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Estados Unidos se arma

martes 29 de junio de 2010, 00:17h
Los que sostienen que la sociedad norteamericana es una sociedad violenta suelen utilizar argumentos tales como el número de armas de fuego existentes en manos de la población civil: se calcula que unos 90 millones de habitantes poseen más de 200 millones de armas de fuego. Por si dicho argumento no fuera suficiente, ahora se une el hecho de que el Tribunal Supremo estadounidense acaba de determinar que el derecho a portar armas, establecido en la Segunda Enmienda de la Constitución, ha de aplicarse en todo el país. Ello lamina las restricciones que hasta ahora regían en algunos estados, al mismo tiempo que avala la enorme fortaleza del “lobby” armamentístico.

Sea como fuere, han sido los nueve miembros del Tribunal Supremo norteamericano los que han adoptado una decisión conforme a las leyes de su país -si bien con un estrecho margen de cinco contra cuatro-. Como nación soberana que es y como perfectamente válidas que son sus instituciones, fuera de Estados Unidos no cabe sino acatar lo que los jueces norteamericanos dictaminen con respecto a su propio ordenamiento jurídico. Pero ello no obsta a que en Europa decisiones semejantes rechinen un poco, dado que en el Viejo Continente no existe la cultura armamentística que tan arraigada está en gran parte de la sociedad estadounidense. Probablemente, ninguno de los 27 estados miembros de la Unión Europea aprobaría una normativa ni siquiera parecida. Y tampoco tiene la menor importancia. Cada país arbitra el corpus legislativo que estima más pertinente. Ocurre, sin embargo, que lo que pasa en algunos sitios tiene mucha más repercusión que lo que sucede en otros. La pena de muerte, por ejemplo. Irán, China o Corea del Norte ejecutan cada año a cientos de reos, pero parece que sólo cuentan los ejecutados en Estados Unidos. País donde, pese a que las armas tienen una mayor presencia social, también tienen una fuerte contestación. No hagamos, pues, demagogia fácil de lo que no deja de ser una mera cuestión interna.

En todo caso, conviene que los europeos recuerden que el derecho a portar armas –y la obligación de usarlas para la defensa de la ciudad- está en el origen de la democracia: el ciudadano pleno en la polis clásica era aquel que poseía una propiedad, pagaba impuestos y portaba armas: en la Roma republicana el voto por tribus coincidía con la comitia centuriata; es decir, con la organización de la milicia ciudadana. En suma, se trata de una reminiscencia de la ciudad-estado clásica que todavía se mantiene en algunas sociedades democráticas occidentales, además de los EE.UU.: en Suiza e Israel, por ejemplo.
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