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El Club Bilderberg no existe

José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
lunes 14 de junio de 2010, 20:24h
Hace poco volvió a reunirse el “misterioso” Club Bilderberg (un selecto grupo de carácter informal que reúne a personalidades del mundo de la empresa, la política o incluso de la comunicación, sin un objetivo claro), esta vez en un hotel de lujo de la localidad catalana de Sitges. Es importante dejar claro que me quiero desmarcar de cualquier interpretación conspiranoica (propia de los “paranoicos de la conspiración”), y que dicho fenómeno, el cual encuentro muy interesante, (en tanto que gracioso, creativo, imaginativo, y revelador de lo ridículos que son metarrelatos), se aleja por completo de la presente reflexión.

No es necesario buscar en ninguna parte algún tipo de “gobierno mundial en la sombra” (ya se trate de masones, illuminati, hombres lagarto o lo que sea), porque dichas autoridades globales ya existen, y de forma bien visible. Sin embargo, este poder no está concentrado en una sola persona, casta o familia, sino que adquiere la forma más propia de los presentes tiempos, (siento hacer referencia en este contexto a Castells) es decir, la red. Nadie necesita un gobierno en la sombra para sacar una moneda única, algo muy temido por los conspiranoicos. Echemos un ojo a nuestras carteras y pensemos en cómo hemos llegado hasta el Euro, y veremos entonces que no hace falta que ningún poderoso actúe con nocturnidad para forzar leyes y decretos. Somos demasiado estúpidos como para que aquellos que “gobiernan el mundo” tengan que andar con sigilo. Ahí tenéis a vuestros carboneros, reptilianos y judeomasones: se llaman FMI, OMC, BM, G7, BP, y BHO (Barak Hussein Obama); son los grandes grupos de comunicación y las corporations, son los grandes grupos políticos y económicos, cuya magnificencia hace olvidar su ilegitimidad y alejamiento, son los especuladores, capaces de manejar el mundo a su antojo, en general cualquiera que tenga la mano puesta en algún grifo clave, ya sea financiero, informacional, energético, o de tráfico de influencias. Si hablamos de personas o grupos de personas con poder sobre la totalidad del mundo, hay muchos ejemplos. Y si nos remitimos a “gente con poder”, pongámonos foucaltianos y pensemos en nuestros jefes, profesores, padres e incluso pares con influencia y poder de convicción. Y no olvidemos mirarnos al espejo y reconocer la cuota de poder que nos corresponde y que, ejercida en masa, nos puede llevar a cambiar muchas cosas.

Hagamos las críticas basándonos en apreciaciones plausibles: dado que nuestros amigos de Bilderberg no constituyen, en ningún caso, una formación de base democrática o de origen institucional, sino que por lo tanto es comparable (en su naturaleza) a un club de fumadores, una asociación de gordos, o un grupo de jugadores de rol, están totalmente deslegitimados para utilizar a su antojo los fondos públicos (en forma de agentes del orden) o el espacio de todos (generando molestias a los vecinos al acceder a sus viviendas). Si se trata de un club privado, que además cuenta entre sus miembros con gente muy adinerada y cuyos fines no está comprobado que contemplen un beneficio público, entonces deberían hacerse cargo de sus propios dispositivos de seguridad.

Probablemente no se trate más que de un aburrido encuentro entre notables, uno de esos múltiples coletazos de la aristocracia, que horrorizada por las demandas de transparencia de estos “terribles” tiempos modernos, lucha contra la absurda creencia de que todos los ciudadanos son iguales, trabajando por ello en la reproducción de los espacios de diferenciación.

Y mientras los conspiranoicos, que bien se podría pensar que están al servicio de los verdaderos poderosos, establecen su ridículas teorías entreteniendo al pueblo, aquellos que sin necesidad de enmascarar la verdad ejercen su ilegítima autoridad, campan a sus anchas. Abran los ojos: el Gran Hermano, la Mano Negra, y el Señor 'X' han sido tristemente despojados de la intrigante tarea de esconder sus pérfidos intereses llevando una doble personalidad. El control de masas, ya sea político, económico o ideológico, es demasiado fácil de ejercer cuando te lo están pidiendo a gritos desde abajo, y por lo tanto, no es necesario rodearlo de secretismo y opacidad.

José María Zavala

Sociólogo

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