crítica
[i]Robin Hood[/i]: el mítico arquero que ya no viste de verde
viernes 14 de mayo de 2010, 18:02h
Russell Crowe y Ridley Scott han vuelto a trabajar juntos, en esta ocasión para ofrecer a los espectadores una nueva versión del legendario personaje que tanta fama alcanzó por repartir entre los pobres lo que robaba a los ricos. La cinta, con una estética muy cercana a las clásicas películas de aventuras y que profundiza en el mítico personaje durante el periodo inmediatamente anterior a convertirse en “Príncipe de los desamparados”, ha podido verse esta semana en el Festival de Cannes fuera de concurso y está desde ayer en las salas de cine españolas.
Fue en 1922 cuando las andanzas de Robin Hood llegaron a la gran pantalla, entonces muda, y no tardaron mucho en cautivar al público de la época. Desde entonces han sido innumerables las versiones que han narrado la leyenda de este ladrón de la Edad Media que habitaba en los frondosos bosques de Sherwood, y cuyas primeras baladas describiendo sus hazañas datan, nada menos, que del siglo XV. Una de las versiones más famosas fue, seguramente, la película protagonizada por el estilizado y elegante Errol Flyn, quien se paseaba por el bosque lanzando flechas y ataviado con un curioso atuendo verde, que ha quedado grabado durante décadas en la imaginación de varias generaciones de seguidores del morador de Sherwood.
Pero, ¿cómo y cuándo fue a parar allí el valiente justiciero? ¿Qué ocurrió para obligarle a convertirse en un proscrito y refugiarse en el bosque? Estas parecen ser las preguntas que se hizo el director británico Ridley Scott para abordar el argumento de su último trabajo. Así, la cinta se fija en la persona que pudo ser Robin Longstride antes de convertirse en Robin Hood. Y nadie mejor, en la mente de Scott, para encarnar a un valiente luchador que el fornido actor australiano, quien, a pesar de su contundente físico y sus duras facciones, sabe sacar partido con eficacia a los momentos en los que el héroe se muestra vulnerable o tira de su británica ironía para conquistar el corazón de su amada. Scott y Crowe se conocieron a raíz de Gladiator, otra cinta de aventuras en la que Crowe sacaba sus músculos sin olvidar los sentimientos y, desde entonces, han colaborado en otras tres cintas de diferente género, pero siempre con muy buena acogida por parte del público: “Un buen año”, “American Gangster” y “Red de mentiras”.
En Robin Hood, además, Crowe aparece muy bien acompañado. No sólo por la fantástica Cate Blanchett, capaz de ofrecernos una versión de Lady Marian que combina fuerza y tozudez con extrema sensibilidad, si no también por la mayoría del resto del reparto elegido por Scott, entre los que destacan dos veteranos de Hollywood de la talla de Max von Sydow y William Hurt. La cinta, cuya acción se inicia en Francia donde el protagonista lucha a las órdenes del rey Ricardo Corazón de León antes de regresar a Inglaterra en busca de sus orígenes, se rodó en Inglaterra y Gales. Los pueblos de Nottingham, York y Peterborough se reconstruyeron en Surrey, y en Londres se rodaron los interiores de los castillos y las escenas en las que aparecen emblemáticos edificios de la época como la Torre de Londres. Y como buen filme de aventuras no faltan en él las impresionantes secuencias de batallas, como la que tiene lugar en una inmensa playa desde la que miles de arqueros ingleses tratan de impedir el desembarco del ejército francés a punto de invadir la isla, y para la que el director de fotografía John Mathieson utilizó hasta doce cámaras al mismo tiempo, consiguiendo un efecto de gran impacto visual.