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guerras por los recursos naturales

Cuando la vida vale una piedra

jueves 24 de junio de 2010, 16:17h
Tres billones de dólares pueden cambiar el rumbo de la guerra, el futuro de Afganistán. Ése es el valor que estiman los expertos que podrían tener los yacimientos minerales descubiertos hace pocos días bajo el suelo afgano. De la noche a la mañana, un país sumido en la Edad Media y dependiente en gran medida de las exportaciones de opio ha visto cómo sus recursos naturales pueden sacarle del pozo económico en el que está sumido desde hace décadas. Pero el caso de Afganistán no es un caso aislado. El mundo se ha visto salpicado durante años por conflictos cuyo telón de fondo, aunque maquillados por otras razones y objetivos, era el control y explotación de las materias primas. De los diamantes de sangre al coltán congoleño, del petróleo iraquí al agua amazónica, muchos son los recursos naturales que mantienen vivos algunos de los conflictos armados más cruentos del planeta.
No se lo esperaba nadie. Durante millones de años, el corazón del subsuelo afgano custodiaba paciente en su interior una fortuna que podría cambiar la vida de los habitantes de este yermo país centroasiatico de un modo imprevisible. Los gigantescos yacimientos minerales de oro, cobre y litio, entre otros metales, que el Servicio Geológico de Estados Unidos descubrió la semana pasada bajo Afganistán, podrían proporcionar al gobierno de Hamid Karzai un fondo mineral por un valor estimado de entre uno y tres billones de dólares. Muchas esperanzas están puestas en este descubrimiento ya que podría suponer un vuelco total a la economía nacional que, a día de hoy, es dependiente, casi en su totalidad, de las exportaciones de opio.

Los rumores no se han hecho esperar y no son pocas las voces que han visto en este hallazgo el verdadero motivo, o por lo menos uno de gran peso, de la presencia militar estadounidense en la región. También es verdad que muchos dudan de la inocencia y espontaneidad de este anuncio aduciendo a un supuesto interés de la administración de Barack Obama por aplacar las críticas a la gestión del conflicto que ya dura casi una década sin visos de tener una solución a corto o medio plazo. Estas dudas han ido tomando cuerpo a medida que se confirmaba que varios estudios de campo ya corroboraban la presencia de estos yacimientos en 2007.

Por lo pronto, técnicos y expertos norteamericanos se han desplegado sobre la zona para valorar con mayor exactitud las posibilidades y la naturaleza de este 'Potosí afgano'. El ministro de Minas local, Wahidulá Shahrani, se ha apresurado a intentar limitar el impacto de la noticia señalando que su gobierno "dará un paso adelante para sacar el máximo provecho económico de esta oportunidad de la forma más eficiente y transparente posible".

'Diamantes de sangre'
La opinión pública internacional había oído hablar de este problema pero poco se había hecho por solucionarlo hasta que, en 2003, los 75 principales países exportadores e importadores de diamantes decidieron dar un paso adelante para regular aquellas piedras preciosas extraídas en zonas de conflicto y que, directa o indirectamente, financiaban ilícitamente a guerrillas de toda África.

El proceso de Kimberley nació como un marco regulador para implantar sanciones a aquellos gobiernos o milicias que traficaran con los 'diamantes de sangre'. Pero, a lo largo de los últimos años, se ha puesto de manifiesto que no ha sido lo suficientemente efectivo. De no ser porque este comercio negro genera 50.000 millones de euros al año, tanto en el primer como en el tercer mundo, y que la demanda de este recurso ha crecido exponencialmente en los últimos años por sus diversas aplicaciones comerciales, no sería difícil erradicar esta siniestra industria que emplea a miles de hombres, mujeres y niños en condiciones infrahumanas.

Sin duda, el caso más trágico es el de las minas de Sierra Leona. Este diminuto país enclavado entre Liberia y Guinea, en la costa noroccidental de África, ha visto como los diamantes de sangre se han convertido prácticamente en la divisa oficial. Fraccionado en dos (el norte es territorio de las milicias rebeldes del Frente Revolucionario Unido mientras que el sur está en manos del ejército gubernamental), Sierra Leona vive desde hace años una guerra civil en la que el verdadero motivo no es imponer una ideología sino hacerse con el control de las minas de diamantes que, aunque supongan apenas un 1 por ciento del comercio mundial, son especialmente valoradas por su tamaño y calidad.

