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reseña

Jorge Urrutia: De una edad tal vez nunca vivida

viernes 18 de junio de 2010, 22:17h
Jorge Urrutia: De una edad tal vez nunca vivida. Bartleby. Madrid, 2010. 144 páginas. 13 €
Jorge Urrutia pertenece al valioso grupo de poetas que la desafortunada antología de Castellet soslayó allá por los años 70, sin impedir, no obstante, que en estos cuarenta años buena parte de lo más excelso de nuestra poesía provenga de aquellos poetas relegados: Antonio Colinas, Andrés Sánchez Robayna, Jaime Siles, Jenaro Talens, José Miguel Ullán, entre otros.

El nuevo libro de Urrutia recoge unas memorias en prosa que se insertan en el inusitado género del relato poético, ya cultivado por el autor en el libro La travesía (1987). Fue Juan Ramón Jiménez quien afianzó en España este género, cercano al poema en prosa, pero diferente en estructura, sentido y lenguaje, del que es cumbre su espléndido y mal interpretado Platero y yo. Luis Cernuda continuará esta senda con su exitoso Ocnos. De esta ignorada tradición participa y se nutre De una edad tal vez nunca vivida. La transustanciación del paisaje y de las estaciones, que permite clausurar el libro con el renacimiento de la primavera, el alto voltaje lírico del testimonio narrado, la estructura discontinua y otras peculiaridades textuales así permiten afirmarlo.

Un breve capítulo introductorio, suerte de poética nutrida ya de elementos potencialmente autobiográficos, inaugura una serie de pequeñas escenas autónomas entre sí, pero engarzadas por un hilo argumental, sobrecogidas por una tensión lírica máxima. En ellas, la autoficción, avivada por el eco del recuerdo, en la amalgama de literatura y vida, compone un viaje “por el interior de la lengua” y la memoria. La materia biográfica se deshace entre la ficción narrativa dando lugar a una literatura de extraña y decantada hermosura. Así lo muestra la sugerente epifanía de algunos episodios del narrador como aquella anorexia que da paso a una voraz lectura, o el troceado y reparto de turrón por Navidad a ritmo de Lope y Rodrigo Caro, el preludio de la llegada de la poesía bajo la complicidad paterna, los años de restricciones de luz, de libertad, de palabra, en aquel Madrid de la posguerra. La vida, en suma, entra en el texto gracias a unas presuntas memorias no como biografía, sino como experiencia interiorizada que la magia lírica trastoca en símbolo universal donde todos podemos proyectarnos ya que para cada uno de nosotros “quedan los lugares, la amistad y el recuerdo. Porque la vida hizo en mí su nido.” (pág. 137).

Estas memorias ficcionales en prosa, y digo ficcionales porque ya el título sirve de advertencia, De una edad tal vez nunca vivida, avivadas por la intensa investigación formal que siempre han caracterizado a Urrutia, vivifican la tradición del relato poético apenas transitada, pero trufada de libros señeros, aportando continuidad y ampliando si cabe su valor y razón. Ahí radica el mérito de un libro encomiable por necesario en estos tiempos de desmemoria histórica y lectora, amén de su alta belleza, digna de paladares exquisitos.

Por Francisco Estévez
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