Crítica de ópera
Violeta Urmana triunfa en Madrid con su interpretación del difícil papel de Norma
viernes 21 de mayo de 2010, 11:55h
Violeta Urmana salió al escenario del Teatro Real precedida de un anuncio de megafonía que advertía que la soprano lituana se encontraba aquejada de un proceso gripal, pero que, por deferencia con el público, había decidido actuar en el estreno de Norma. No era, desde luego, un buen presagio.
Para ninguna ópera, pero si cabe, menos aún cuando se trata de la octava de las óperas compuestas por Bellini, cuya protagonista, Norma, la suma sacerdotisa de los druidas, presenta una tremenda complejidad interpretativa que únicamente debe ser cantada por grandes voces para lograr todo su efecto. En Madrid, donde Norma no se representaba, a excepción de galas veraniegas, desde 1978 con Montserrat Caballé, se esperaba la velada de anoche, la primera de las tres únicas funciones programadas de la obra de Bellini en versión concierto durante este mes de mayo, con especial interés; de modo que, hasta que Urmana no deslumbró con su interpretación de “Casta Diva”, provocando los primeros aplausos y bravos, el público no se relajó del todo. Probablemente, la gran soprano, tampoco.
A partir de ese momento, Norma continuó con la desesperada búsqueda de su identidad, transmitiendo las contradicciones de una mujer que se siente increíblemente culpable por haber traicionado a su pueblo, e incluso a sus dioses, a causa de un amor que acaba en traición. Menos intensa y regular fue la interpretación de Francesco Hong dando vida a Pollione, papel para el que estaba programada la actuación de Roberto Aronica. Especialmente al principio, el seductor romano que hace estragos entre las mujeres druidas, interpretado por el tenor coreano, parecía “frío”, incluso distante del tremendo secreto que desvelaba a su amigo Flavio: después de haber enamorado a Norma con quien ha tenido dos hijos, su amor es ahora para la joven e inocente Adalgisa. Y porque no sólo de Norma, vive Norma, Adalgisa, a quien anoche interpretó, con gran entrega y calidad, la mezzosoprano italiana Sonia Ganassi, convirtiendo sus dúos con Urmana y también con Hong, en algunos de los momentos más logrados y bellos del concierto, fue la otra gran triunfadora de la velada.
El cuidado reparto lo completaban Sandra Ferrández como Clotilde, Andrés Veramendi en el pequeño papel de Flavio, y, especialmente a destacar, el bajo italiano Carlo Colombra que construyó un magnífico y oscuro Oroveso, desde que salió al escenario para pedir a los druidas, con aplomo y profundidad vocal, esperar el momento en que la luna desvele su “argento disco”. Las intervenciones de Colombra junto con el Coro Titular del Teatro Real, Coro Intermezzo, en el que para estas tres funciones ha sido convocada Sonsoles Espinosa, que cantaba en el Real por segunda vez, fueron muy premiadas por el público, igual que lo fueron el coro en su conjunto y su director, el austriaco Peter Burian, la Orquesta Titular del teatro de la Plaza de Oriente, y el director musical Massimo Zanetti, considerado como uno de los directores más interesantes de su generación, especialmente en el campo de la ópera, y por primera vez en el teatro madrileño.