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Quien gobierna -o debería hacerlo- es el PSOE, no el PP

lunes 07 de junio de 2010, 07:27h
Si hay algo que no se puede reprochar a los integrantes del PSOE es su absoluta fidelidad a la estrategia marcada por el partido. Hacen gala de una disciplina admirable, en general: aunque, a veces, resulte letal, tanto para el país como para el partido. Buena prueba de ello es la unidad de discurso que sus primeras espadas siguen a la hora de vender la idea de que la crisis es culpa del PP. Empezó el viernes María Teresa Fernández de la Vega con su ya famoso “el PP no arrima el hombro”; prosiguió el sábado el vicesecretario de organización, José Blanco, abundando en el mismo latiguillo sin sentido; y ayer le tocó el turno a Alfredo Pérez Rubalcaba, quien reprochó a los populares que anduviesen enturbiando la imagen de España por el extranjero.


En primer lugar, no se sabe a qué “hombro” se refieren o necesitan, en un régimen político donde, durante más de seis años, han gozado de una situación parlamentaria, sino mayoritaria, desde luego muy confortable. Se equivocan, pues, los socialistas. Fundamentalmente, porque son ellos quienes gobiernan; o, al menos, deberían hacerlo. Gobernar es, entre otras cosas, organizar y actuar. Y no parece que ni lo uno ni lo otro aparezcan en la agenda del Presidente del Gobierno. Quizá por ello, las últimas encuestas revelan que más del ochenta por ciento de los españoles no confía en Zapatero y piensa que se mueve a golpe de improvisación. Además, los datos son tozudos; más de cuatro millones de parados y una deuda pública bajo sospecha no son elementos muy “maquillables” a la hora de vender las excelencias del Gobierno.


Así las cosas, pretender que los mercados internacionales siguen al dedillo las consignas del principal partido de la oposición y que por eso se producen las fluctuaciones bursátiles de los últimos días es un insulto a la inteligencia colectiva. Es triste que el señor Rubalcaba, un ministro ilustrado en un entorno de iletrados se contagie de tales disparates. Lo que ahuyenta a los llamados mercados de “especuladores” -léase por tales términos derogatorios, aquellos ahorradores nacionales y propios que prestan dinero a un país que lo pide porque lo necesita- es un gobierno que ha pasado de presentar un superávit cercano al 3%, a un déficit rayano en el 12% y que carga con más de 4 millones de parados dudosamente financiables. Esa es la dimensión de irresponsabilidad que castigan unos mercados que les traen al fresco los clarinetes de la oposición. Los inversores son más serios que todo eso, aunque sólo fuera -y nunca mejor dicho- por la cuenta que les trae. Que el Gobierno, pues, deje de culpar al empedrado y se dedique a lo suyo, que es gobernar; a poder ser, mejor que hasta ahora.
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