www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Empresa y cultura

martes 29 de junio de 2010, 19:19h
Debe ser el sentimiento de pertenecer a una casta de nobles orígenes, lo que hace que el ciudadano albergue complejos y contradictorios sentimientos internos. Por una parte se puede rebelar ante la injusticia con extremo valor y presencia, mientras que por otro lado es capaz de someterse a los dictados de sus líderes sin la menor resistencia. Puede que las inclinaciones de cualquiera sean las de saberse mejor que el resto, lo que le convierte en engreído y envidioso.

La cultura empresarial en España es heredera del paternalismo de Estado heredado del franquismo. La búsqueda de la estabilidad laboral ha creado un sistema monolítico, cuya rigidez e inflexibilidad ha creado un mercado laboral de castas y que origina graves prejuicios hacia la patronal. El empresario es visto como un tipo sospechoso, cuando no culpable, de todos los males que acechan al trabajador. La gran empresa no es otra cosa que una cueva de ladrones, en vez de la vertebradora de oportunidades de trabajo para millones de españoles. Cuando un empresario fracasa, observando fielmente todas sus obligaciones legales y buenas prácticas de gestión, es visto como un delincuente. Lejos queda el referente norteamericano que contempla el fracaso como una valiosa experiencia para un subsiguiente intento.

La cultura empresarial en España está llena de barreras mentales. Cuando un mercado laboral y las prestaciones sociales crean un cómodo espacio vital de riesgos controlados, el ciudadano declina todo proyecto empresarial para abrazarse a la apacible condición de funcionario o asalariado.

La mayoría percibe la economía como un juego de suma cero, en el que el dinero que ganan unos es arrebatado a otros. Este error, unido a la percepción del sector público como generador de riqueza, adoctrina a una masa que arropada de derechos exige la parte que les corresponde. El Estado, necesario vehículo para la creación de las condiciones necesarias que creen esa riqueza, está obligado a una reforma laboral mucho más ambiciosa que la propuesta, cuyo único fin es la de pasar expediente.

El ambiente asfixiante en el que el emprendedor, ese extraño soñador, debe luchar por realizar tan excepcional servicio al país, provoca que sea un muy pequeña parte de la población quien encuentre las fuerzas suficientes para aventurarse en una absurda y burocrática lucha por construir una ilusión y generar empleo, en una tasa de actividad ridícula. Pocos están dispuestos a arriesgarlo todo por crear su empresa. En momentos de crisis, la financiación no es fácil y resulta extremadamente gravosa. ¿Alguien se está preocupando realmente por generar empleo? Por qué, por ejemplo, no se difiere la obligación del pago de impuestos a empresas de nueva creación o a aquellas otras que estén sufriendo dificultades. Según el Banco Mundial, España ocupa la posición número 62 en la categoría de países del Mundo con mayor facilidad para hacer negocios. El Foro Económico Mundial, por su parte, nos ubica en el puesto 33 en su Índice de Competitividad Mundial. Este no parece ser el lugar que nos debería corresponder.

Productividad y competitividad, son dos conceptos que como puras obviedades se formulan como solución a los problemas de los que adolece la empresa española. Pero, cómo llegar a su consecución mientras no se motiva adecuadamente al empleado, mientras, salvo raras excepciones, todos parecen saber que cumpliendo el mínimo se sobrevive entre iguales. Saber delegar y hacer responsable de su trabajo al empleado, mediante incentivos económicos y de promoción, son estrategias que apenas se utilizan en la empresa española.

Muchos sociólogos culpan de esta situación a la cultura católica que, conscientes o no, albergan los españoles. En confrontación, la protestante cuestiona los dogmas establecidos, alaba el trabajo y la riqueza con él obtenido, y busca mediante la ciencia las respuestas lógicas de lo que nos rodea. No sé si la pasividad, el miedo o si las ideas que conciben al patrón como usurero, provienen de nuestro bagaje cultural, en cualquier caso son muchos los obstáculos mentales que tanto empleadores como empleados deben superar para generar el escenario adecuado que afronte la actual crisis con ciertas garantías de éxito.

Carlos Loring Rubio

Abogado

CARLOS LORING es licenciado en Derecho, diplomado en Gestión Empresarial, y MBA en e-Business por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE)

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios