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Fuentes cercanas al ministro explican a El Imparcial su situación en el Gobierno

Corbacho se siente ninguneado por Zapatero y quiere volver a Cataluña

sábado 12 de junio de 2010, 18:17h
Celestino Corbacho fue desautorizado ante patronal y sindicatos por el jefe de Gabinete del presidente del Gobierno en una de las últimas reuniones mantenidas con motivo de la reforma laboral. Una persona vinculada con la política y muy próxima al ministro ha explicado a EL IMPARCIAL la frustración del titular de Trabajo por el "ninguneo" que sufre. Corbacho soñaba con acabar su carrera política en un Ministerio, pero ahora desea volver a Cataluña, además de por cuestiones personales, porque se ha dado cuenta de que tiene las manos atadas.
Celestino Corbacho es el ministro de Trabajo en un país con 4.066.202 parados. Los dos últimos meses, en los que la sangría se ha detenido, ha presidido una mesa de diálogo social que no ha sido capaz de concretar una reforma del mercado laboral para España. Cuando concluya el periodo estival, está previsto que el desempleo vuelva a la crítica senda del crecimiento. Sin embargo, ha sido Elena Salgado quien ha recibido la mayor parte de desaires por el paro y Corbacho quien ha dado voz a su mano derecha, Maravillas Rojo, cada vez que su Ministerio ha tenido que dar la cara para informar sobre el número de personas que han perdido su fuente de ingresos. Quizá es por eso que el titular de Trabajo de la legislatura del paro superara la primera crisis de Gobierno en abril de 2009 y que pase inadvertido en las quinielas sobre la siguiente. O eso se pensaba.

“Apostaría por que le quedan semanas. Es la cara del paro para Zapatero y cuando cambie el Ejecutivo, una vez cerrada la reforma laboral, le dará puerta”, afirman a EL IMPARCIAL fuentes muy próximas a Celestino Corbacho conocedoras de primera mano de su situación personal y profesional al frente de Trabajo. “Aguantó la primera crisis de Gobierno y aguanta todavía en el Ministerio porque no se ha quejado”, explican estas mismas personas después de matizar que Corbacho tiene mucho que decir, pero lo calla.

Calla que no le ha sentado bien haber sido desautorizado públicamente en diversas ocasiones, como cuando cifró la economía sumergida en el 20 por ciento del PIB. Horas más tarde, Elena Salgado le reprochaba que sus palabras no tenían “base científica”. Hay más ejemplos. Sin cámaras de por medio, en una de las últimas reuniones entre Gobierno, patronal y sindicatos para intentar definir el texto que contemple la reforma del mercado laboral, José Enrique Serrano, jefe de Gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero, quitó la palabra al ministro para corregirle en algunas de sus valoraciones delante de los representantes de los empresarios y los trabajadores. La palabra del presidente por encima de las de su supuesto hombre de confianza.

Corbacho no tiene voz, está maniatado, “quemado y ninguneado”. Lo confirman aquellos que lo conocen, que comparten mesa y mantel y conversaciones de pasillo en las Cortes y fuera de ellas. Estas mismas fuentes ejemplifican el arrinconamiento del ministro también en que personalidades imprescindibles para la negociación en el seno de Trabajo, como Cándido Méndez, conversan semanalmente con el presidente del Gobierno, se saltan a Corbacho y nadie le informa después de los temas abordados entre los agentes sociales y Moncloa. De ahí que el ministro se sienta sin autoridad para hablar y con temor a llevar la iniciativa.

El ex alcalde de Hospitalet de Llobregat soñaba con acabar su carrera en una consejería en Cataluña o, apuntando más arriba, en un Ministerio, después de una trayectoria política que había desarrollado paso a paso, estamento a estamento. Personas influyentes del PSC, entre ellas Carme Chacón, hicieron que las aspiraciones de Corbacho se vieran satisfechas en 2008. Ministro de Trabajo e Inmigración. Con él, un equipo de colaboradores de su conocimiento y aprobación que, en opinión de sus allegados, han lastrado su gestión. “Tiene un equipo de tercera regional, quizá muy válido para un ayuntamiento, pero no para un Ministerio”, valoran unas fuentes que dicen que, de igual forma, señalan que Corbacho ha pasado de ser un dirigente “válido y correoso” en asuntos locales pero “incapaz” en los estatales, debido en gran medida también a la delicada situación económica con la que se encontró nada más aterrizar en Madrid.

