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Mi Mona Lisa se llama Giovanna Tornabuoni

Pedro González-Trevijano
viernes 02 de julio de 2010, 18:34h
Se habla mucho, y no sin razón, de la belleza enigmática de Mona Lisa, seguramente el retrato femenino más conocido de la historia de la pintura. Y no le faltan méritos a la enigmática dama de Leonardo Da Vinci. Aunque para mí, puestos a escoger, me quedo con el de la bellísima Giovanna degli Albizzi Tornabuoni del también florentino Domenico Ghirlandaio realizado entre los años 1489 y 1490. En mi opinión, además, una de las indiscutibles joyas de la pintura de Maestros Antiguos del Museo Thyssen-Bornemisza. No sabemos, con total certeza, cuál era el aspecto físico de la retratada -por más que debiera ser, a la vista del lienzo, muy hermosa-, y menos su personalidad; pero de dar crédito a la leyenda recogida al fondo de la tabla, a la izquierda sobre una superficie blanca -“¡Ojala pudiera el arte reproducir el carácter y el espíritu! En toda la tierra no se encontraría un cuadro más hermoso”, sería extraordinaria. Una obra que justifica, con creces, la Exposición que organiza el Palacio de Vistahermosa con el orientativo título . Obra adquirida -antes había pertenecido a la colección del ávido JP Morgan- por el barón Thyssen en 1935.

Una ocasión pues única para deambular por las mejores manifestaciones del atrayente Quttrocento florentino. En ella se dan cabida los más destacados artistas de la época, con especial atención a sus dos nombres señeros. Me refiero, por supuesto, al mentado Ghirlandaio y al admirable Botticelli (Perfil de una mujer), a quienes acompañan los Pietro Perugino (Cabeza de un joven con bonete), Andrea del Verrocchio (<>Cabeza de mujer), Piero del Pollaiuolo (Retrato de una mujer), Cosimo Roselli (La lamentación sobre Cristo muerto), Piero de Cosimo (San Jerónimo penitente), Filippo Lippi (La Virgen y el Niño y María Magdalena penitente adorando la Cruz en un paisaje rocoso), Filippino Lippi (La Anunciación), etc. No importa, ¡claro qué no en este caso!, que las más modernas técnicas de los rayos x, la fotografía ultravioleta y la reflectografía infrarroja, nos permitan vislumbrar indecentemente las costuras de la obra. Hasta son bellos sus retoques, arrepentimientos, cambios, y sus manchas moradas del cuello.

El poder y el arte, el arte y el poder, así como el amor y la religión, la religión y el amor, han caminado siempre -Ghirlandaio había ofrecido sus servicios a los poderosos Medici y a los Tornabuoni- cogidos de la mano. Una realidad que atestigua el retrato, en su momento situado en el dormitorio conyugal, de la joven esposa de Lorenzo Tornabuoni, fallecida prematuramente a causa de su segundo parto. Un retrato referencial de la vida y costumbres de la pujante y acaudalada burguesía florentina. No en vano el marido de la retratada era hijo de Giovanni di Francesco Tornabuoni, gentil y rico hombre florentino, al frente de la banca Medici en Roma. En reiterado cuadro se pueden ver, de esta suerte, las monedas que refrendaron el enlace matrimonial.

Pero no quedan aquí los hallazgos. Junto al reseñado retrato se muestra otra obra maestra, está sí también de verdad, del mismo Ghirlandaio. Me estoy refiriendo a la Adoración de los Reyes Magos, que nos llega desde la Galería de los Uffici. Sin olvidar las cerca de sesenta obras -también hay que destacar del mismo autor Retrato de una joven y Retrato de un joven- de las más distintas técnicas artísticas: pinturas, dibujos, medallones, esculturas y objetos del Renacimiento italiano.

El trabajado lienzo sintetiza a la perfección las esperadas medidas geométricas de belleza femenina, que en su momento preocupaban tanto a los artistas del Renacimiento, con el hálito vital que el genial Ghirlandaio fue capaz de retratar. Ni más ni menos que el alma de la Tornabuoni. Un espíritu que va más allá, pues política, matrimonio y religión -el cuadro recoge un libro de horas a en la parte derecha- se abrazan de forma indisoluble, más allá de la atropellada apariencia de un mero retrato mundano. La Tornabuni respira así simultáneamente serenidad, templanza y recato.

En resumen, tenía razón Vasari en su Vida de grandes artistas, cuando señalaba que “Domenico de Tomaso Bigordi era considerado como uno de los más grandes maestros por toda Italia.” Ghirlandaio fue un gran dominador de la técnica al fresco y hasta de la orfebrería. Y gran conocedor además de la pintura de los antiguos y del arte flamenco. El mentado retrato de la bella Giovanna del maestro de Miguel Ángel, así como la maravillosa pintura de La vida de María en la Iglesia de Santa María Novella en Florencia, nos lo confirma. Este último nos obliga desplazarnos a Florencia, pero el primero nos está esperando en la capital de España. No perdamos la ocasión de verlo.

Pedro González-Trevijano

Catedrático de Derecho Constitucional

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