoy, salió ilesa pese a la espectacularidad de las imágenes. “Estoy viva y entera”, declaró como si nada hubiera ocurrido a escasos metros del aparato destrozado y pocos segundos después de haber sido rescatada de su interior.

Es natural, imprevisible. Difícil de etiquetar. Siempre liberal, desde pequeña. El liberalismo fue el que la acercó a la política activa, sus contactos y referentes quienes le allanaron el camino hacia el Partido Popular, procedente del Club Liberal de Madrid. Licenciada en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, en 1976 logró plaza de funcionaria del Cuerpo de Técnicos de Información y Turismo. Desde entonces trabaja para el Estado. La política le abriría las puertas siete años más tarde.

En 1983, una treintañera Aguirre accedió al Ayuntamiento de Madrid, en el que aprendió a desenvolverse en las concejalías de Medio Ambiente y Cultura, antes de ser nombrada teniente de alcalde y portavoz del Consistorio capitalino, cargo que en la actualidad ostenta Manuel Cobo.

Lo de Aguirre y Cobo viene de lejos. Es manifiesta su enemistad y sus diferencias tanto personales como en el modo de hacer política. El vicealcalde manifestó en una célebre entrevista a El País que era “de vómito” lo que personas cercanas a la presidenta regional estaba haciendo con Rato en relación a la Presidencia de Caja Madrid. Tensión interna, la pelota al tejado de Rajoy, suspensión de militancia temporal de Cobo y todo zanjado.

En 2004, la mano derecha de Gallardón había intentado arrebatarle a su azote la Presidencia del Partido Popular madrileño, pero no logró los avales necesarios y mordió el polvo, como lo han hecho la mayor parte de los que la han retado.

Su carrera en la política nacional arranca en 1996, cuando es elegida senadora por Madrid. Sólo dos meses después de llegar a la Cámara Alta, Aguirre es llamada por José María Aznar para ofrecerle el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, que dirige hasta que, en 1999, pasa a ser la primera presidenta del Senado, como más tarde lo sería de una comunidad autónoma. En 2002, comenzó su aventura en Madrid, la que le ha dado nombre, relieve y ha definido el perfil de la Esperanza Aguirre que hoy conocemos. Como ministra y presidenta del Senado era conocido su carácter, pero también una vulnerabilidad de la que dieron buena cuenta determinados medios de comunicación. Aún no había encontrado su hábitat. Quizá hoy tampoco esté en el que ella cree que podría estar... o quizá son habladurías.

Rajoy salió victorioso del célebre Congreso del Partido Popular en Valencia de junio de 2008, pero Esperanza Aguirre le puso picante a la previa después de evidenciar que, para ella, la de Rajoy no era la mejor opción después de su segunda derrota electoral consecutiva. Finalmente, no lo hizo. Hace pocas fechas, Aguirre reconoció que se equivocó al mantener la puerta abierta a una candidatura alternativa. “No estoy aquí para descabalgar a nadie”, dijo, sin olvidar el condimento que siempre pone a sus manifestaciones: “Si hubiera una silla vacía, sería diferente.

Su llegada a la Presidencia de la Comunidad de Madrid no pudo ser más sonada. El ‘Tamayazo’ supuso la última oportunidad del socialismo para gobernar en Madrid en un puñado de años. Los de Ferraz aún nombran aquel día con cierta asiduidad. Siete años después. En la repetición de las elecciones, Aguirre consiguió la mayoría absoluta; cuatro años más tarde, barrió, en una victoria sólo comparable a la de su compañero y sin embargo nada amigo Alberto Ruiz Gallardón en el Ayuntamiento.

Gallardón y Cobo, alcalde y vicealcalde, son camaradas y un bloque de oposición a la Comunidad, con la que deben convivir por obligación. Aguirre se ha opuesto a toda promoción del alcalde dentro del partido y entre los dos han protagonizado escenas y declaraciones a veces graciosas y a veces cargadas de tensión. El pregón de Carnaval siempre ha sido para Gallardón una buena oportunidad para la metáfora con doble interpretación. Besos forzados, sonrisas fingidas y a dejar que pase el tiempo en las decenas de actos anuales a los que asisten de forma conjunta. Por fortuna, saben guardar las formas salvo si un micrófono supuestamente cerrado le da una portada a los medios y pólvora a la batalla entre el alcalde y la autoproclamada lideresa.

El equipo de Aguirre no es menos fiel a ella que ella a sus convicciones. Ni menos atacado por las distintas oposiciones. La presidenta sabe rodearse y valora la disciplina del mismo modo que castiga la descalificación. No da un paso atrás cuando ha tomado una determinación. Tachada de prepotente, malencarada y sorda ante toda propuesta que no nazca de sus allegados, suicida dirán algunos; valiente, otros. La paradoja es que siempre sobrevive.

Gobierna con una oposición en constante duda, contra un socialismo liderado por un Tomás Gómez sin la bendición de Rodríguez Zapatero para 2011. Y contra el propio Rodríguez Zapatero. El presidente tiene un hueso duro de roer en la Puerta del Sol, una líder de la oposición.

El PP de Madrid lleva a cabo una "campaña de rebelión" contra la subida del IVA que el Gobierno tiene previsto aplicar a partir de julio. Lejos de limitarse a criticar, Aguirre actúa. Lo mismo ha ocurrido con los toros, al declarar la Fiesta Bien de Interés Cultural para evitar que pueda debatirse su prohibición como ocurre en Cataluña. Un golpe de efecto. Valencia y Murcia, también ‘populares’, siguen sus pasos. El partido toma nota y copia consignas. Hasta Rajoy se ha acercado a la indómita presidenta autonómica, aclamada y querida por los suyos.

Aguirre azuza a su electorado siendo la más opositora de la oposición. En ocasiones pone en un brete a Rajoy, pero sabe que la necesita, es su bastión. Ha tenido que lidiar con acusaciones de espionaje y también con el caso ‘Gürtel’ dentro de su bancada en la Asamblea Madrid. Es osada, dice que ella destapó el caso. Piensa que la mejor defensa es un buen ataque y, lejos de esconderse, en ningún momento ha dejado de ser la presidenta a la que sus votantes dieron la confianza en 2003 y 2007. Siempre indemne y en primera plana. Genio y figura. Odiada y querida. La condesa que vive en Malasaña.
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