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Crítica de cine

[i]La última canción[/i]: Miley Cirus abandona a Hannah Montana

jueves 03 de junio de 2010, 15:24h
Ayer se estrenó en nuestro país el largometraje que sirve a la famosísima Miley Cirus para dejar de lado al personaje de Hannah Montana y entrar de lleno en el mundo de los dramas románticos dirigidos al público adolescente.
Para que Hannah Montana dejara de serlo sin que Miley Cirus corriera el peligro de perder su gancho con los millones de fans adolescentes que siguen sus aventuras, había que hilar fino. La experiencia de otras estrellas jóvenes que en el paso de la infancia a la adolescencia habían extraviado su carisma e, incluso, se habían convertido en tristes muñecas rotas sin rumbo, como en el caso de Britney Spears, ha servido de guía para que todo en el filme protagonizado por Miley Cirus sin el traje de la dulce Montana, esté estudiado hasta en el último detalle.

Para empezar había que buscar una historia que combinara lágrimas, romance juvenil y, por supuesto, música. Y nadie como Nicholas Sparks, el autor de novelas llevadas al cine con éxito como “Querido John” o “El cuaderno de Noah”, para asegurar un relato que integrara todos los elementos que gustan al público más sentimental. Y, por primera vez, el escritor de Omaha se vio en la situación de escribir el guión antes de acabar la novela. La petición le llegaba directamente desde el entorno de Cirus. A la joven actriz le habían gustado mucho sus libros y quería interpretar uno de sus personajes, pero no uno cualquiera. Sparks creó uno sólo pensando en ella, y fue la joven quien, incluso, eligió el nombre de la chica rebelde que abandona sus prometedores estudios en una escuela de música para fastidiar a sus padres.

Es el momento en el que arranca la acción: a Ronnie y a su hermano pequeño, interpretado por un genial Bobby Coleman, prometedor a sus doce años y, sin duda, el mejor de todo el filme, capaz de aportar la frescura que le falta al resto de los compañeros de reparto, que viven con su madre en Nueva York, les mandan a pasar el verano con el padre, un concertista de piano que abandonó a la familia hace años para trasladarse a la isla de Tybee, un idílico paraje de Georgia. Y como era de esperar, Ronnie, que está en esa difícil edad en la que las hormonas hacen de las suyas, protesta por todo y muestra su cruel rechazo a un padre al que casi no conoce, interpretado por el siempre discreto, o, más bien, mediocre, Greg Kinnear.

La música es el único punto que podría hacer de puente entre padre e hija, pero no funciona hasta que el verdadero milagro, el amor, trasforma a la jovencita pesada en un terroncito de azúcar. Cuando cae rendida en los brazos de Will, el musculoso y bronceado actor australiano Liam Hemsworth, las aguas comienzan a volver a su cauce y, aunque a todos les espera el momento más dramático de la historia, a partir de ese momento el relato apela a los sentimientos más profundos para que lo que hasta entonces habían sido sonrisas se conviertan en lagrimas. No hay final feliz, pero en realidad, es como si lo hubiera, porque Cirus consigue el estatus de madurez del que carece en el inicio y, aunque el filme es descaradamente sensiblero, las adolescentes seguro que van a disfrutar del conjunto y a sus acompañantes adultos, si es que permiten que haya alguno, no les resultara el pelmazo absoluto que desde el principio uno se pueda temer.

Es la banda sonora lo que, en cierto modo, más aporta a la cinta. Incluye canciones de algunas de las estrellas musicales más populares del momento y, por supuesto, hay dos canciones originales interpretadas por Miley Cirus, “When I look at you” y “I Hope You Find It”. La primera, que se ha convertido en el tema insignia del largometraje, había sido concebida como parte del próximo álbum de la cantante, pero su letra, que habla de amor, y también de Dios y de la familia, hizo que resultara muy apropiada para el filme.
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