La esclavitud y el desastre medioambiental que genera esta industria se contrapone a los ingentes beneficios que genera. Mientras a los habitantes locales se les recompensa con 800 dólares por cada diamante encontrado, esa misma piedra no bajará de los 10.000 en cualquier joyería de Europa o Estados Unidos. La situación se ve agravada cuando se supone que este pobre país está bajo tutela de Naciones Unidas y con un bloqueo comercial a la industria minera por parte de los socios de Kimberley. Tal es el descontrol aduanero que existe en este negocio que países exportadores como Angola, Sierra Leona o la República Democrática del Congo (RDC) no pueden explicar de dónde provienen la mitad de los minerales que generan. Los jefes locales logran exportar las piedras preciosas a los países vecinos que no están bajo la vigilancia internacional y de ahí viajan hasta las factorías de Amberes, Tel Aviv o Kiev, grandes focos mundiales del comercio de diamantes.

Al mismo tiempo, la mayor parte del beneficio obtenido por los terratenientes africanos a raíz de los diamantes de sangre no revierte en los trabajadores puesto que, en la mayoría de los casos, sirve para financiar armas y vehículos militares con los que conservar su pequeño trozo de selva tal y como hizo el ex dictador liberiano Charles Taylor, cuyo régimen de terror causó la muerte a medio millón de personas.

Parecido es el caso de Costa de Marfil. Tras el golpe de estado de 2002, las milicias paramilitares han hecho suyo el país y han impuesto la ley del más fuerte gracias al control de las minas y las exportaciones de cacao. De este modo, sus remesas, previo paso por Guinea y Mali, que generan miles de millones de euros al año, financian, nada más y nada menos que el 56 por ciento del gasto militar del país. A pesar de las enormes restricciones con las que cuentan los diamantes costamarfileños, lo cierto es que las exportaciones no han dejado de crecer desde 2004, año en el que fue sancionado por Naciones Unidas.

Otro caso aún si cabe más sangrante es el de la RDC, el antiguo Zaire. Entre 1998 y 2003, el gigantesco país centroafricano vivió una de las guerras étnicas entre hutus y tutsis más cruentas de la historia en la que perdieron la vida 5,5 millones de personas según el Comité de Rescate Internacional. El país, el 'edén del planeta' tal y como lo llaman algunos expertos por su variedad y cantidad de recursos naturales, ha visto como se expoliaba sus riquezas naturales sin que los beneficios llegaran a su población. En los últimos años, estados limítrofes como Uganda o Ruanda han mandado contingentes armados a territorio congoleño con el objetivo de hacerse con la mayor cantidad de oro, diamantes, gemas, cobalto, casiterita, cobre, maderas nobles o coltán, el llamado 'diamante negro'. Estas milicias arrasan con todo a su paso sometiendo a la población civil a trabajos forzados en un régimen de esclavitud en el que negarse a colaborar es buscar la muerte. Así, se calcula que casi dos millones de personas viven de este negocio.

Muerte negra en el Congo
Se utiliza en móviles, ordenadores, trasbordadores espaciales, satélites, armas y todo tipo de aparatos electrónicos y de alta tecnología. El coltán, una aleación natural de columbita y tantalita, es uno de esos raros recursos naturales que en los últimos años ha visto como su demanda se disparaba y los conflictos por hacerse con su explotación se multiplicaban. Sus raras propiedades (superconductividad o una alta resistencia a la corrosión) le han situado como una de las "materias primas estratégicas", según palabras del propio gobierno norteamericano.

Pero, tras la ambición por controlar las minas de coltán se esconde un drama de grandes proporciones que está corroyendo el corazón de África. Cerca del 80 por ciento de la producción mundial de este mineral se encuentran en el Congo y el drama que rodea su extracción es similar, por no decir peor, que el de los diamantes de sangre.

En el caso del coltán, las milicias ruandesas controlan todo el mercado de este preciado mineral y han creado una enorme red de contrabando para esquivar los controles internacionales. De este modo, se constituyó hace unos años la Sociedad Minera de los Grandes Lagos (Somigl), bajo control belga, ruandés y sudafricano, que cuenta con el absoluto monopolio en vastas regiones del Congo oriental.

El régimen laboral al que están sometidos los mineros, con jornadas de hasta 16 horas, se ve agravado con los miserables salarios que perciben por extraer el coltán de las entrañas de la tierra aún bajo el riesgo de quedar sepultados. Mientras que un kilo de este mineral de aspecto parecido al carbón se paga a 300 euros el kilo, un trabajador local apenas cobra 10.

Desde reactores a teléfonos móviles
Pero los diamantes o el coltán no son los únicos minerales fuente de conflicto en el mundo. Los rubíes supusieron el gran foco de financiación de los Jemeres rojos birmanos en su régimen de terror. En la actualidad, el gobierno represivo utiliza su comercio para perpetuarse en el poder a costa de violar los derechos humanos de forma sistemática.

Los minerales exóticos, o llamados raros por su escasez, también son foco de tensiones transnacionales. La bauxita, piedra que se utiliza en las aleaciones alumínicas, es el gran recurso natural con el que cuenta Guinea ya que una cuarta parte de su producto interior bruto (PIB) proviene de la industria minera. Por su parte, el conflicto colombiano entre el ejército y las guerrillas de las FARC, además de tratarse de una lucha contra el narcotráfico, es una pugna por hacerse con el negocio de las esmeraldas de la que Colombia es el gran gestor mundial.

