Arto Paasilinna: El mejor amigo del oso. Traducción de Dulce Fernández Anguita. Anagrama. Barcelona, 2009. 320 páginas. 19 €
En su presente edición de 2010, la Feria del Libro de Madrid va a estar dedicada a la
literatura nórdica, de gran auge en nuestro país. A tal fenómeno contribuyó, además del
boom de la trilogía
Millenium, la publicación el pasado año por Anagrama de la versión española de una de las obras más conocidas del autor finés, de gran éxito, Arto Paasilinna (Kittila, 1942),
El mejor amigo del oso, simpática novela que narra la historia de un pastor protestante de un pequeño pueblo de Finlandia, Nummenpää, y su cachorro de oso, Lucifer, que “va dejando mojones hasta en la sacristía”. Juntos vivirán situaciones asombrosas y divertidas y se cruzarán con personajes pintorescos como Jari Mäkelä, un atleta retirado que ha inventado un nuevo deporte: el lanzamiento vertical de jabalina, “disciplina dura y exigente donde las haya”. El pastor, Oskari Huuskonen, que acostumbra a pasear a todas partes con su osezno, es un personaje inquieto y revolucionario, que a sus cincuenta años recién cumplidos pone en duda todo el credo de su Iglesia (“Después de mucho meditar llegó a la conclusión de que no hay garantía alguna de la existencia de Dios”) mientras confiesa sus dudas y pecados desde el púlpito, lo que le valdrá las continuas reprimendas del obispo.
Arto Paasilinna, el autor, nos plantea a través de este sinfín de peripecias cómicas y utilizando también algunas citas de las Sagradas Escrituras, reflexiones más o menos serias sobre la vida: “Las mujeres se divorcian de sus maridos, pero rara vez lo hacen de sus muebles”; o ¿existe Dios?, ¿existe la vida extraterrestre?... Y lo más importante, ¿es muy diferente el hombre del animal? “Dios prueba a los hombres y les demuestra que son como bestias (…) En nada aventaja el hombre a la bestia, pues todo es vanidad”. Así, humaniza la figura del oso, que es capaz de mantener la compostura en los servicios dominicales convirtiéndose en un reclamo para los parroquianos, que “seguían con arrobo las hazañas del cachorro hasta que hubo más feligreses en Nummenpää que en cualquier otra iglesia de la diócesis”. También aprende a ir al baño, hacer la colada, planchar, santiguarse, limpiar las migas después de comer y barrer… Pero sobre todo, se convierte en el
mejor amigo del pastor.
Con un lenguaje cotidiano, cargado de términos coloquiales, y un estilo aparentemente sencillo –trasladados de forma precisa a nuestra lengua–, Paasilinna consigue captar la atención del lector desde el principio hasta el fin y que, mientras esbozamos repetidas sonrisas, nos planteemos: ¿Y si los humanos hibernasen? ¿Y si los osos hablasen?...
Por Patricia Flores