Italia: ¿un país de “bamboccioni”?
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 30 de mayo de 2010, 15:13h
Fuera de Italia, la imagen estereotipada de los jóvenes italianos probablemente es la siguiente: independientemente de la edad, siguen en la casa paterna, tachados de “mamones”, viven bajo el ala protectora de la querida mamma, que le plancha los calzoncillos de superman y le cose los calcetines de algodón; no hacen nada y viven del dinero semanal que le pasa el padre. En efecto, el panorama presentado por el Instituto Nacional de Estadística (ISTAT) no difiere tanto, aunque frecuentemente se trata de algo más que una “síndrome del nido familiar”. Las estadísticas del ISTAT no tienen piedad: más de dos millones de jóvenes entre 15 y 29 años pertenecen al NEET (not in education, employment or training) o a la llamada generación Ni-Ni. Además, desde 1983, se ha triplicado el número de bamboccioni, es decir, jóvenes de más de 30 años (ya no tan jóvenes siendo sinceros), que aún viven en la casa de los padres, un 28,9% en 2009.
Pese al irritante optimismo de Berlusconi (“no hagan caso de los catastrofistas), el deterioro de la economía italiana es latente, tanto que hasta los periódicos a él cercanos (bueno de su hermano, de su hijo, de su hija…) hablan de “la crisis más profunda de la historia económica reciente”. Ya, Italia sufre entre las caídas más fuerte de Europa, un crecimiento anual del 0,1%. No cabe duda que los jóvenes italianos se han convertido en el emblema de la crisis social que aflige al país, obteniendo el récord europeo de “jóvenes al borde de la exclusión social”. Cada año 300.000 jóvenes se quedan sin trabajo, aumentando de forma alarmante el número de desocupados inactivos.
Pero la permanencia bajo el techo paterno, ¿es consecuencia de la grave crisis económica que padece desde hace una década? No sólo, las causas son muchas: admitiendo la existencia de algunos “frenos culturales” a la salida de casa (en las familias católicas hasta la boda a la que es deseable llegar virgen…), la falta de trabajo, el coste elevado de las vivienda y la ausencia de una política de welfare a favor de los jóvenes complican el panorama. Además, merece subrayar un dato: si antes para muchos quedarse en casa de los padres representaba una elección, una “opción cómoda”, hoy la convivencia parece forzada. ¿Cómo se puede mantener una casa sin un empleo fijo? Ya, la precariedad laboral como “mal du siècle”, como la razón para sentirse atrapados en unos esquemas familiares ancestrales. De hecho, la confirmación de que se trata de una convivencia impuesta, la ofrece otro dato del ISTAT, según el cual, en 2009, el 51,9% de los jóvenes declaró que quiere irse de casa, seis puntos porcentuales más que en 2003.
Estamos en presencia de un aspecto preocupante de la sociedad italiana. Sorprende que “sólo ahora”, los políticos, los sociólogos y Berlusconi se den cuenta de este fenómeno. Se ha llegado al extremo que el Ministro Brunetta (si, él que le garantiza a Buenafuente un chiste sobre Italia e italianos cada semana) está pensando en proponer una ley que obligue a los jóvenes de 18 años a salirse de su casa. Ahora ya el clima en Italia es tan surrealista que no se sabe cuando un ministro habla en serio o simplemente para provocar.
Sin embargo, recuerdo el día (4 de octubre de 2007) en que el entonces Ministro de Economía de Prodi, Tommaso Padoa Schioppa, invitó a “sacar fuera de casa a los bamboccioni”, invitándoles a despabilar, completar su formación profesional para ser más competitivo, alcanzar niveles de educación superior. ¿La reacción de la oposición (Berlusconi y Cía.) y de algunos de los suyos? Se gritó a la ofensa patria, a la injuria de los jóvenes en dificultad. Han pasado tres años y un nuevo Gobierno: pues, no hemos visto ninguna iniciativa de ayuda para los jóvenes, ningún incentivación a mejorar las cosas. No, ninguna acción del Gobierno (bueno en este y en mil campos más) digna de mención: nada y nadie hace nada para revertir esta tendencia. La Ministra de la Juventud no sólo ya no lo aparenta, sino ni la recuerda…
La situación es tan desesperada que hasta los informes de la UE invitan a los jóvenes italianos a dejar el país y buscar otras oportunidades fuera de Italia. Mientras en varios países de la Unión Europea, el Estado ofrece becas de estudio, subsidios de alquiler, garantías crediticias, en Italia, la inoperatividad del gobierno ha contribuido al deterioro social del país, multiplicando los trabajos precarios, aumentando el desaliento de los jóvenes que renuncian a buscar trabajo. Por eso, no me extraña que los jóvenes representen el 44% de los desocupados de larga duración: a contrario, añadiría que el número es ficticio ya que muchos ni se presentan al mercado de trabajo. El que este Gobierno (y los anteriores) no consigan entender que el índice de desocupación de Italia (8,6%) es artificioso: en Italia se suele decir que el trabajo ennoblece al hombre. Ya, y le permite irse de casa de sus padres.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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