Pero hay muchos más. El cobalto, piedra angular de los proyectos aeroespaciales se arranca de las minas de Zambia. El manganeso supone la gran mayoría de los beneficios por exportaciones en Gabón. El cobre ha facilitado la explosión de la economía chilena en las últimas dos décadas, aunque el yacimiento más grande de este mineral se encuentra en Indonesia. El níquel ha otorgado al régimen cubano una baza con la que negociar puesto que las remesas de este mineral son muy abundantes en la isla caribeña y el gobierno chino está muy interesado en incrementar su extracción. El titanio, uno de los metales más preciados por su dureza y escaso peso ha provocado que toda una nueva industria se revolucione en torno a él y se estén abriendo factorías en Kenia, Malawi, Mozambique y Senegal.

Agua y petróleo
El agua, el origen de la vida, puede ser también la causa para la muerte de millones de personas en todo el mundo. Además de las terribles sequías que azotan varias regiones del planeta, las guerras que pueden llegar a librarse en determinados 'puntos calientes' por el abastecimiento de el líquido elemento preocupa mucho a los expertos.

Desde la frontera entre Estados Unidos y México y el río Colorado, la creciente explotación de las riberas amazónicas, el conflicto palestino con el río Jordán de acicate, las represas que construye Turquía para limitar el cauce del Eufrates o el Tigris, los conflictos interétnicos en India o la explotación de los grandes acuíferos continentales pueden ser los polvorines de los próximos años. El agua escasea y el estado que tenga la mano sobre el grifo ostentará el poder en un escenario internacional cada vez más impredecible.

En el año 2025 la demanda de agua será un 50 por ciento superior al suministro actual y se cree que sería necesario un 20 por ciento más de agua de la que hay disponible para saciar a los 6.000 millones de habitantes del planeta. De este modo, para ese mismo año, 2.500 millones de seres humanos no dispondrán de acceso a agua potable con el consiguiente drama humanitario que eso supone. No hay que olvidar que 160 gobiernos de todo el mundo firmaron en el año 2000 un protocolo por el que reconocían al agua, no como un bien, sino como un derecho de todo ser humano.

Por otro lado, y más allá del conflicto iraquí, en el que ha quedado demostrado que el componente petrolífero juega un papel muy importante para respaldar la presencia de una fuera multinacional en la región ya que el país aún alberga la cuarta mayor reserva del mundo, existen otras zonas del mundo en las que el petróleo también hace saltar chispas. Nigeria, uno de los países más violentos del continente africano y con uno de los mayores índices de volatilidad política del mundo, está sufriendo las consecuencias de una guerra encubierta por el control de los oleoductos que recorren el país.

El Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger (MEND), una milicia paramilitar independentista, está plantando cara al gobierno central para poder explotar los pozos de petróleo dentro de su territorio. Las escaramuzas no se limitan sólo a los enfrentamientos armados sino que el sabotaje está también al orden del día. Se calcula que las acciones de la guerrilla suponen una pérdida de un millón de barriles de crudo al día con la consecuente pérdida de ingresos para Lagos y el desastre medioambiental que estos vertidos generan.

La volatilidad de regiones como la de Nigeria o Iraq, en las que el suministro continuo no está asegurado, es una de las principales causas por las que el precio del barril de petróleo ha ido subiendo sin freno en los últimos años. Lo mismo pasa con el gas. Europa depende casi en exclusiva de las importaciones de gas de Rusia y Argelia y, debido al control que ejercen ambos gobiernos sobre el suministro, los últimos inviernos han sido un constante goteo de crisis diplomáticas, en especial entre las repúblicas ex soviéticas por el abastecimiento. Ucrania, Georgia, Polonia e incluso Alemania han padecido la estrategia hostil de Moscú a la hora de negociar por su gas.

Además, el creciente protagonismo en la escena internacional de Irán y Venezuela, dos de los grandes productores de crudo del mundo, y la escasez del mismo obliga a los países a posicionarse antes de que la crisis de abastecimiento estalle. De este modo, Teherán ya señala que la campaña de hostilidad que ellos creen que se orquesta desde occidente contra el país está motivada por hacerse con el control de los recursos de los ayatolás.

Muchos ven en las guerras por los recursos naturales el drama del siglo XXI. Los expertos argumentan que el cambio climático, la multilateralidad del escenario internacional, la globalización o el auge del capitalismo implacable están favoreciendo estos escenarios bélicos en el que las multinacionales tienen mucho que decir como actores involucrados. Se cree que en los conflictos armados en los que el control de los recursos naturales está en juego, el 90 por ciento de las víctimas de los combates son civiles.
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