Celestino Corbacho, ministro de Trabajo. Efe"La culpa es de la situación económica, pero la responsabilidad de no haber reaccionado hace dos años, cuando muchos le advertimos de lo que iba a ocurrir, es suya”, apunta un diputado del Partido Popular, que también alude al equipo de Corbacho: “No ha sabido rodearse como sí supo Jesús Caldera, aunque la actitud de Caldera era altiva y prepotente y Corbacho es un hombre afable y dialogante”. La oposición reprocha al ministro no haber actuado antes y que haya “dejado en manos de patronal y sindicatos” todo lo relacionado con el mercado laboral. “Además -añade el parlamentario-, fue incluido en el Gobierno, sobre todo, para abordar Inmigración, campo en el que tenía buena fama en Cataluña, pero no ha hecho nada tampoco”.

La reforma laboral, ¿el punto y final?
A los problemas del ministro de Trabajo, vetado desde arriba, desinformado y sin capacidad de movimiento, se suma que su mujer no está a gusto en Madrid después de toda una vida en Cataluña, donde ha dejado hábitos y amistades. Hombre muy próximo a UGT y al movimiento sindical en general, ha visto además cómo algunas organizaciones de trabajadores, incluso las más próximas al PSOE, piden su dimisión.

Es el caso de la Unión Sindical Obrera (USO), combativa contra la gestión de Rodríguez Zapatero y muy crítica con Corbacho desde su llegada no sólo por sus hechos sino también por sus palabras. José Luis Fernández, secretario de Comunicación de USO, recuerda que el ministro aseguró que España no llegaría a los cuatro millones de parados. También, que el presidente del Gobierno afirmó hace dos meses que las cifras del desempleo habían “tocado techo”, por lo que USO propone que, en caso de que se sume un solo parado más, “Zapatero dimita y ponga su cargo a disposición de los ciudadanos”.

Las conversaciones mantenidas con los allegados a Corbacho y con el representante sindical aludido comparten algunos elementos: primero, que el líder del Ejecutivo es tan responsable de la sangría del paro como su ministro; segundo, que los mensajes lanzados han sido contradictorios y que la comunicación, lejos de ser óptima, es confusa y, tercero, que la reacción a los problemas ha sido tardía en buena medida por volcar todo el peso de las soluciones en patronal y sindicatos. “Se ha refugiado en la mesa social, que no ha sido nada fructuosa, y se ha dedicado a hacer proclamas y a limpiar datos”, opina Fernández tras lamentar que las actuaciones se hayan precipitado “sólo cuando el Ecofin ha metido presión”.

Las medidas más urgentes, valora USO, deben ir dirigidas a los parados mayores de 45 años, a la inserción de jóvenes en el mercado laboral y a prevenir el fracaso escolar. “La reforma debe facilitar políticas que generen empleo”, concluye el portavoz del sindicato.

Una vez rubricada, publicada y en vigor la reforma, la misión de Corbacho ha terminado, según estiman dirigentes conocedores del clima entre Moncloa y Trabajo. Mejor dicho, entre Trabajo y Moncloa. El ministro lamenta ser desautorizado una y otra vez y en más de una ocasión ha confesado en petit comité que le gustaría regresar a Cataluña. Pese a no ser el miembro del Gobierno con mayor desgaste, dado que el grueso de las críticas por el paro las ha asumido Elena Salgado, Corbacho siente la impotencia de no poder actuar con libertad y teme no tener nada más que hacer en la política nacional. Ahora sueña con un plácido retiro, a poder ser en su añorada Cataluña.
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