Pocas ocasiones como ésta para observar el estilo de las casas reales europeas. Durante la boda de la princesa heredera de la corona sueca y en el concierto y la fiesta de la noche anterior hemos podido observar de cerca las mejores galas de los monarcas y príncipes de esta vieja Europa. Los looks más arriesgados llegaron de España. Letizia y Elena brillaron con luz propia, Mary Donaldson elegantísima, pero en general un estilo excesivamente vetusto sigue marcando la línea de gala de la realeza de este viejo continente.
La noche anteriorUna auténtica alfombra roja fue lo que hubo el viernes pasado en el concierto de gala celebrado en el Högtorget ofrecido por el Parlamento sueco y presidido por los Reyes como antesala de la
boda real del año. En total, unos 1.200 invitados se dieron cita en el Eric Ericsson Hall para asistir a los actos programados que terminaron con una fiesta en la exclusiva discoteca Café Opera.
Colores pálidos, nude, blancos, trajes con cola, bordados, sedas, encajes y chiflones, joyas, drapeados y los moños de las señoras fueron las notas predominante en esta noche previa al enlace.

La futura reina lució un romántico vestido nude con
escote asimétrico de un solo y ancho hombro y terminado en una preciosa cola bordada profusamente. Un clutch plateado de pedrería y unos grandes pendientes completaban su look en la que fue su última noche de soltera.

Destacó la
Princesa de Asturias con un vestido palabra de honor de Felipe Varela en seda rojo cereza, cuerpo vendado al bies y falda bordada con cintas de seda formando rosas. Clutch baguette en cristal de Swarovski cereza y rubí rojo intenso. El chal del mismo tono y un brazalete de brillantes fueron los complementos ideales que conformaron un estilismo impecable y tremendamente favorecedor al que el escote justo, más bien alto, le daba todavía más elegancia.

Otra de nuestras favoritas en esta ocasión fue la
Infanta Elena. Muy española en sus elecciones de estas celebraciones se decantó por un vestido de dos piezas en verde botella intenso de Lorenzo Caprile con adornos de azabache, chal negro y cartera del mismo color. Un diseño muy original y goyesco, como el que luciría al día siguiente en la ceremonia, también del mismo diseñador.

La
Infanta Cristina, que vestía una creación de Caprile en seda negra con un gran escote en la espalda, fue más discreta. Como suele en ella.
Magdalena de Suecia reapareció de blanco radiante. Guapísima y muy sonriente.
Mary Donaldson, la Princesa danesa, siempre nos deleita con su gran elegancia. Nunca se equivoca a la hora de escoger el modelo apropiado como este vestido nude con escote de palabra de honor y corte sirena que llevó para el concierto o el blanco que os mostramos y que vistió la noche anterior en la cena de gala ofrecida por los Reyes suecos.

La Princesa
Mette-Marit, de rosa pálido con falda de volantes y un peinado con ondas muy a los años treinta, no estuvo excesivamente acertada. Mucho mejor el vaporoso vestido gris de corte asimétrico que había lucido el día anterior.
Máxima de Holanda llevó un vestido de flores y encaje muy fresco y favorecedor. Discreta pero elegante tiene su estilo propio al que siempre es fiel.

Alberto de Mónaco acudió con
Charlene Wittstock en la que fue su presentación oficial. El modelo escogido en gris perla era muy sencillo.
El vestido de la novia
Victoria de Suecia llegó con puntualidad sueca. La novia, blanca y radiante llegó con una creación de Par Engsheden y la tiara de siete camafeos romanos y el velo que llevó su madre, la Reina Silvia, en su boda en 1976.
La Princesa Victoria eligió para crear su traje de novia al diseñador sueco
Pär Engsheden. El modelo ha sido confeccionado con seda duquesa satinada en color crema, con manga corta y cuello barco. La cintura estaba marcada por un fajín abotonado en la parte posterior. La zona de la espalda en forma de V con botones forrados.
La cola del vestido, de
cinco metros de longitud, está ribeteada, sujetada a la cintura y cubierta con el velo dispuesto en la misma forma. Los zapatos forrados en la misma tela del vestido de la Maison Roger Vivier, fueron especialmente creados para ella.
La tiara de Josefina Bonaparte
La
tiara de camafeos, la misma con la que se casó su madre, está hecha en oro, perlas y siete camafeos. Con esta elección la Princesa heredera continúa con la tradición iniciada por la Princesa Brigitta, quien fue la primera novia de la dinastía Hara que escogió esta pieza para sus esponsales en 1961.
La tiara fue probablemente un regalo del emperador Napoleón Bonaparte a su esposa,
Josefina, en 1809. La Emperatriz la legó a su nieta, del mismo nombre, quien se convirtió en Princesa Heredera de Suecia el 19 de junio de 1923, cuando contrajo matrimonio con el futuro rey Óscar I.
Los invitadosNos pararemos esta vez sólo en en los que nos han gustado. No primó el buen gusto precisamente. Demasiado
barrocos, inflados y poco elegantes fueron los vestidos de la mayoria de las asistentes. Destacaremos algunas excepciones.

La
Princesa Letizia llegó bella y casi etérea con ese vestido de Varela en
tono maquillaje y una trenza que rodeaba su tiara. Impecable, discreto y muy elegante. Una elección fantástica para la ocasión.

La
Duquesa de Lugo llevaba la misma diadema que lució en su boda y el vestido era de Lorenzo Caprile, un vestido valiente, en la línea goyesca que ya había lucido la noche anterior pero de un color rosa fucsia mucho más llamativo y de amplia falda que asemejaba a un capote y con un bolero fantástico de pedrería con borlas en las hombreras. La tiara, la que la Infanta Cristina llevó en su boda.
Rosario Nadal, que acudió al enlace junto a Kyril de Bulgaría, no llevó ni un solo complemento. Fue, como casi siempre, una de las más elegantes con un traje de medio hombro, de corte imperio adornado en el pecho con plumas y en tonos azul mar.
Rania de Jordania donde va triunfa. También desprovista de joyas con un vestido en color azul pavo y un moño alto adornado con una discreta diadema estaba impresionante. Un estilazo, como siempre.