www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

De vertidos y golfos

miércoles 23 de junio de 2010, 20:21h
Me gustaría haber llamado a esta columna divertidos y golfos, por eso del verano que se acerca, pero he optado por un título más acorde con los tiempos que corren, porque este año el verano se presenta crudo. Sobre todo, para los del golfo de Méjico. El otro día, veía a Obama dando su discurso sobre el asunto, leyendo el teleprompter con cara de agobio, y no podía dejar de pensar dos cosas:

a. qué crudo lo tiene y
b. que su piel se parece cada día más al crudo que empieza a llenar las playas del delta del Mississippi (un crudo rojizo del color de la arcilla).

Enseguida entré en el NY times, para leer los comentarios de los lectores, y me di cuenta de otras dos cosas:

a. la mayoría de los habitantes se había dado cuenta de que, en efecto, su chief lo tenía muy crudo por su cara y
b. que aún así le llamaban whimp (flojillo, nenaza), pero no asesino.

Esto lo digo porque todavía recuerdo lo que ocurrió con nuestro vertido, con el inefable Prestige. Como mi conserje decía (hoy, en las casas del midtown madrileño, no en las del uptown, ya no hay porteros, hay conserjes, y como se les ve menos, se habla más con ellos): “Va y pasa un barco por delante de tu costa, y se te hunde y empieza a soltar crudo y tú eres presidente, y van y te llaman asesino”. Lo decía por empatía; cuando se le olvida sacar alguna bolsa de basura por la mañana, alguna vez le han llamado lo mismo. Su comentario me hizo pensar en las quejas, y las quejas, visto el ejemplo americano, me llevaron al silencio.

El silencio es un concepto raro. A cualquiera le gusta --en teoría-- porque el silencio es elegante casi místico. Sus definiciones son bonitas, “el espacio entre dos notas musicales”, sinestésicas, “lo que rodea al sonido”, y sus connotaciones prestigiosas “somos dos almas que se comunican en silencio”, o “mañana habrá dos minutos de silencio en recuerdo de...”. Pero ¿qué hay en el silencio? Yo me lo preguntaba muchas veces de pequeño, en misa, cuando todo el mundo se callaba y miraba al suelo. Por un tiempo pensé que el silencio se escondía entre las piernas, a la altura de los tobillos, y que era oscuro, rápido y furtivo. Luego, cuando fui creciendo, llegué a la conclusión de que en España el sonido no es el espacio entre dos notas musicales, sino el que media entre dos quejas. Pero seguí sin saber qué había en el silencio.

El otro día, pensando de nuevo en el silencio, volví a los comentarios de los lectores del NYtimes en busca de quejas. Ni siquiera buscaba insultos, tan solo quejas. Encontré pocas. Sí había sugerencias, lamentos, alguna poesía incluso. Me fijé entonces en los espacios entre esas sugerencias, esos lamentos, esos reproches suaves a su presidente y al vertido del golfo. ¿Qué había en ellos, en ese silencio? Recordé entonces el concepto de ma japonés: el vacío entre dos cosas, y también el espacio mental en el que las cosas ocurren. Las cosas ocurren en un espacio vacío subjetivo. Como dice el Tao, una habitación se define por el espacio entre sus paredes no por las paredes en sí. Los miré fijamente, los espacios de los mensajes, pero no alcancé a adivinarlo. En vista de ello, me fui a otra noticia. Esta era una buena, los EEUU habían encontrado depósitos gigantes de litio en Afganistán. Litio, ya saben, eso que llevan todas las pilas modernas y que pronto llevarán los niños al nacer. Entre los comentarios, destacaba uno firmado por LarryG de Fremont,CA: What_are_our_minerals_doing_under_their_soil?, ¿Qué _ hacen _ nuestros _ minerales _bajo_su_suelo? Enseguida noté que Larry, con esos guiones bajos entre las palabras, no dejaba lugar al espacio ni al silencio. Se convirtió en mi héroe: un mensaje claro, preciso, sin esquivos ni ambiguos silencios. Así que le pedí a la editora de esta columna que me pusiera guiones bajos entre todas las palabras. Pero me dijo que no. Así que vayan ustedes a imaginar lo que quiero decir en mis silencios.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios