El camino que no se quiere ver
martes 15 de junio de 2010, 19:44h
La dureza de la realidad suele producir en el ser humano la falsa defensa del autoengaño, que momentáneamente puede ser reconfortante, pero que a la larga es letal. No partir de la realidad que se vive, no estar bien informado de lo que está sucediendo, te lleva irremediablemente al laberinto, a dar vueltas en ninguna dirección. Algo de esto nos está sucediendo en nuestro tiempo presente. Es palmario en el caso de Europa, donde la desorientación es grande, pero es muy evidente en el supuesto de España.
Los dos grandes partidos nacionales -PSOE y PP-, que aglutinan más del 80% del voto del pueblo español, trasmiten una desorientación y desconfianza verdaderamente preocupantes. Sus líderes, Zapatero y Rajoy, tienen unas cotas de falta de credibilidad cercanas al 75 % según recientes encuestas del CIS, una barbaridad. Frente a esto ¿cuándo vamos a comenzar a asumir nuestra realidad política actual con madurez y responsabilidad? Sé que los grandes cambios en la historia son difíciles y que en su momento es muy complicado poder percibirlos con claridad. Sin embargo, es indudable que en España los partidos tradicionales están agotados, sin capacidad de respuesta ante los nuevos retos. ¿Qué podemos hacer ante esta realidad? Parece que lo más sensato es aplicar lo que siempre ha funcionado a lo largo de la historia de la humanidad, basado principalmente en las siguientes premisas:
1. Frente a la estupidez, que aunque no se crea siempre está ahí, poner mucha inteligencia y conocimiento. Señores, en los puestos importantes tiene que haber personas preparadas, vale ya de demagogias y falta de seriedad. En estos últimos años en España hemos asistido a un triunfo de la efebopolítica y la mediocridad, que ha dado los resultados lógicos. Nadie da lo que no tiene, y nuestras actuales cúpulas políticas dan lo que dan, es decir, muy poco. La realidad está ahí con los datos actuales. Ya lo decía Sartori al final de su magnífica obra Teoría de la democracia, estamos jugando, como el ratón Mickey en “Fantasía”, a aprendiz de brujo. Utilizamos herramientas que no dominamos, que nos quedan grandes y no somos capaces de controlar el agua que sale del pozo. Hace 2.500 años Platón igualmente advertía en su República de este elemento esencial para la prosperidad de la polis, personas preparadas en puestos importantes. El filosofo-rey busca principalmente “acercar el saber al poder”, lo contrario, como se ve, está teniendo efectos nefastos.
2. Frente al egoísmo reinante solo cabe reaccionar con una enorme generosidad. Muy poco se habla de esta cuestión que estimo determinante. Los grandes avances siempre se han producido gracias a la generosidad de las personas, de la alteridad, de pensar en el otro, de tener un proyecto común -compartido- claro. Cuando cada uno tira por su lado, cuando el recelo y la desconfianza frente al otro reinan, se da el retroceso y la oscuridad de la historia. En el inicio de su Historia Universal Pirenne lo expresa con nitidez: “Un cambio social no puede realizarse o mantenerse mientras no vaya acompañado de un cambio paralelo en las concepciones morales”. Que nadie se equivoque, del egoísmo, por muy ilustrado o estratégico que sea, nada bueno saldrá. El ser humano es antropológicamente dinámico, trabajemos con inteligencia y generosidad para sacar lo mejor de él, y no lo peor -que también lo tiene. De la educación y su importancia llevó hablando, escribiendo y trabajando más de veinte años. Necesitamos mentes abiertas y generosas, y un contexto social que posibilite su desarrollo. En este tema actualmente no vamos por la mejor senda y lo estamos pagando.
3. Frente a la pasividad o incluso cobardía, ha llegado el momento de dar un paso al frente. Cada generación tiene que hacer sus deberes, no se puede vivir de las rentas de lo realizado por nuestros antepasados. En España necesitamos nuevos y renovados compromisos con nuestra vida pública. No hay que tener miedo y hay que mojarse, no podemos seguir esperando que las cosas de la res publica las haga el de al lado. Sin un poco de valor y compromiso, nada digno se consigue en la vida. Una sociedad sólo aguanta un número limitado de polizones democráticos, por encima de él, la vida pública se empobrece y se resiente. Es verdad que, en cierta medida, tenemos lo que nos merecemos, aunque sea duro admitirlo. Estamos recibiendo el resultado de nuestro esfuerzo colectivo. El espejo no engaña, aunque duela lo que refleja.
Concluyo, España precisa de muchos ciudadanos inteligentes, generosos y valientes que neutralicen la estupidez, egoísmo y cobardía de algunos, por cierto, en puestos muy relevantes e influyentes. La gran masa silenciosa tendrá que comenzar a moverse con inteligencia y decisión, a favor de un proyecto claro de dónde quiere ir y cómo. Lógicamente tendrá que asumir los costes. La vida no está escrita, la libertad es la grandeza del ser humano, especialmente cuando se pone al servicio de un proyecto que piense en el interés general, en sumar desde el respeto y en sacar lo mejor de cada uno de nosotros desde el pluralismo y asunción de lo distintivamente humano, que casi todos compartimos. Así se ha escrito, y se escribe, lo mejor de la historia de la humanidad: desde el esfuerzo y la determinación de ejercer la responsabilidad individual con perseverancia y prudencia. Por cierto, aviso para los listos, en este camino no hay atajos y además se pagan todos los peajes. Creo que esta es la realidad de fondo, el camino que no se quiere ver.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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