Las relaciones entre Marruecos y España no van bien
Mohamed VI termina su luna de miel con Zapatero
miércoles 23 de junio de 2010, 11:54h
Las relaciones entre Marruecos y España no van bien. Prueba de ello es la ausencia del rey Mohamed VI en la firma del acuerdo de Estatuto avanzado con la Unión Europea realizada en Granada en marzo pasado, algo que ya fue un mal presagio, y además, no hay que olvidar que la última visita de Zapatero a Marruecos se produjo hace ya dos años.
Las relaciones entre Marruecos y España no van bien. La ausencia del rey Mohamed VI en la firma del acuerdo de Estatuto avanzado con la Unión Europea realizada en Granada en marzo pasado, era ya un mal indicio. La última visita de Zapatero a Marruecos se produjo hace dos años. Viajó a Uxda, localidad fronteriza con Argelia, donde se entrevistó con el Rey. Desde entonces las relaciones pasan por horas bajas. Hasta el extremo de que Rabat tensa la situación en las fronteras de Ceuta y Melilla, y la diplomacia española permanece impasible.
Este enfriamiento visible de relaciones es apreciado de manera diferente en ambos lados del Estrecho. Marruecos estima que “ha dado suficientes señales en estos últimos años, de su voluntad de hacer del vecino del norte (España) un socio real en lo económico, en lo político y en la seguridad”, escribe esta semana un cotidiano marroquí estrechamente vinculado a los círculos del poder del entorno del monarca. Para ello, añade Aujourd’hui le Maroc, teniendo que superar “la posición geopolítica clásica que considera a los vecinos como enemigos convencionales”.
En suma, Rabat considera que ha hecho sus deberes, y achaca la responsabilidad de la degradación de relaciones al gobierno de Rodríguez Zapatero. Por ejemplo en el plano económico, dice ALM, “Marruecos constituye la solución y no el problema”. Para que España salga de la crisis, estima Rabat, “debe encontrar espacios más allá de sus fronteras”, por ejemplo Marruecos.
Haciendo balance de los aspectos positivos, Marruecos estima haber creado “circuitos de concertación político-diplomáticos” con el gobierno de Zapatero, que han contribuido a resolver problemas, y obtener resultados positivos en la lucha contra el crimen organizado, contra la inmigración clandestina y el terrorismo.
Sin embargo, la parte española según la visión marroquí, no lo está haciendo bien. “En Madrid existen aún actitudes reaccionarias en los arcanos del poder, real o aparente, que rechazan cambiar de comportamiento”. Y citan a modo de ejemplo, la desconfianza que genera en España el esfuerzo de desarrollo del Reino alauita “visto como amenaza”. Marruecos cree que desde España se ve el auge de la modernización económica del norte marroquí, desde Tánger a Uxda pasando por Alhucemas y Nador, como “un intento de asfixiar a Ceuta y Melilla”.
Curiosamente, los analistas marroquíes de inteligencia consideran que el responsable de esta mala política por parte española no es la diplomacia, a quien incumbe la gestión de las relaciones bilaterales, sino “el poder militar” al que atribuyen la recuperación de los servicios de espionaje (CNI), y ante el cual Zapatero “ha tenido que inclinarse y ceder”. Parecería, dice Rabat, “que el poder civil claudica treinta años después de la transición, y entrega las llaves del poder a los militares”. Desde los círculos de decisión en Marruecos se apunta a que el Ejército español “obra como actor político en sí, e interfiere en las decisiones del poder político de manera ostensiva”.
Siguiendo su razonamiento, estos consejeros reales descubren los efectos de esta situación en las relaciones bilaterales : “multiplicación de las actividades de espionaje en el Norte del país; cooperación bloqueada en ciertas materias de seguridad; cambio en la política religiosa española tendiente a frenar la influencia del ministerio religioso marroquí sobre los musulmanes de España; violación del espacio aéreo y marítimo marroquí; patrulleras militares que penetran en aguas marroquíes en torno a los presidios (nombre con el que Rabat llama a las ciudades de Ceuta y Melilla) ; en suma, actos de hostilidad a los que Marruecos se ha guardado bien de no responder”.
Dado que Marruecos atribuye la paternidad de todos estos males al general Félix Sanz Roldán, el documento publicado por el periódico – que parece más la síntesis de un informe de inteligencia militar, según una fuente marroquí – insinúa claramente que Zapatero debería desprenderse del general al mando del CNI y permitir que nuevamente sean los civiles quienes asuman su dirección.
Es probablemente este clima degradado en las relaciones lo que ha empujado a Marruecos a nombrar como embajador en Madrid al saharaui Ahmed Uld Suilem, cuya carrera se ciñe a sus 30 años como guerrero en el Frente Polisario, y un par de años en la esfera política desde su huída de los campamentos de Tinduf y su acto de pleitesía al monarca marroquí. Sin embargo tres meses después de que el Consejo de Ministros español le haya dado el plácet, Suilem sigue sin ocupar su puesto, y la embajada en Madrid descabezada.