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Moratinos ayuda a Gadafi a superar el ostracismo

Libia ejecuta a 18 inmigrantes africanos

miércoles 16 de junio de 2010, 11:10h
El régimen del coronel Muamar Gadafi ha llevado al pelotón de fusilamiento a un grupo de inmigrantes africanos acusados de “asesinato con premeditación”. 18 extranjeros originarios de Egipto, Tchad, Nigeria y Niger, han sido ejecutados el 30 de mayo pasado en Benghazi, la segunda ciudad del país. Justo en esos días, el ministro español Miguel Angel Moratinos mediaba entre Trípoli y Berna para recomponer las relaciones entre Libia y Suiza, en mínimos tras el incidente diplomático generado por la detención hace dos años del hijo de Gadafi Hanibal y de su esposa acusados de maltratar a dos sirvientes, una tunecina y un marroquí.
El régimen del coronel Muamar Gadafi ha llevado al pelotón de fusilamiento a un grupo de inmigrantes africanos acusados de “asesinato con premeditación”. 18 extranjeros originarios de Egipto, Tchad, Nigeria y Niger, han sido ejecutados el 30 de mayo pasado en Benghazi, la segunda ciudad del país. Justo en esos días, el ministro español Miguel Angel Moratinos mediaba entre Trípoli y Berna para recomponer las relaciones entre Libia y Suiza, en mínimos tras el incidente diplomático generado por la detención hace dos años del hijo de Gadafi Hanibal y de su esposa acusados de maltratar a dos sirvientes, una tunecina y un marroquí.

Las relaciones diplomáticas entre Suiza y Libia se encontraban prácticamente congeladas desde que en el verano de 2008 la policía helvética detuvo a Hanibal Gadafi y su esposa Aline para interrogarles en una comisaría de Ginebra. Dos miembros de su personal doméstico habían denunciado malos tratos. Tras comprobar las heridas ocasionadas por la pareja presidencial, la policía los detuvo en el hotel y los trasladó a comisaría. Dos días después fueron puestos en libertad bajo fianza.

Libia acusó entonces a las Autoridades suizas no haber respetado la inmunidad diplomática de los detenidos (según la Misión suiza no les correspondía ninguna protección diplomática y estaban bajo jurisdicción de derecho común). Trípoli practicó retorsiones, secuestró a dos hombres de negocios suizos, Max Goldi y Rachid Hamdani, que acaban de ser liberados tras dos años de calvario, y tomó represalias económicas llegando hasta el extremo de clamar por una Yihad contra el país alpino.

El éxito de la gestión diplomática española se ha visto ensombrecido por la coincidencia con el fusilamiento de los inmigrantes africanos. La noticia, divulgada por el periódico libio Ourina, que se considera cercano a uno de los hijos del Jefe del Estado libio, Seif el Islam Gadafi, ha causado vivas reacciones en los países de los que los inmigrantes son originarios y en la opinión pública africana. En las cárceles de la Yamahiria hay actualmente al menos otros 200 inmigrantes africanos que esperan en el corredor de la muerte, acusados todos ellos de crímenes.

Gadafi se había autoproclamado el campeón de los defensores de los derechos humanos. Durante su visita a Francia, hace poco más de dos años, el Guía revolucionario lanzó una diatriba implacable contra las democracias europeas a las que acusó poco menos que de racismo institucionalizado en el trato hacia los inmigrantes ilegales. “O bien se os respeta aquí en Europa con los mismos derechos de los ciudadanos europeos, - clamó ante un público africano congregado en París para escucharle - o bien retornáis a África. Yo me comprometo a poner en marcha un plan para permitir vuestro regreso”. Gadafi se permitió entonces el lujo de dar lecciones de respeto a los derechos humanos a Europa, que considera a “los inmigrantes africanos como marginales”.

La realidad en el país norteafricano es bien distinta. El trato que sufren las decenas de miles de inmigrantes subsaharianos que trabajan en Libia es poco envidiable. Las organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos lo denuncian periódicamente. Sin embargo hasta ahora las Autoridades libias se habían limitado a practicar expulsiones y detenciones. Esta vez, el fusilamiento de 18 inmigrantes, ha hecho sonar las alarmas.

Los sectores más duros del aparato estatal libio han querido mandar un mensaje claro a los llamados aperturistas, encabezados por Seif el Islam. La ejecución de los inmigrantes es un capítulo más de la lucha de clanes que se disputan el poder en Trípoli. La sucesión de Muamar Gadafi no está ni mucho menos garantizada.
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