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Se consolida un peligroso populismo en España

Juan Velarde Fuertes
martes 06 de julio de 2010, 18:42h
Cuando se estudian las causas de esa fuerte crisis que ha tenido en el siglo XX un avance que parecía inexorable en Iberoamérica –comenzando por un excelente ensayo de Bourricaud sobre Haya de la Torre y todo lo que se derivó de su populismo para Perú , todos los expertos mencionan la consolidación de este talante político que va desde el PRI mexicano al peronismo argentino, pasando por el APRA peruano, por Chávez en Venezuela o por el sandinismo en Nicaragua, con extremos tan considerables como los de Allende en Chile o Castro en Cuba. La alianza con el estructuralismo económico latinoamericano, concluyó por fraguar un enlace pseudocientífico peligrosísimo. Aparentemente tenía un punto de apoyo en el mundo de los economistas. De ahí saltó a movimientos como Cristianos por el socialismo y, desde luego, a la Teología de la Liberación.

El reciente fallecimiento del sacerdote Díez Alegría nos hizo recordar a muchos estos enlaces y, también, sus consecuencias, por cierto nada favorables para los más desheredados. Toda una línea doctrinal, empapada de lo que denominó con acierto Karl Popper, “La pobreza del historicismo” ya en 1944, vertía sus aguas en ese Mar Muerto de los diversos populismos. Precisamente Alemania logró alcanzar su prosperidad tras la II Guerra Mundial superando el concepto de “Welfare State”, del Estado del Bienestar, que tenía evidentes raíces en el socialismo de cátedra y en ese historicismo, reforzado a través del Keynes del famoso prólogo a la edición alemana de la “Teoría General”, en 1936, elogiosa del Estado totalitario. Lo dejó claro Ludwig Erhard en el capítulo 12 de su obra “Prosperity Through Competition”, con frases como ésta: “La protección obligatoria del Estado no debe acudir donde el individuo está en posición de proveer para sí mismo y para su familia gracias a su propia responsabilidad”. Por eso ahora, insignes investigadores iberoamericanos, al inclinarse sobre nuestra realidad, exclaman: ¡Pero si esto es algo ya conocido! Mauricio Rojas, el chileno que mejor ha entendido, e incluso participado como diputado en el cambio de rumbo de Suecia, acaba de señalar en el Campus FAES 2010: “¡Pero si el Estado del Bienestar que se defiende hoy en España es más populista que el chavismo o el peronismo!”. Quienes le oíamos, recordamos de inmediato aquella frase crítica del economista sueco Lindbeck pronunciada en Madrid: “El Estado de Bienestar tiene un lema: «Siempre más; nunca bastante»”. Y López-Murphy, que fue ministro de Economía de Argentina y tuvo que combatir al populismo, aunque acabó derrotado, también en ese Campus FAES, a la vista de los malos resultados que se derivan de las políticas populistas europeas, entre los que han ido en cabeza Portugal, Grecia y España, y en algún grado Italia e Irlanda, tituló su intervención “Crisis financiera y de la deuda, ¿una latinoamericanización de Europa?” Ese sendero que desde 1917, ampliándose en círculos concéntricos, arruinó a Iberoamérica, ¿se va a instalar en España? Es lo que parece, sobre todo gracias a los mensajes del actual Gobierno, de sus aliados sindicales y de sus intelectuales vinculados, por ejemplo, a la Fundación Ideas. Sus riesgos se encuentran precisamente en que, aparentemente proceden de planteamientos muy simpáticos. Por ejemplo muchísimos no ven con buenos ojos la institución del copago, y no digamos un replanteamiento de las pensiones, y muchos más consideran que es lógico que los salarios sean rígidos a la baja, y que existan dificultades múltiples para el despido, y que el salarios mínimo sea, como proclamaba un cartel en la sede ovetense de UGT, de mil euros. Los amparos recibidos por los huelguistas del Metro de Madrid, y los argumentos que han esgrimido, están precisamente en esa peligrosa línea.

Si el pueblo español, y sus dirigentes políticos no entienden que por ahí se va a una ruina forzosa y permanente, España entrará, de nuevo, como le ocurrió a partir de comienzos del siglo XVII, en un larguísimo proceso de decadencia. Y hacia él lo empujaron, como sucede con todos los populismos, los demagogos. No es posible olvidar lo que sostiene en su “Prólogo para franceses” José Ortega y Gasset, como añadido a su gran obra, “La revolución de las masas”. Gracias a su aportación queda claro que la primera condición para salir de una situación comprometida –y la actual lo es “es hacerse bien cargo de su enorme dificultad. Sólo esto nos llevará a atacar el mal en los estratos hondos donde verdaderamente se origina. Es, en efecto, muy difícil salvar una civilización cuando le ha llegado la hora de caer bajo el poder de los demagogos. Los demagogos han sido los grandes estranguladores de civilizaciones”. Por tanto, la amenaza para Europa y su civilización, y, desde luego, para España, es bien clara.

Juan Velarde Fuertes

Economista

Juan Velarde Fuertes es catedrático emérito de Economía

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