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El Sahara y el Sahel en la proyección africana del Magreb

Víctor Morales Lezcano
viernes 21 de mayo de 2010, 16:31h
En las entregas enviadas a las páginas de El Imparcial en los tres primeros meses de 2010, abordé algunos aspectos prioritarios de la política exterior de Marruecos. Tales como sus asendereadas relaciones con España y Francia; o las que -al menos formalmente- no-mantiene con Argelia, su presunto antagonista regional.

Evidentemente, el nudo gordiano de la política exterior de Marruecos (y de la interior, o sea, de cara a los partidos que integran el arco parlamentario de su sistema político, de los medios de comunicación social, y de la opinión pública), sigue siendo la cuestión del Sahara occidental a partir de 1976. Le va a la zaga, en importancia, el trato privilegiado que la Unión Europea ha concedido a Marruecos merced a la firma del Estatuto de marras, que tuvo lugar en Luxemburgo, el 13 de octubre de 2008.

Me parece del género de la evidencia la importancia que poseen ambas dimensiones exteriores del Reino en su proyecto inmediato de actuación exterior, que es replegable -a propósito- hacia el interior y viceversa.

Revisemos a la altura de estas calendas de primavera, cómo transcurre el primero de los asuntos de Estado, a la luz, en concreto, de una creciente participación estadounidense en entresijos cruciales para Marruecos, el Magreb y su frontera meridional.

En efecto, la planificación de una intervención militar americana en la región del Sahel (subsahariano inmediato, si territorialmente considerado), no dejará de repercutir en la política argelo-marroquí orientada hacia Estados como Mauritania, Mali, Níger, Chad mismo. La añoranza de corte geopolítico que Argel y Rabat vienen sintiendo hacia una rectificación de las fronteras heredadas del período colonial tardío, y postcolonial inmediato -que conoció su cúspide en la guerra de las arenas (1963)-, les lleva a ambos gobiernos a plantearse en estos momentos la creciente intervención de tropas americanas en el lebensraum saheliano.

No sólo el Sahara puede poner en solfa el statu quo inter-magrebí y el franco-hispano-marroquí en torno a las ex-provincias españolas de Río de Oro y Sequia el-Hamra, sino que la operación de vigilancia patrullera que comanda el general William E. Wando, desde el centro neurálgico de Africom, viene a introducir otro actor decisivo en la geopolítica regional (Sahara-Sahel).

Sabido es que al-Qaeda sigue filtrándose y actuando en el Magreb (Aqmi) a la manera “descoyuntada” y repentina que la caracteriza desde sus orígenes. De otra parte, como he apuntado en esta columna alguna que otra vez, la fragilidad de los gobiernos de los países sahelianos, invita al establecimiento en su territorio de células movedizas al servicio de al-Qaeda; fenómeno, éste, que inquieta bastante a los responsables de la política exterior de los Estados Unidos en África.

Probablemente, parte de esa inquietud ha aconsejado la constitución del Centro de Mando Militar Americano para “promover la seguridad y la estabilidad en África, al tiempo que coordinar el apoyo de los Estados Unidos a los países africanos”.

Vigilancia, pues, del Pentágono sobre el doble eje (Sahara-Sahel) del Continente, o primado de la geopolítica en la exteriorización de la potencia imperial; y en segundo lugar, cálculo previo del ascendiente económico a obtener en los países de la Zona vigilados.

De esta guisa lo han visto y considerado, tanto el coronel marroquí Mohammed Boughdadi (Mirada sobre la seguridad euro-magrebí frente a los desafíos saharianos) como los analistas James Carafano & Nile Gardiner (Asistencia militar americana en África: la mejor solución).

No ha faltado quien -como el politólogo Mustapha Sehimi- ha adelantado la solución de la figura del protectorado económico-militar en el doble eje (Sahara-Sahel), al que vengo refiriéndome desde un principio. Y lo escribe como si de una implantación real se tratara, no de un proyecto en ciernes.

La percepción de autores tan diferenciados, como las tres fuentes que acabo de citar, coinciden en un hecho significativo que es otra evidencia de su género. A saber, que, cuando los mecanismos de gobernanza primero, y, sobre todo, cuando la sostenibilidad económico-financiera en una sociedad, no es suficientemente garantista, varias instituciones -inter y transnacionales- se ven abocadas a intervenir en naciones que, como ha ocurrido con Grecia (¡dentro de la euro-zona!), sufren de un déficit crónico, inquietante para el Sistema en su conjunto.

No pretendo extrapolar abusivamente ni lanzarme a establecer comparaciones que puedan resultar fruto de una especulación gratuita. Sin embargo, soy de la opinión de que en la escalada de desajustes internacionales que se han encadenado entre los años 90 del siglo XX y primer decenio del XXI, Estados Unidos ha tenido que mediar en una serie de escenarios geopolíticos en crisis. Eso sí: con mayor o menor desacierto. No resulta nada extraño -ni incongruente-, por tanto, que se haya constituido Africom; ni, tampoco, que el doble eje de Sahara-Sahel haya pasado a ocupar un puesto notorio en la radiografía, made in USA, de los territorios africanos en peligro de abordaje.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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